Redes en la sombra ayudan a los soldados birmanos a desertar

Nunca se han conocido, se comunican bajo una falsa identidad y nunca muestran su rostro. Desde las sombras, jóvenes avezados a la mensajería encriptada ayudan a los soldados birmanos a desertar en un voluntarioso intento de debilitar el poderoso ejército golpista.

Nunca se han conocido, se comunican bajo una falsa identidad y nunca muestran su rostro. Desde las sombras, jóvenes avezados a la mensajería encriptada ayudan a los soldados birmanos a desertar en un voluntarioso intento de debilitar el poderoso ejército golpista.

Una mañana de abril, mientras los generales reprimían con sangre las manifestaciones contra el golpe ocurrido dos meses antes, el sargento Zay Ya burló la vigilancia de los guardias y escapó de su base cerca de Rangún para dejar atrás ocho años uniformado.

El militar preparó su fuga concienzudamente. Durante semanas estuvo en contacto a través de un servicio de mensajería encriptada con Objetivo Pueblo, una red de soldados sediciosos y jóvenes civiles que se unió a la resistencia.

La organización le procuró un vehículo. 24 horas más tarde llegaron a una zona cerca de la frontera tailandesa controlada por una etnia rebelde en lucha contra el régimen.

"Estoy aliviado. Estaba indignado por la violencia de los soldados. Me siento culpable de formar parte de esto", explicó a AFP Zay Ya, cuyo nombre fue cambiado por razones de seguridad.

Objetivo Pueblo (Pyithu Pandaing en birmano) afirma haber acompañado a "varios cientos" de desertores.

La red aporta una ayuda financiera y logística. Organiza también discusiones abiertas en Facebook y Zoom donde intenta convencer a potenciales candidatos. Después, todo funciona por mensaje encriptados.

- Resistencia pacífica -

"Es una resistencia sin derramamiento de sangre", explica el excapitán Nyi Thuta, fundador de la asociación.

Dedicado a escribir los discursos del jefe de la junta Min Aung Hlaing, este oficial fue uno de los primeros en huir después del golpe y en condenar públicamente la represión.

Desde febrero de 2021, más de 1.500 civiles murieron y varios cientos de miles fueron desplazados, según Naciones Unidas, que investiga la comisión de posibles crímenes contra la humanidad.

"La junta se muestra cada vez más amenazante para impedir las deserciones. Los soldados tienen mucho miedo de dar el paso", explica Nyi Thuta. "Estamos allí para tranquilizarlos, decirles que sabemos hasta qué punto es difícil", añade.

Antes de ser exfiltrado, el militar debe demostrar su honestidad. Hay que asegurarse que "no es un espía al servicio del régimen", explica Emily, de otra red de ayuda a desertores, Pyithu Yin Kwin (Abrazar la Causa del Pueblo).

El proceso de verificación puede alargarse varios días. Hla Min Kyaw, que estuvo diez años en la Marina, recuerda "haberse sometido a una batería de preguntas".

- "Soldados sandía" -

Estas organizaciones cuentan con militares en las filas del ejército como informantes.

"Nos ayudan a verificar el perfil de un candidato. Los llamamos +soldados sandía+", explica Emily, puesto que el verde de su uniforme esconde el rojo de su interior, el color vinculado a la democracia y al partido de la dirigente civil derrocada Aung San Suu Kyi.

Una vez el proceso es validado, el desertor recibe un número, un "carnet de identidad numérico", que facilitará su reinserción entre los rebeldes del norte, el este o el oeste del país.

Las organizaciones, financiadas en gran parte por donaciones del extranjero, los ayudan a alojarse y a obtener productos de primera necesidad.

"Hemos creado una clínica y una escuela para sus hijos", explica Emily.

Algunos participan en los enfrentamientos y entrenan en el manejo de las armas a los civiles que han huido a las zonas rurales. Otros prefieren dejar la lucha y olvidar.

Incluso si no son de nuestra etnia, "los acogemos porque luchamos por la libertad de todos", dice Padoh Saw Thamain Tun, de la Unión Nacional Karen, cuyo brazo armada lucha esporádicamente con los militares.

- Décadas de prisión -

El camino de la deserción implica un riesgo inmenso: condenas a decenas de años de cárcel hasta la pena capital.

También se presiona al entorno del desertor. La familia del sargento Zay Ya ha sido "acosada". "Para protegerse, mis padres tuvieron que repudiarme y escribir en un diario oficial que ya no era su hijo", cuenta.

El régimen no comenta esta cuestión. Pero en días recientes, el jefe de la junta llamó a los soldados a estar "orgullosos de cumplir su deber" y a continuar "obedeciendo las órdenes".

Según el gobierno de unidad nacional, un órgano fantasma que gestiona la oposición, alrededor de 2.000 soldados dejaron el ejército. Objetivo Pueblo cree que es un número "probablemente subestimado" porque "algunos desertan sin avisar a nadie".

Estos datos, imposibles de verificar, hacen pensar en que es un flujo limitado.

"Las deserciones no tienen por ahora impacto significativo en la fuerza de combate del ejército" y sus alrededor de 350.000 miembros, comenta Richard Horsey de International Crisis Group.

De todos modos, el régimen se las toma con seriedad porque "minan la moral de las tropas y pueden dificultar el alistamiento".

Escondida detrás de su ordenador, Emily cree en su éxito. "La deserción incluso de un solo cocinero es una victoria. Un soldado que deserta es una vida salvada en el terreno", afirma.

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FUENTE: AFP

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