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Confinado por la inseguridad, el norte de Nigeria sufre penurias económicas

En el camino de una ruta de caravanas hacia el Sáhara, la ciudad de Sokoto ha sido desde tiempos antiguos un importante centro de comercio en la sabana del extremo noroeste de Nigeria.

En el camino de una ruta de caravanas hacia el Sáhara, la ciudad de Sokoto ha sido desde tiempos antiguos un importante centro de comercio en la sabana del extremo noroeste de Nigeria.

Pero el recrudecimiento de los ataques y los secuestros masivos de grupos criminales ha supuesto un duro golpe para la zona, haciendo casi imposible la agricultura y el comercio.

Para frenar la violencia, las autoridades del estado de Sokoto han impuesto restricciones a la movilidad y al comercio que, según los residentes, agravan la ya difícil situación económica.

A principios de mes, en 13 distritos del estado se aplicó un confinamiento que incluía una prohibición del transporte de ganado y leña, una suspensión de algunos mercados de animales y límites en la venta de combustible.

Las líneas telefónicas también fueron cortadas en la zona la pasada semana.

El mercado de Ramin Kura, en las afueras de la ciudad, suele estar repleto de vendedores de naranjas, limones, azúcar de caña, bananas, piñas, cocos, batatas, cebollas o ñames.

Actualmente, las frutas en venta han caído en picado y los precios se han disparado.

"Hace dos semanas, diez ramas costaban 700 nairas (1,7 dólares), ahora cuestan 1.000", dice Ibrahim Abubakar Sahabi inspeccionando unas cañas de azúcar de la altura de un hombre.

"Podría llegar a 1.500 o incluso 2.000 si esto continúa", añade.

- Matar de hambre a los criminales -

"La gente no puede cultivar por la inseguridad, con lo que tenemos menos productos", explica Sahabi, portavoz de los vendedores de fruta del mercado.

En tiempos normales, la mercancía era transportada en camiones a Ghana, Camerún o Níger, pero la última semana "un camión con comida que se dirigía a Níger fue parada por los militares y tuvo que volver".

El comisario de seguridad de Sokoto, Garba Moyi, dijo a AFP que el acceso a alimentos estaba restringido en algunas partes del estado.

"Es para asegurarnos que los bandidos se mueren de hambre", indica el coronel retirado.

Los civiles, según él, pueden comprar comida para alimentar solamente a sus familias.

"Nadie está completamente sin comida (...) Pero si compras diez bolsas de arroz, ¿adónde vas, adónde lo llevas? Es cuestionable, significa que estás abasteciendo a los bandidos", defiende.

Muchos lugareños sufren también las restricciones en la venta de combustibles. Algunas gasolineras están cerradas y otras tienen un límite de venta de 5.000 nairas (12,15 dólares) por persona.

En una estación al norte de Sokoto han pasado de facturar uno o dos millones de nairas por semana (2.500-5.000 dólares) a embolsarse apenas 500.000, dice su asistente de dirección, Musa Abdullahi.

En el popular mercado de Kara, un comerciante de ganado asegura que solo disponen de la mitad de vacas que antes.

"Realmente estamos sufriendo", dice Bashir Abakar Marina, de 45 años.

"Solíamos enviar (vacas) a Lagos, Port Harcourt, Ibadan (otras ciudades nigerianas, ndlr), pero ahora solo vendemos aquí", lamenta.

Los precios también se inflaron: de 120.000 nairas (291 dólares) a unas 160.000 (389 dólares) por una pequeña vaca.

- 16 niños que alimentar -

Incluso el carbón, usado por muchos para cocinar, es difícil de encontrar.

En la carretera Mai Tuta, el vendedor ambulante Imanu Jegawa, de 20 años, descansa sentado en una montaña de sacos de 15 kilos.

"El carbón es escaso. Antes la bolsa costaba 1.500 nairas, ahora son 3.000", dice Jegawa.

El gobierno ha defendido que las medidas son temporales. Para Moyi, el comisario de seguridad local, son esenciales para frenar las bandas criminales que actúan en el norte del país.

"Si no hay comida, combustible, comunicaciones, movimiento, se verán forzadas a rendirse", afirma.

"Hay muchos campos (de bandidos) en Sokoto, de 40 a 50", insiste el teniente coronel, que teme que las operaciones militares desplegadas en el vecino estado de Zamfara atraigan a más criminales a su zona.

Los medios locales indicaron que residentes enfadados por la creciente inseguridad quemaron la casa del teniente coronel la semana pasada.

Las restricciones de circulación y comercio también afectan a los estados de Zamfara, Katsina y Kaduna, una zona más extensa que Portugal.

En Zamfara, las líneas telefónicas han estado cortadas durante tres semanas.

En su gasolinera, Abdullahi está inquieto porque el gobierno no ha desvelado cuánto durará este confinamiento.

"Tengo 16 niños y seis trabajadores a los que pagar. Necesitamos ayuda", reclama.

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FUENTE: AFP

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