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La cicatriz que la princesa Eugenia decidió mostrar en su boda

La nieta de Isabel usó un vestido escotado en la espalda y mostró la marca de una intervención quirúrgica que sufrió a los 12 años. La decisión causó furor en el público.

La princesa Eugenia de York, nieta de Isabel II de Inglaterra, se casó el viernes con el plebeyo Jack Brooksbank en Windsor, una ceremonia criticada por su elevado coste pero que, pese a los numerosos invitados famosos, no logró la magia de anteriores bodas reales.

Su unión con Brooksbank, de 32 años, representante británico de Tequila Casamigos -la firma de George Clooney-, se celebró en la capilla de San Jorge del Castillo de Windsor.

Eugenia lucía un elegante vestido de manga larga del británico Peter Pilotto, sin encaje y muy entallado en la cintura, con escote delante y detrás que dejaba al descubierto la cicatriz de una operación de escoliosis -desviación de la columna- a la que fue sometida cuando tenía 12 años.

La decisión de no taparse, fue aplaudida por el público. Incluso la pareja había anunciado que todos los regalos que reciban por la boda serán donados a las organizaciones que se ocupan del tratamiento de esa condición.

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INVITADOS

Entre los cerca de 800 invitados estaban la actriz estadounidense Demi Moore, el cantante británico Robbie Williams y las supermodelos Kate Moss, Naomi Campbell y Cara Delevingne.

Muchos esperaban también la asistencia de George Clooney y su esposa, la abogada y activista británica de origen libanés Amal Alamuddin, pero la pareja no apareció.

La familia real británica asistió casi al completo, con la ausencia de la duquesa de Cornualles, Camila, esposa del príncipe heredero Carlos, que alegó un compromiso previo.

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SEMANAS CRÍTICAS

La prensa británica ha pasado semanas quejándose de que los contribuyentes tengan que pagar la factura de seguridad de 2 millones de libras (2,6 millones de dólares, 2,3 millones de euros).

Subrayaron que el gasto podría haberse evitado si Eugenia no hubiera insistido en realizar un paseo en carroza por Windsor como hicieron Enrique y Meghan.

En las calles de Windsor no faltaron los incondicionales de la familia real, que agitaban pequeñas banderas británicas, pero fueron mucho menos numerosos que las más de 100.000 personas que abarrotaron el lugar en mayo.

La cadena BBC, que se toma las bodas reales muy en serio, decidió no difundir esta ceremonia, según la prensa por temor a un bajo índice de audiencia, lo que disgustó al Palacio de Buckingham.

Y al final fue retransmitida por la pequeña cadena comercial ITV, cuyos comentaristas pasaron gran parte de la mañana hablando de las fuertes ráfagas de viento que obligaban a los invitados a sujetar sus trajes y sombreros.

"Desafortunadamente, este no es un buen día para casarse", llegó a decir uno de ellos.

La pareja hizo todo lo posible para ganarse a la opinión pública con entrevistas grabadas en las que se deshicieron en elogios mutuos.

La novia es una "luz resplandeciente", afirmó Brooksbank. El novio es "humilde y generoso", aseguró la princesa.

Brooksbank se mueve en los altos círculos sociales de Londres, pero es desconocido del público más allá de las noticias de la prensa rosa. Dirigió un elegante bar de cócteles en Londres muy apreciado por la aristocracia inglesa, llamado Mahiki, y desde entonces lanzó su propio negocio mayorista de vinos.

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