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Tras los pasos del luchador Mijaín López, el gigante de Herradura

En Herradura, el terruño del luchador Mijaín López en el oeste de Cuba, nadie, ni siquiera su rottweiler bautizado como Trump, duda que esta mole de músculo y casi dos metros regrese de Tokio bañado en oro y con su cuarto título olímpico.

En Herradura, el terruño del luchador Mijaín López en el oeste de Cuba, nadie, ni siquiera su rottweiler bautizado como Trump, duda que esta mole de músculo y casi dos metros regrese de Tokio bañado en oro y con su cuarto título olímpico.

"El pueblo de Herradura, el pueblo de Cuba, tiene que estar consciente de que esa medalla viene para acá", declara resuelto a la AFP su padre, Timoteo Bartolo López, en el patio de la casa que el luchador construyó a unos 50 metros de la de sus padres en este pueblo rural, 114 km al oeste de La Habana.

Hace un lustro en Río, Mijaín entró al selecto club de seis gladiadores con tres títulos en más de 100 años de lucha olímpica, entre ellos el ruso Alexander Karelin. Ahora, con 38 años y al cierre de una carrera deportiva de casi tres décadas, el cubano intentará destronarlo colgándose un cuarto, una hazaña inédita.

En el patio de la casa, sin paredes y techo de hojas de palma, donde la familia festeja unida cada victoria de "el purro" (niño fortachón), como le apodan, su madre Leonor Núñez asegura que "Mijaín tiene tantos deseos de alcanzar esa medalla como la primera que ganó en Pekín-2008".

"No tengo preocupación porque la fuerza está en el deseo, y lo hallo con fuerza, mente positiva y deseo", agrega Núñez, de 62 años.

- Filosofía de campeón -

Para preservarlo de cara a Tokio y teniendo en cuenta su alta maestría, sus entrenadores trazaron hace algunos años la estrategia de llevarlo sólo a una lid anual y no compite desde los Panamericanos de Lima-2019.

Sin embargo, exhibe "una notable forma física y deportiva". Casi le ha ganado la pelea a su eterno rival: la báscula, pues está "muy cerca de su peso de competencia (130 kilos)", explicó el jefe de entrenadores de lucha grecorromana, Raúl Trujillo.

"Está en mis manos y en mis entrenadores lograr ese objetivo", declaró Mijaín a la televisión cubana, antes de viajar a una base de entrenamiento en Bulgaria.

Entonces reveló su filosofía triunfadora: "mis padres me han llevado a esa mentalidad (...) tan sencilla de que todo lo que quieras lograr en la vida solamente depende de todo lo que tú te esfuerces".

Ese espíritu comenzó a forjarse en montes que rodean a Herradura, donde Mijaín curtió sus músculos desde niño corriendo detrás de los animales y cargando cajas de frutas y tubérculos.

Siempre quiso "ser forzú (forzudo)" y "hasta recolectando latas de café quería ser el primero", cuenta Núñez.

- "Pártelo como un lápiz" -

Al deporte llegó de la mano de sus hermanos Misael y Michel, que practicaron remo y boxeo, e intentaron animarlo a subir al ring, pero con 10 años Mijaín descubrió su pasión por la lucha.

"En cuanto lo vio un profesor de lucha llamado Sergio (Soto) lo captó", precisa la madre.

Era un niño "malcriado, gruñón y guapetón (busca pleitos)", explica Michel, que ganó el bronce en boxeo en Atenas-2004, donde Mijaín quedó quinto.

De su férrea voluntad y carácter jovial dan fe amigos de la infancia, con quienes suele reunirse y compartir unos tragos cuando viaja a Herradura. Entrena y vive en La Habana con su esposa y sus dos hijos.

"Era el que más voluntad tenía y era muy agresivo sobre las colchonetas", recuerda el carpintero Michel Soto, de 39 años.

"Mijaín es muy jodedor (bromista). Era el más grande y nos cuidaba", agrega el agricultor Endys Lázaro (38).

Pero con 13 años, su carrera estuvo a punto de malograrse, cuando su padre le ordenó dejar el deporte por una doble fractura de tibia y peroné durante una competición.

"¡Qué error iba a cometer!", admite Timoteo.

Tras recuperarse, Mijaín participó en unos juegos escolares en Colombia, ganando dos medallas de oro y dos de plata.

"Ahí las tengo en mi vitrina", dice su madre señalando una pared de su casa tapizada con medallas de su benjamín. "Son incontables", apunta orgullosa.

Mijaín, que ingresó a la selección cubana con 17 años, podría volver a medir en Tokio al turco Rizaa Kayaalp, número uno del ranking mundial.

Se han enfrentado seis veces, con ventaja para el cubano de cuatro peleas, incluidas las finales de Londres-2012 y de Río-2016.

Antes del último combate, que lo elevó a los altares de la lucha, pidió instrucciones a su madre. "Le dije 'pártelo como un lápiz' y de verdad que fue lo que hizo", recuerda Núñez.

¿Y en Japón? "No sé quién caerá reventado, pero sé que a Mijaín no le gusta ni la plata ni el bronce", precisa. Desde un rincón, el agresivo Trump, que custodia la casa del luchador, ladra con aprobación.

rd/lp/ol

FUENTE: AFP

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