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Copas del Mundo: objetos de culto, leyendas, historias y teorías conspirativas

La historia de la "Victoria alada", de la caja de zapatos a las manos de Obdulio. El robo de la copa en Londres: un perro llegó antes que la Policía.

Levantar la Copa del Mundo: el momento cúlmine del principal evento deportivo del planeta.

En la historia hubo dos trofeos para los campeones del mundo. Sobre la copa actual se teje un particular culto material…

Sobre la primera se construyeron leyendas, historias y teorías conspirativas.

La primera copa la encargó Jules Rimet al escultor francés Abel Lafleur. La pieza de 35 centímetros de alto y 3,8 kilos de peso, confeccionada en plata y bañada en oro con una base de lapislázuli, se inspiró en Niké, la diosa de la victoria en la mitología griega.

Primero cruzó el Atlántico junto a Rimet en el Conte Verde, para quedar en manos de la selección uruguaya campeona del mundo.

Volvió a Europa para recalar en la Italia bicampeona del 34 y 38. Ottorino Barassi, vice de FIFA, decidió sacarla del Banco de Roma y esconderla en una caja de zapatos bajo su cama, con el objetivo de evitar que fuera expropiada por los nazis.

El italiano devolvió la copa para Brasil 50, mundial donde pasó a denominarse “Copa Jules Rimet” en homenaje al histórico presidente de FIFA.

El propio Rimet recuerda en sus memorias cuando llegó a la cancha del Maracaná en medio de la desolación de los brasileños. De la fastuosa ceremonia prevista para el Brasil campeón pasó a la improvisada entrega a Obdulio Varela.

El último acto de Rimet en FIFA fue entregar la copa a los alemanes en 1954. Brasil la ganó en el 58 y 62, En el 66 se quedó en Inglaterra y en el 70 fue nuevamente conquistada por Brasil, que al ganarla tres veces se la quedó en propiedad.

Pero la existencia de la “Victoria alada” no solo supo de festejos y brindis con los campeones del mundo…

En 2013 el museo de la FIFA investigó el paradero de la base original de cuatro caras, porque en el 54 los alemanes la cambiaron para ampliar el espacio para grabar los nombres de los campeones. Como la Copa exhibida desde el 58 era más alta, hubo quien sospechó que la original había sido robada en Alemania.

La base original finalmente fue hallada en una estantería en los archivos de la FIFA, perdida durante 60 años.

El 20 de marzo en 1966 la copa fue robada del Westminster Center Hall de Londres. La nota de rescate firmada por “Jackson” exigía 15.000 libras. Una redada policial logró detener a Edward Betchley, quien fue a prisión por complicidad. Pero la copa no apareció.

Pero una semana después del robo el perro Pickles encontró la copa, oculta en un paquete tirado al lado de un auto, mientras paseaba con su dueño, David Corbett.

El collie que salvó a la Scotland Yard del papelón, recibió una medalla y comida de perro por un año, mientras que Corbett cobró un cheque por 1.000 libras. La fama de Pickles llegó al cine, donde participó de la película El espía de la nariz fría.

Pero el destino final de la Jules Rimet fue marcado por otro robo…

El 19 de diciembre de 1983 cuatro ladrones robaron el trofeo de la sede de la CBF en Río de Janeiro. Entre ellos el joyero argentino Juan Carlos Hernández, a quien acusaron de haber fundido la copa para hacer lingotes de oro. Todos fueron a prisión, pero la copa no apareció.

Brasil ahora exhibe una réplica de la pieza original de Lafleur en el museo de la selección en San Pablo. El misterio o las dudas sobre el destino de la copa original se mantienen hasta hoy…

La nueva Copa del Mundo que se entrega desde 1974 fue creada por el artista italiano Silvio Gazzaniga. Mide casi 37 centímetros, pesa 6 kilos y está hecho de oro de 18 kilates, con dos anillos de malaquita en la parte inferior.

En su base están grabados los nombres de los campeones en forma de espiral.

Esta copa es propiedad de FIFA, que entrega una réplica enchapada en oro denominada “Trofeo de los Campeones de la Copa Mundial”. Actualmente se desarrolla la cuarta gira mundial del trofeo por todo el mundo, recorriendo 50 países antes de llegar a Moscú a fin de mayo.

El culto hacia el trofeo llega a un punto tal que solo los campeones del mundo y jefes de Estado pueden tocarla sin guantes.

A esto se agrega que desde 2010 la copa llega a la final en un exclusivo estuche confeccionado por Louis Vuitton para FIFA.

En 2014 Carles Pujol y la modelo Giselle Bundchen fueron los encargados de entregarla antes de la final en Maracaná

La copa se mira y no se toca, salvo para los ganadores. Mientras tanto, entre mundial y mundial, el hogar permanente es el museo de FIFA en Zurich. Allí también está otra réplica de la Jules Rimet, montada sobre la recuperada base original diseñada por Abel Lafleur y estrenada en Montevideo en 1930…

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