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Subrayado recorrió la solitaria y misteriosa Isla de Flores

La isla encierra la historia de inmigrantes que a fines del siglo XIX estaban obligados a hacer una parada sanitaria en ese lugar antes de entrar a Montevideo.

Un grupo de estudiantes del Liceo 26 recorrió la Isla de Flores este jueves para conocer parte de la historia del lugar, que es una reserva de fauna protegida por la dirección de medio ambiente.

Casi dos horas de viaje en barco en un mar bastante movido provocó mareos a varios alumnos del Liceo 26, a pesar de la emoción de llegar por primera vez a una Isla.

Fueron en un barco de la Armada, en una salida didáctica organizada por parte del grupo de Compromiso Educativo de ese liceo público.

La Isla de Flores es un lugar solitario, porque a pesar de estar ubicada a apenas 21 kilómetros del Puerto de Montevideo, no hay un circuito de paseos organizado.

Sin embargo, este jueves se llenó de gente, porque además de los alumnos del Liceo 26, fueron los integrantes de La Mesa de los Galanes, el programa de la tarde de FM del Sol para salir al aire desde ese lugar. Y se entretuvieron bastante con las historias místicas de la Isla.

Este jueves se produjo el intercambio quincenal de los funcionarios de la Armada que tienen a su cargo el faro de la Isla de Flores. Las únicas personas que viven en ese lugar.

Los fareros son funcionarios de la Armada. Hacen turnos de a dos y alternan cada 15 días. Durante el invierno casi no ven gente. El resto del año reciben visitantes que piden autorización a la Armada para ir hasta la isla. La mayoría llega atraída por las historias de misterio del lugar.

FARERO ISLA DE FLORES

Pero más allá de esas leyendas, la Isla de Flores encierra la historia de miles de inmigrantes que a fines del siglo XIX y principios del XX estaban obligados a hacer una parada sanitaria en ese lugar antes de entrar a Montevideo.

Los que no lograban superar la enfermedad, pasaban a la tercera isla donde estaba el crematorio.

Pero el lugar también fue destino de presos políticos durante el siglo XX.

Hoy, la Isla de Flores es un lugar desolado, con ruinas de viejos edificios históricos sin mantenimiento y pastizales.

Sin embargo, es una zona de fauna protegida y de una gran riqueza natural.

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