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En Alemania, un inspector de tránsito free lance hace estragos

Se llama Horst-Wernet Nilges. No es funcionario municipal ni policía. Es un jubilado que le gusta denunciar a los infractores. ya hizo más de 30 mil denucnias

 

 Horst-Wernet Nilges, de 58 años, se jubiló . Y como no tenía problemas graves se dedicó a una tarea que lo apasiona, pero que le ha traído no pocos problemas, entre ellas amenazas de muerte, balas en su buzón de correo, bombas dibujadas en un  papel y otras muestras de intenso cariño popular.

Ess conocido en Osterode, su ciudad, como  “Knöllchen Horst” (Horst el de las multas).

Nilges no trabaja para el ayuntamiento, ni tampoco para ninguna junta municipal: trabaja como vigilante aficionado -en el Río de la Plata sería denostado como "buchón"- que vela por que se cumplan las normas de tráfico.

 Lo hace en su tiempo libre, documentando el estacionamiento irregular de vehículos y después enviando sus notificaciones a la Policía para que emitan las multas correspondientes.

En los últimos siete años ha presentado más de 30.000 denuncias, según un reportaje del Global Post.

"Soy un ciudadano normal”, dice Nilges. “No soy una autoridad administrativa. No soy un político. Simplemente me interesa el tema y me he implicado”.

La prensa lo califica de chiflado y en el mejor de los casos como un  pensionado aburrido con una ganas bárbaras de corregir los errores ajenos.

Nilges, por su parte, asegura que él también usa las calles, y que cuando unas cuantas o muchas personas no cumplen las normas, eso afecta a todos los demás ciudadanos.

“Cuando alguien usa el argumento de que sólo iba a por un poco de pan o a comprar un periódico, o a la farmacia, o a sellar rápidamente un paquete postal... mire lo que dicen las normas de tráfico: No se permiten excepciones”, recuerda.

Horst no está solo en su pelea contra los infractores compulsivas.

Ralph Martin, autor del libro “Un americano en Berlín”, asegura que cuando llegó por primera vez a Alemania le ponía histérico la enorme atención que sus ciudadanos prestan a los detalles.

Recuerda su sorpresa inicial al ver que la gente se quedaba mirándole aparcar en la calle y le llamaban la atención si rozaba al coche de delante. “Casi sientes que puedes ir a la cárcel por una tontería, pero no por asesinar a alguien”, afirma.

Nilges empezó investigando un asunto de aguas residuales, pero luego le saltó a la vista que el peor problema era el tránsito y decidió hacerlo su feudo.

  “Salgo por Osterode como peatón, o conductor, o en mi bicicleta, y al cabo de un minuto ya veo dos o tres estacionamientos irregulares sin ni siquiera buscarlos”, admite Nilges, que nació y se crió en la ciudad.

En la junta de distrito dicen que cualquier ciudadano puede denunciar infracciones en su tiempo libre. Pero las autoridades admiten que las cosas se les han escapado un poco de las manos con Nilges.

“En este momento estamos más que molestos por las miles de notificaciones”, dice Gero Geisslreiter, portavoz de distrito de Osterode, que insiste en aclarar que Nilges no trabaja en nombre de la administración municipal.

Según Geisslreiter, la ciudad recibe un promedio de entre 6 y 8 notificaciones diarias de “Horst el de las multas”.

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