El PBI del Uruguay creció 2,7% en el año 2017, impulsado por el consumo y por un buen desempeño de las exportaciones (en especial turismo y soja, con una cosecha que no se repetirá este año). El crecimiento habría sido mayor (cercano a 3%) si la planta de ANCAP no hubiera estado parada más de la cuenta. Es una buena tasa de crecimiento, y mayor a la de años previos (en 2016 el crecimiento había sido de 1,7%), pero con débiles fundamentos: la expansión en base al consumo no es sostenible eternamente y –mientras tanto- hay una fuerte caída en la inversión (15% en el año).
El consumo es impulsado por varios factores. El tipo de cambio luce retrasado y eso fomenta la compra de bienes importados, generando una mayor actividad comercial. La política salarial también hace su aporte: el histórico aumento de los salarios aumenta el consumo, en particular en los salarios bajos, con menor propensión y capacidad de ahorro; claro que esto ha tenido su efecto –difícil de dimensionar- en la caída del empleo.
Pero tal vez el factor más importante en explicar la expansión del consumo es el aumento del gasto estatal, con un abultado déficit fiscal. Suele plantearse que la economía está recuperándose, pero que hay que cuidar el equilibrio fiscal. En realidad, en buena medida la economía crece GRACIAS a la expansión del gasto y el déficit, que –obviamente- conlleva a un aumento del endeudamiento. Por suerte, la situación financiera no es complicada, pero el aumento en las tasas internacionales puede traer problemas.
Para evitar caer en una trampa de estancamiento-déficit-deuda, es necesario limitar el gasto estatal corriente, mejorando la competitividad y promoviendo un crecimiento más equilibrado. Pero el gasto estatal uruguayo es tremendamente rígido: una vez comprometido (jubilaciones, salarios) es difícil de bajar (salvo recortando inversiones, que es lo que se ha hecho); además, se vienen las elecciones y la historia marca que la situación fiscal tiende a empeorar en estos tiempos, en lugar de mejorar. ¿Caerá Uruguay en la trampa? Aún hay margen de maniobra, en especial si las economías de la región ayudan. Pero estamos jugando al límite.
Dejá tu comentario