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La política y la Copa del Mundo II: cuando los conflictos se colaron en el deporte

El deporte derrotó al apartheid en los mundiales en Sudáfrica. Los conflictos de Medio Oriente. Chile y el "partido fantasma" ante la URSS.

Para Nelson Mandela el Mundial de Rugby del 95 era una oportunidad para unir a los sudafricanos detrás de un sentimiento común, en busca de la reconciliación social tras décadas de discriminación racial contra la población negra.

Mandela también fue la cara del Mundial 2010, donde Sudáfrica y FIFA cerraron un ciclo que se inició en 1964, con la suspensión de la Federación Sudafricana por sus políticas racistas, hasta la expulsión en 1976. Con el desmantelamiento jurídico del apartheid en marcha en 1992 Sudáfrica volvió, pasando por su debut mundialista en el 98 y alcanzando el honor de ser el primer país africano en organizar el torneo.

FIFA también aplicó su diplomacia con Israel, selección que compite por fuera de la geografía de las confederaciones. En las eliminatorias para Suecia 58 Turquía, Egipto, Indonesia y Sudán se negaron a jugar por motivos políticos, con el antecedente fresco de la guerra del Sinaí.

Antes y después de aquel intento fallido Israel jugó entre los europeos, salvo entre las década del 70 y 90, cuando lo hizo con selecciones de Oceanía y algunas asiáticas. Solo clasificó a México 70, donde debutó con derrota 2 a 0 ante Uruguay.

El fútbol como herramienta de acercamiento fracasó hasta ahora en la delicada situación política entre Israel y Palestina, donde FIFA se declaró neutral en reclamos cruzados entre ambas federaciones, en situaciones con trasfondo político.

Por el contrario FIFA exhibe como un logro el EEUU-Irán de Francia 98. El sorteo cruzó a los equipos de dos países enemistados desde 1979. En la cancha reinó la paz y el 21 de junio fue declarado día del Fair Play.

Otros conflictos también se colaron en la Copa del Mundo. Chile y Unión Soviética se cruzaron por un lugar en el mundial 74 Dos semanas después del golpe contra Allende. Los chilenos viajaron a Moscú temerosos por sus familiares bajo vigilancia del régimen y bajo amenaza de los militares de no hablar de política. Tras el 0 a 0 de ida los soviéticos pidieron a FIFA no jugar en Santiago por motivos de seguridad. Como no hubo cambios se negaron a viajar.

Chile clasificó, pero al equipo lo hicieron jugar sin rival en la cancha del Estadio Nacional, donde funcionaba un centro clandestino de tortura y detención, supuestamente por orden de FIFA. Carlos Caszely, cuya madre sería torturada por el régimen de Pinochet, describió aquella parodia de partido como “el teatro del absurdo”.

Los argentinos llegaron al mundial de España 82 con la Guerra de las Malvinas en marcha. La rendición se anunció dos días después del debut, donde Argentina cayó ante Bélgica.

El destino cruzó a Argentina e Inglaterra cuatro años después. Desde Bilardo hacia abajo todos declararon que la política no tenía nada que ver con el partido. Pero en testimonios posteriores los jugadores admitieron que el clima previo fue distinto y sintieron la obligación de ganar como fuera…

Pero a veces el interés del poder político y la multinacional del fútbol no coinciden, sobre todo cuando se imponen otras urgencias sociales y económicas.

Inicialmente el Mundial 86 se iba a jugar en Colombia. Pero en octubre del 82 el país renunció a la candidatura. Según el presidente Belisario Betancur: "tenemos muchas cosas que hacer y no hay tiempo para atender las extravagancias de la FIFA y sus socios". El gobierno rechazó usar el presupuesto para financiar las obras de un torneo que pasó de 16 a 24 equipos. Las empresas en la Corporación Colombia-86 tampoco asumieron el riesgo.

Brasil sí aceptó el desafío para 2014. Pero en paralelo a la millonaria inversión para los torneos estalló el descontento en las calles por el costo y calidad de servicios como el transporte público, manifestado con el abucheo público a Dilma Rouseff y Blatter en Brasilia en la apertura de la Copa Confederaciones 2013.

En julio de 2014, tres meses antes de ser reelecta, Dilma fue la segunda mujer en la historia y la primera en calidad de presidenta electa, en entregar la Copa del Mundo al campeón.

Sin embargo las protestas nacidas en los meses pre-mundial y las investigaciones sobre corrupción en las obras de varios estadios mundialistas alimentaron una crisis política que aún persiste en Brasil y que terminó arrastrando a su segundo gobierno.

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