Hasta hace poco era inevitable pensar en aquel pequeño saltamontes de la serie Kung-Fu cuando alguien tenía contacto con el español Juan Carlos Aguillar. Para todos eran un hombre sabio, dispuesto a hacer el bien sin mirar a quien.
Juan Carlos Aguilar, de monje shaolín a asesino en serie
Abrió una cadena de gimnasios en España. Luego se descubrió el horror. Su defensa sostiene que un tumor cerebral lo tiene fuera de control
Huang Aguilar, así se hacía llamar, era el primer monje shaolin occidental ordenado en el monasterio Songhan. Así fue que volvió a su patria y abrió una cadena de exitosos gimnasios de artes marciales.
Pero resulta que Aguilar estaba lejos de la paz interior que vendía. Una denuncia de vecinos llevó a la investigación policial que literalmente desenterró la agitada vida privada del monje.
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Semanas atrás había ingresado una víctima por la fuerza a uno de los gimnasios. Era una mujer de origen africano Los agentes se encontraron con la víctima atada de pies y manos con señales de haber recibido una paliza.
Pero lo peor estaba por verse: los investigadores encontraron en el lugar restos óseos, señales de otras víctimas de Aguilar. Detrás de su aire trascendental había un asesino en serie. La defensa del agresor sostiene que Huang está recibiendo quimioterapia por un tumor cerebral y que este hecho hace que el hombre no esté bajo control de sus actos. Mirá un video promocional con las demostraciones de Huang, antes de que se conocieran las muertes
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