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La historia de las gemelas trans brasileñas que pasaron por una cirugía de reasignación de sexo

Mayla y Sofía se realizaron juntas una cirugía de reasignación de sexo, en un caso que según los médicos es único en el mundo.

Desde niñas, Mayla y Sofia se preguntaban por qué nacieron con órganos genitales masculinos. Ahora, a sus 19 años, se recuperan juntas de una exitosa cirugía de reasignación de sexo.

"No sentí dolor, solo incomodidad debido a la sonda y los puntos abajo que cuando me siento, todavía me duelen. Pero solo por los puntos, porque todavía tengo muchos puntos. Pero todo tranquilo, fue un alivio quitarme esa sonda. Y estoy muy satisfecha con el resultado de mi cirugía también", dice Mayla Rezende.

Las operaciones, de casi cinco horas, fueron realizadas con un día de diferencia. Según el médico José Carlos Martins, a cargo de las cirugías, es el único caso reportado de gemelas trans realizándose el procedimiento juntas.

Una semana después de la operación, las jóvenes bromean pero también se emocionan al relatar su infancia y adolescencia, marcadas por episodios de acoso sexual, bullying y violencia física.

"El año pasado tuve un intento de suicidio a mitad de año por todo. Tomé un frasco de Rivotril porque quería dormir. Dios tiene un plan para todo, me dio una segunda oportunidad de estar aquí para hacer la diferencia, para ayudar a otras personas y dejar mi legado", añade Sofia Albuquerck.

Mayla y Sofia nacieron en Tapira, una ciudad de apenas 4.000 habitantes en Minas Gerais, en el sureste de Brasil.

Cuentan que siempre recibieron el respaldo de su familia, que desde pequeñas las llevó a médicos y psicólogos.

Su abuelo paterno remató una propiedad para pagar las cirugías, que costaron casi 20.000 dólares.

En Brasil la reasignación de sexo está contemplada en la red pública de salud por ley desde 2011, pero solo cinco hospitales realizan el procedimiento. Y la larga espera estimula la alternativa privada.

Mayla y Sofia están felices por su cirugía. Aseguran que han vivido con miedo y ahora solo piden respeto.

Y confían en que su historia sirva para enfrentar prejuicios, en un país donde cada dos días una persona trans es asesinada.

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