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Se fugó de la cárcel Stefanía Quirque, la asesina que no fue

La mujer era amante de un arquitecto y juntos intentaron matar a la esposa de éste en tres ocasiones. No pudieron: ella terminó en Cabildo y él en Comcar.

 

Se fugó del Centro Nacional de Rehabilitación (CNR), adonde fue trasladada hace unas semanas desde la clausurada Cárcel de Cabildo.

En abril de 2008, Stefania Quirque, de 25 años, fue enviada a prisión por intento de asesinato. En realidad, fueron tres intentos de asesinato.

Ella dijo ante la jueza Graciela Gatti que todo lo hizo por amor. Su víctima había sido Claudia Lis Pereira, una contadora que entonces trabajaba en una prestigiosa institución bancaria.

Claudia era el muro que se interponía entre ella y su sueño: casarse con un joven arquitecto que en ese entonces trabajaba en una conocida empresa cuyo eje comercial es el aluminio.

Pese a que tenían problemas desde hace tiempo, el arquitecto y Pereira parecían la pareja perfecta. Tenían un hijo pequeño, vivían en un apartamento en Rivera y Mc Eachen y estaban construyéndose una casa en Carrasco.

En 2007, el arquitecto le dijo a la contadora que queria separarse, que quería replantear su vida.

Pero la verdad es que el arquitecto, que entonces tenía 35 años, había conocido en el trabajo a Stefanía y comenzó con ella una relación que fue deviniendo en lo que terminó: una asociación para delinquir.

El primer intento de asesinato fue en la casa del matrimonio. Mientras el arquitecto esperaba afuera, sentado en un muro, Stefanía entró al apartamento y sorprendió a la esposa cambiándose de ropa. Quería darle dos tiros, pero gatilló varias veces y las balas no salieron. Solo una dio en el blanco.

No contenta con eso, Stefanía la quiso asfixiar con las corbatas del arquitecto y una almohada. Claudia luchó con todas sus fuerzas, pero Stefanía la atacó con un cuchillo y le dio en el cuello.

La víctima salió corriendo al balcón y gritó todo lo que pudo. Unos obreros de la construcción vieron la escena.

Para entonces habian pasado 45 minutos y el arquitecto seguía esperando afuera, como si no pasara nada.

El esposo la encontró bañada en sangre después de dejar que su amante pudiera escapar del lugar. Todos lo vieron acudir en forma displicente.

Claudia terminó hospitalizada en el Británico.

A la jueza Gatti no le cerró nunca la actitud del esposo hasta que él reconoció: "Yo la dejaba actuar sin preguntar".

Quirque no quiso dejar cables sueltos y siguió intentándolo. Sabia que Claudia estaba en situación vulnerable.

Las llamadas telefónicas grabadas por la Policía permitieron saber que el arquitecto hacía algo más que dejar actuar. Esa noche abrió las puertas de la habitación del Británico para que otra vez Stefanía intentará atentar contra la vida de Claudia.

Sabía que tomaba la pastilla de dormir a las 23 y que se dormía a la 1 de la mañana. Después de esa hora, la amante de su esposo ingresó a la pieza y le inyectó una gran dosis de insulina para inducirla a un coma.

Para burlar la seguridad estaba dispuesta a todo: Quirque ingresó disfrazada de enfermera.

Pereira volvió a frustrarle el atentado despertándose y llamando a urgencias, que logró reanimarla en el momento justo.

La Policía tenía ya indicios claros de qué se trataba, pero decidió esperar, dejar que la farsa siguiera hasta agarrar a los dos agresores con las manos en la masa.

No sabían cuándo, ni dónde, pero sabían que algo más sucedería.

Al salir del hospital, Claudia -sin tener claro el alcance de las cosas- decidió separarse y se fue a vivir con su madre.

Las escuchas permitieron saber que contratarían a un sicario por 4.000 dólares.

El hecho ocurrió el domingo 11 de abril, cuando Claudia Lis Pereira salía de un almuerzo con su tío y su hija de un año y medio.

Un menor de 17 años comenzó a dispararles. Le dio al tío, pero no a Claudia ni a la niña.

La Policía lo detuvo de inmediato. Rápidamente supieron que se trataba de un adicto a la pasta base conocido de la Quirque.

La contadora Claudia Lis Pereira no salió de su asombro durante el juicio, pero mantuvo una inquebrantable dignidad. Con el tiempo los medios le quitaron los ojos y ella pudo rehacer su vida. Dejó el trabajo en el banco, cambió varias veces de empleo y emigró.

El menor se fue al INAU, Quirque a Cabildo y el arquitecto fue procesado con prisión y enviado al Comcar.

Hace dos años fue el encargado de construir la iglesia ecuménica que está instalada en ese centro penitenciario. Sigue diciendo que es inocente.

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