Cerca de los 60 años, el argentino Santiago Lange, oro en Rio-2016 en catamarán nacra, superó un cáncer y disputa en Tokio sus séptimos Juegos Olímpicos, en los que tuvo el honor de desfilar como abanderado en la ceremonia de inauguración.
Santiago Lange, abanderado de Argentina y de la esperanza
Cerca de los 60 años, el argentino Santiago Lange, oro en Rio-2016 en catamarán nacra, superó un cáncer y disputa en Tokio sus séptimos Juegos Olímpicos, en los que tuvo el honor de desfilar como abanderado en la ceremonia de inauguración.
Algunos de sus adversarios podrían ser sus nietos. Su compañera en el agua, Cecilia Carranza Saroli, nacida en 1986 en Rosario, es 25 años más joven.
Pero al nativo de San Isidoro, al norte de Buenos Aires, no le importa. Saborea su séptima participación tras haber debutado en Seúl-1988. Luego fue bronce en catamarán tornado en Atenas-2004 y Pekín-2008, antes de conseguir el oro en Brasil.
En Enoshima, a 50 kilómetros de Tokio, el dúo argentino está clasificado para la final (medal race), reservada a los diez primeros de la clasificación y programado para el martes, pero sin esperanzas de medalla tras las regatas disputadas este domingo. En la víspera, Carranza Seroli sufrió una lesión de espalda.
Lange, admirador del suizo Roger Federer y de su compatriota Lionel Messi, reconoce haber dudado, cuando los Juegos se aplazaron un año debido a la pandemia de covid-19. "Es un poco como cuando corres un maratón, que estás en el kilómetro 32 y todavía te quedan diez", dijo.
"Estábamos preparados para 2020. Y de repente tuvimos que sumar un año. Fue muy duro. La decisión de continuar no fue fácil", explicó.
"Pero habíamos soñado y habíamos trabajado muy duro durante cuatro años, por lo que decidimos continuar", añadió.
Además como colofón el argentino fue nombrado junto con su compañera abanderados albicelestes en el Estadio Olímpico de Tokio.
"Fue un gran honor y un gran reconocimiento. Cuando lo supe, llamé a todos los que habían contribuido, mis entrenadores, mis hijos, mi familia, mis amigos..."
Antes, el privilegio de liderar a la delegación argentina en la ceremonia de apertura de los Juegos fue para "deportistas increíbles, como Carlos Espínola, mi compañero en Atenas y Pekín",
Medalla de plata en la clase mistral (windsurf) en Atlanta-1996 y Sídney-2000, Espínola fue capaz de ganar dos veces el bronce en otra serie, tornado, el catamarán doble.
"Además de ser un gran amigo, gracias a él estoy hoy aquí, me ha enseñado mucho", añadió Lange.
El regatista también se acordó de Gabriela Sabatini, "una gran amiga", vencedora del US Open en 1990 y abanderada argentina en los Juegos de Seúl-1988, donde fue subcampeona tras perder con Steffi Graf, en el regreso del tenis al programa olímpico.
Recuperado de un cáncer de pulmón solo unos meses antes de competir y ganar en Rio, no tiene dudas cuando se le pregunta por su afición: "¡Vivir!".
Y viendo la manera en la que disfruta hablando con los periodistas tras agotadoras jornadas de regatas en Enoshima (cerca de 35 grados y más del 90% de humedad), su alegría de vivir es contagiosa.
ebe/pm/psr
FUENTE: AFP
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