Frankenstein es parte hoy de la cultura popular. Su autora Mary Shelley, con 20 años, realizó una novela llena de entusiasmo y de elementos adolescentes, con toques de terror en 1818. Planteaba una equivalencia entre lo profano y lo divino. Apostó por darle vida a su criatura de forma real.
Una trama que seguía los pasos de un doctor suizo, Victor Frankenstein, obsesionado con los secretos de la vida y la muerte. El inventor terminaba creando uno de los seres mitológicos más famosos de la literatura y el cine.
Si bien fue “Drácula” en 1931 el que despertó el universo de monstruos, fue el actor Boris Karloff, con sus tornillos en el cuello, quien impusó la popularidad de Frankenstein. Le siguió el actor británico Christopher Lee junto a Peter Cushing como el abnegado doctor. Lee siguió después con su rol interpretando a Drácula.
También Robert De Niro fue el monstruo en la versión que dirigió y actúo Kenneth Branagh. Una producción muy llamativa por incluir a un actor ya famoso.
Recién en 1970 fue cuando se comenzó a valorar a esta novelista, fallecida en 1851. Sus libros sobre el monstruo se mantuvieron por décadas como una historia de terror popular y original.
Ahora, el oscarizado cineasta mexicano Guillermo del Toro ha comenzado a rodar, con su monstruo, el actor Jacob Elordi, que tomará el relevo de la versión de Boris Karloff, junto a Oscar Isaac como el doctor, quien infunde vida a su torturada creación. El cineasta ha dicho sobre la autora: “Ella dio voz a los que no tienen voz y presencia a los invisibles, y me mostró que, a veces, para hablar de monstruos, necesitamos fabricar nuestros propios monstruos”.
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