Cuando yo era chica conocí a tres abuelos, dos abuelas y un abuelo.
Abuelos y nietos: encuentro de generaciones
Cuando yo era chica conocí a tres abuelos, dos abuelas y un abuelo.
Del padre de mi padre no tenía recuerdos directos porque murió cuando mi padre era niño. Pero siempre estaba presente por los cuentos de mi papá como un gallego aguerrido, que llegó de la península sin nada en las manos y llegó a ser dueño de un comercio.
A ninguno de mis abuelos los recuerdo en una relación cómplice como los abuelos y abuelas de mis compañeros de escuela: no me hacían muchos regalos, ni me llevaban de paseo, ni me hacían la leche… pero sí recuerdo el rico olor de las tortas fritas que me hacía la abuela Anita apenas el cielo se cubría de nubes.
El abuelo Jorge no era muy cariñoso y parecía que no prestaba mucha atención a ninguno de los 34 nietos.
Lo cierto es que de niña aprendí que no hay una sola manera de ser abuela o abuelo, que hay abuelos simpáticos, cómplices, autoritarios, defensores, inexistentes …¡ qué se yo!.. tantos como abuelos y abuelas.
Cada uno venía con su historia, y generaba una relación diferente con cada uno de los nietos.
Pero lo cierto es que esta relación especial que se da entre abuelos y nietos, genera un encuentro vital entre las tres generaciones que involucra que perdura toda la vida.
Los tiempos que vivimos, los diversos modelos de familias, el mayor número de separaciones, y familias agrupadas - en los míos, los tuyos y los nuestros -hace que las cosas cambien y que los abuelos se conviertan en referencia de familia original.
A veces se los idealiza, quizás por la menor presencia de madres y padres en los hogares que hace que la primera generación ofrezca mayor estabilidad y referencia.
Pero eso a veces hace que se carguen con tareas y responsabilidades que no le son propias.
Hay que defender que los abuelos sigan siendo abuelos, y las abuelas malcríen a los nietos. Que les compren los chocolates que las madres no compran por cuidar los dientes y los lleven donde los padres y madres no pueden por falta de tiempo.
Hay que preservar a estas personas mayores que sean felices y que disfruten de sus nietos en los ratos libres que tengan de sus actividades sin importar la cantidad de arrugas, ni las canas… siempre que tengan cuentos que contar.
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