La Unión Europea (UE) presenta este miércoles las bases de un ambicioso plan para alcanzar el objetivo de la neutralidad de carbono para 2050, que podría desatar un enfrentamiento de gigantes con la industria de automóviles a combustión.
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La Unión Europea presenta las bases de su ambiciosa transformación verde
La Unión Europea (UE) presenta este miércoles las bases de un ambicioso plan para alcanzar el objetivo de la neutralidad de carbono para 2050, que podría desatar un enfrentamiento de gigantes con la industria de automóviles a combustión.
Una docena de borradores de textos legales se proponen transformar la economía europea y retirarla de la dependencia de los combustibles fósiles para conducirla a un mundo de baja contaminación y transporte a batería.
Se trata del marco legal con que la UE pretende alcanzar la ambiciosa meta de reducir en un 55% sus emisiones de carbono para el año 2030, y alcanzar la neutralidad dos décadas más tarde.
Elaborado por la Comisión Europea, el enorme plan prohíbe de hecho la venta de automóviles con motor de combustión interna (ya sean a gasolina o diésel) a partir de 2035, una de las medidas más ambiciosas y que genera más preocupaciones.
Las propuestas, que serán anunciadas por Frans Timmermans, responsable del programa ambiental de la Comisión, también buscan dar nueva vida al Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (RCDE).
El RCDE es el pilar central de la nueva política europea, ya que esas empresas que lo utilizan representan el 40% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea.
Por el nuevo marco a ser anunciado, la RCDE reducirá progresivamente el otorgamiento de las cuotas gratuitas de emisión hasta el año 2036.
Originalmente, esas cuotas gratuitas son otorgadas a productores con sede en la UE para ayudarlos a competir con importaciones más baratas y menos reguladas.
Además, algunas importaciones (como las de productos de acero, y cemento) pasarían a estar gradualmente sometidas a las reglas de la RCDE, mediante la compra de los "certificados de emisión".
Con estas medidas, la Unión Europea espera poder aportar anualmente unos 14.000 millones de euros (más de 16.000 millones de dólares) al presupuesto.
La Comisión desea también extender el alcance del RCDE al transporte marítimo y de carreteras, así como al enorme mercado de calefacción de viviendas (que en muchos lugares de Europa funciona con combustible).
Una vez anunciadas, las leyes tendrán que abrirse camino mediante una negociación entre el Parlamento Europeo y los 27 Estados miembros del bloque, en medio de la acción frenética de grupos de cabildeo y ambientalistas.
En el grupo de propuestas, a las que la AFP tuvo acceso, se incluye también una que implementa un impuesto al queroseno de aviación para los vuelos dentro del bloque, una idea que encendió las alarmas en las empresas aéreas.
El proyecto generó divisiones visibles dentro de las instituciones europeas, pero la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, confirmó el martes que el proceso será puesto en marcha.
Para el eurolegislador francés Pascal Canfin, de la comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo, se trata de un "paquete histórico" que tendrá un impacto en el modelo económico de las industrias y las forzará a adoptar tecnologías limpias.
No obstante, Canfin advirtió sobre los efectos sociales prácticos de estas medidas.
El costo político podría ser "extremadamente alto para una ganancia climática muy baja" en caso que haya descontento, dijo.
En este sentido, la oenegé Action Climat apuntó que el fondo de acción social previsto para mitigar los problemas resultará insuficiente.
Quienes no tengan acceso a alternativas de bajo carbono "resultarán penalizados", advirtió.
Las divisiones en el seno de la Comisión Europea, en tanto, habrían surgido al tratar temas especialmente sensibles, como las medidas para imponer combustibles sostenibles y probablemente más costosos en sectores públicos como el transporte, la calefacción y la refrigeración, así como la construcción.
Otra gran batalla vendrá de las aerolíneas por la decisión de gravar el queroseno en los viajes dentro del bloque. Países que dependen del turismo, como España, Portugal y Grecia, no esconden su preocupación por la propuesta.
Los Estados miembros principalmente orientales, como Polonia, que dependen del carbón, también deberán resistirse a metas más estrictas de reducción de emisiones, mientras que los ambientalistas no están convencidos del alcance de los planes para promover 'sumideros de carbono' naturales, como los bosques.
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FUENTE: AFP
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