El presidente de la Cámara de Industrias, Washington Corallo, dijo que el dólar debería estar a 32 pesos y no a 28,4 pesos como está en pizarras locales.
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Para la Cámara de Industrias el dólar debería estar a $32 y no a $28.4
Este es el aspecto que más desvela a los empresarios junto con el aumento de costos internos. Según El Observador, Corallo dijo que estos factores se han transformado en una "tormenta perfecta".
"La competitividad uruguaya se está viendo tremendamente erosionada", aseguró el empresario, quien reclama por una rebaja en las tarifas públicas y otros aportes.
En una reciente encuesta entre adherentes a la Cámara de Indusrias, el tipo de cambio resultó estar entre las prioridades principales.
Segun recuerda El Observador, un informe sobre política monetaria divulgado por el Banco Central (BCU) la pasada semana señaló que en los primeros tres meses del año hubo "un moderado desalineamiento" del tipo de cambio respecto a su nivel de fundamentos del entorno de 4,1%.
Para los industriales ese desfasaje está entre 15% y 20%.
Corallo dijo que muchas empresas cerraron negocios a fines del año pasado previendo que la divisa tendría ese valor y ahora están recibiendo el pago de las ventas a $ 28.
"Uruguay sigue mostrando una volatilidad muy alta en su nivel de encarecimiento o abaratamiento respecto a otros países", dijo.
Afirmó que las tarifas públicas son la otra prioridad según la encuesta empresaria.
"Guste o no, en algún momento vamos a tener que llegar a una desmonopolización de los combustibles", aseguró Corallo.
Según él, hay que avanzar en una "definición de precios basada por paramétricas reales y técnicas y no supeditada a presiones fiscales".
Los impuestos también ocupan la liusta de preocupaciones del empresariado.
Corallo puso como ejemplo el cambio que determinó el gobierno para el cálculo del pago del IRAE o la limitación en el monto de pérdidas fiscales de ejercicios anteriores que pueden deducir las empresas.
Otro reclamo apunta sobre los aportes patronales a la seguridad social que desde la aplicación de la reforma tributaria hace diez años es de 7,5%.
"Las gremiales se quejan de que es un impuesto al trabajo; un impuesto que tiende a reducir los niveles de empleo y perjudica a aquellos sectores que demandarían más mano de obra", comentó y reclamó una rebaja progresiva del aporte patronal.
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