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El dolor de un padre después del atentado en Bagdad

Cuando Imad Jawad envió a su hijo Kayan y a su mujer Houda a hacer las compras para la celebración de la fiesta del Aïd, no sabía que los vería por última vez. El atentado suicida en un mercado de Bagdad se llevó a su familia el lunes, así como decenas de otras vidas.

Cuando Imad Jawad envió a su hijo Kayan y a su mujer Houda a hacer las compras para la celebración de la fiesta del Aïd, no sabía que los vería por última vez. El atentado suicida en un mercado de Bagdad se llevó a su familia el lunes, así como decenas de otras vidas.

"Yo los llevé al mercado, yo...", repite llorando el policía de 41 años. A su lado, en la carpa donde los allegados vienen a presentar sus condolencias, uno de sus hijos, Ali, de unos diez años, permanece silencioso y conmocionado un día después del drama.

Houda y Kayan son unas de las 36 personas muertas en el atentado reivindicado por el grupo yihadista Estado islámico (EI) ocurrido el lunes en el mercado al-Woheilat de Ciudad Sadr, inmenso suburbio chiita al este de Bagdad.

En esta ciudad, antes de la fiesta del Eïd, la más importante de las fiestas musulmanas, el mercado estaba lleno. Todo se sumió en el horror y el caos en unos segundos, cuando un kamikaze del EI hizo explotar su cinturón de explosivos.

"Me precipité desde que escuché la noticia. Primero al mercado, luego al hospital", cuenta Imad. "No quise ir a la morgue del hospital."

Tras una búsqueda frenética, un médico le confirmó la muerte de su mujer y su hijo.

"Lavé a Kayan con mis manos. Su vientre y sus piernas estaban acribilladas por las esquirlas" de la explosión, prosigue Jawad con dificultad. "Era la luz de mi vida. Nadie podrá reemplazarlo, a él y a su madre", agrega.

Kayan adoraba el Eid, "cambiaba prendas los cuatro días de la fiesta", cuenta su abuelo. "Ahora vamos a enterrarlo con sus buenas prendas".

- "Muertos" -

En el hospital general de Sadr City, a donde fueron transportados la mayoría de los heridos, unos cincuenta según fuentes médicas, Nawras, joven de une 25 años, cuida a Saberin, su prima herida en la explosión.

Saberin no sabe aun que su hija de 16 años, Aya, murió en el atentado.

"No sabíamos que estaban en el mercado ella y su hija y su niño de año y medio. Fueron a comprar prendas para el Eid", cuenta Nawras. Aya murió inmediatamente y su pequeño hermano fue hospitalizado con graves hreridas. "No me atrevo a decirle que su hija murió", dice la joven.

Fracturas, quemaduras, heridas que requieren operaciones... El doctor Ali Faysal Nayef, médico en las urgencias, menciona los males que debe tratar en el hospital de Sadr City, vetusto y deteriorado, que no da abasto frente a la llegada de tantos heridos.

Muchos niños figuran entre las víctimas. "Yo mismo tuve que anunciar la muerte de dos niños, uno de seis años y otro de ocho", dice el médico. Un bebé de cuatro meses también murió.

Bushra por su parte perdió a dos de sus sobrinos, mientras que otros tres se encuentran en grave estado.

Ella cuenta que su hermana, la madre de los dos fallecidos, se enteró de la noticia al empezar la noche del lunes, cuando vio llegar a uno de sus hijos conmocionado, quien gritaba: "murieron", refiriéndose a sus hermanos muertos en el atentado.

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FUENTE: AFP

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