Un mes después de las grandes tormentas que azotaron el noroeste de Europa e inundaron valles densamente poblados, los pobladores belgas afectados continúan conmocionados
Un mes después, belgas víctimas de inundaciones continúan traumatizados
Un mes después de las grandes tormentas que azotaron el noroeste de Europa e inundaron valles densamente poblados, los pobladores belgas afectados continúan conmocionados
El gobierno de Valonia (norte) recaudó 155.000 toneladas de escombros, pero poblados industriales de esta zona del norte de Bélgica siguen atascados con vehículos aplastados, árboles arrancados y muebles arruinados.
En todo el mundo, julio fue el mes más cálido del que se tiene registro, según científicos estadounidenses, y el último informe de la ONU sobre la crisis climática pronostica lluvias más intensas para el norte de Europa.
Lo que esto significa para muchas comunidades ya está a la vista en el valle de Vesdre, donde un mes después de las inundaciones, los soldados aún llevan alimentos a decenas de pobladores que quedaron sin vivienda.
Equipos municipales y contratistas apuntalan las márgenes de ríos y diques mientras grandes camiones recogen restos enmarañados y grupos de voluntarios renunciaron a sus vacaciones de verano para apoyar las tareas.
La solidaridad de los voluntarios, que sacan lodo de escuelas empapadas semanas antes del regreso de las clases, ha sido un aliciente para los pobladores de la orilla del río.
Pero el choque del 15 de julio no se ha ido, y tanto pobladores como expertos coinciden en que tomará años restaurar la vida en el valle.
Monique Roland, de 79 años, esperaba vender su apartamento en un tercer piso, pero los pisos bajos quedaron arruinados, no tiene calefacción y las obras de reconstrucción tardarán meses.
"Para mí fue el fin del mundo, una bomba (...) Desde entonces he tenido una pequeña depresión, estoy deshecha", contó a la AFP mientras comía un plato de pasta junto a sus vecinos.
Charles Clessens, un trabajador jubilado de las telecomunicaciones, vio cuando la calle frente a su casa se sumergió en el río Vesdre y una pared de agua de tres metros inundó su casa.
Su familia logró escapar por el jardín trasero y algunos nadaron hacia las casa de un vecino que los ayudó a ponerse a salvo.
Clessens está de vuelta en su casa, pero sus perros están traumatizados, sus paredes cubiertas de moho y muchos de sus muebles quedaron arruinados.
El hombre de 74 años insiste en que estará bien, pero reconoce tener dificultades para dormir.
"Yo no estaba particularmente asustado al día siguiente (de la inundación), pero ya han pasado 30 días. El choque llegó después de unos días, siento especialmente cansancio", comentó. "Duermo una hora y me despierto".
Los jubilados enfrentan un futuro incierto, pero para los pobladores jóvenes de Trooz, hay un desafío inmediato.
Las escuelas belgas deben reabrir el 1 de setiembre, después de las vacaciones veraniegas en tres semanas, y la Escuela Libre de Fraipont, a orillas del Vesdre, no está en condiciones de ser utilizada.
Voluntarios organizados por los servicios sociales de la localidad de Soignies, a 100 km de distancia, lavan un salón principal y un equipo de otra escuela de Flandes (sur) saca el barro de un aula.
El río de apariencia tranquila fluye cerca del sitio, pero Robert Serrurier, miembro del comité organizador de la escuela, dice que nunca vio una inundación igual.
"Ya se ha hecho una cantidad enorme de trabajo, pero el problema es el plazo del 1 de setiembre. Queda mucho por hacer, no será fácil", reconoció.
A su espalda, un montón de madera mojada es lo que quedó de los pisos arrancados de una aula arruinada. Serrurier recuerda la escena cuando los organizadores de la escuela llegaron tras los informes de inundaciones.
"Fue el día 15 cuando supimos de la inundación, pero no sabíamos la magnitud", recordó. "Llegamos aquí con una esponja y un balde y vimos que era ridículo porque se necesitaba una excavadora".
dc/del/har/mas/me
FUENTE: AFP
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