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Tabárez, Obama y el comercio

Mientras la celeste batallaba en Santiago por permanecer en la Copa América contra Chile (no se pudo) el Congreso de los EEUU otorgaba a Barack Obama la autoridad para negociar acuerdos comerciales plenos, aval conocido como “fast track”.

Así, el presidente estadounidense tendrá la posibilidad de reactivar la agenda comercial de su país, que tiene como primer objetivo negociar un acuerdo comercial con varios países del Pacífico (Chile incluido), para luego –eventualmente- mirar a Europa.

Estas cosas no tienen mucho destaque en la agenda informativa local, menos en momentos en que elevábamos temperatura por la (¿injusta?) eliminación de la Selección. Sin embargo, son hechos muy relevantes para una economía pequeña y abierta como el Uruguay.
¿Por qué? Sencillamente porque, como en el fútbol, en el comercio los contrarios también juegan.

En los últimos años, el mundo ha dejado de lado las negociaciones comerciales multilaterales en la OMC (¿Quién se acuerda de la Ronda de Doha?) para ir a acuerdos comerciales bilaterales entre países o bloques, donde tienden a ganar los más fuertes y los más rápidos. Así, EEUU, China, la propia Europa, cada cual a su ritmo, ha establecido nuevos acuerdos comerciales con distintos países o bloques, para ampliar el comercio.

El Mercosur –y Uruguay dentro- se ha quedado quieto. Muy quieto. Mientras países de la región como Colombia, México, Perú y –ni hablar- el propio Chile, están cumpliendo una agresiva agenda comercial y han firmado acuerdos con las principales potencial del mundo, el Mercosur se muestra reticente, receloso, a la defensiva.
No resisto compararlo con la celeste de Tabárez: aplicada a defender (con garra, faltaba más), pero arriesgando casi nada en ofensiva.

El Uruguay comercial está igual: abrimos algunos mercados valiosos (citrus y ovinos en EEUU, algún avance con México o Israel), pero poca cosa más. Son “ataques” aislados, como los de Sánchez o Cavani. No hay una vocación comercial definida, que obviamente tiene sus riesgos, como los tienen los cuadros que van al ataque. Hay derrotas, goles en contra, pero al final –si la calidad y el esfuerzo se suman- se avanza.

No me afilio a comparar al Uruguay con países que suelen ponerse como ejemplo habitual de apertura comercial: Nueva Zelanda, Singapur, Chile, Panamá. Somos distintos: estamos más anclados que aquellos a una región que nos condiciona, para bien o para mal. No es razonable pensar en soltar amarras de Brasil y Argentina. Pero deberíamos tener una actitud comercial más proactiva si queremos seguir jugando, y eso no está en nuestro ADN. La propia entrada de Uruguay al Mercosur (en tiempos del “neoliberalismo”) se hizo a último momento, ante el hecho consumado de la asociación entre Argentina y Brasil. No podíamos quedar fuera.

Sin embargo, ante la eventualidad de un acuerdo con la UE o de avanzar en el TISA, son generalizados los reparos, advertencias, cautelas y recelos. Nada de ir al ataque, como la celeste ¿sería igual nuestro comercio a nuestro fútbol?

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