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ANÁLISIS

Macron: la Revolución del Centro

Macron activó el "pacto republicano", perfilando un nuevo escenario político en donde el centro vuelve a ser protagonista de la democracia francesa.

07 de mayo de 2017, 15:17hs

Hace algunos años, el historiador francés Raymond Aron señalaba que en política, a veces, la elección “no es entre el bien y el mal, sino entre lo preferible y lo detestable”. Es difícil encontrar una frase que describa mejor la elección de hoy domingo en Francia, en donde el candidato de centro, el experto en finanzas graduado de la ENA y ex Ministro de Economía, Emmanuel Macron, se impuso de manera contundente sobre la ultraderechista Le Pen, con más del 65% de los votos.

Sin embargo, el triunfo de Macron no fue únicamente el triunfo de lo “preferible” frente a lo “detestable”, sino también la victoria de la República Francesa, esa a la que los franceses llaman “Marianne”, y en cuya defensa se activó una vez más el “pacto republicano”: la amplia coalición de izquierda, centro y derecha que históricamente ha tenido el objetivo de bloquear el acceso al poder de Le Pen y el Front National. Comunistas, socialistas y “Republicanos” de la derecha liberal se lanzaron a las calles a hacer campaña por Macron, no sin dejar claras sus discrepancias con el proyecto del ex – socialista pero resaltando la importancia de frenar el avance de la extrema derecha y su amenaza a los valores democráticos.

El único candidato que se abstuvo de apoyar a Macron fue el de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, quien se negó a ser parte del “pacto republicano” sosteniendo hasta el final su postura anti-sistema. Aún así, más de la mitad de su electorado se decidió a apoyar a Macron, desoyendo las consignas de abstención o de voto en blanco que impulsaron algunos de los dirigentes de la “Francia Insumisa”.

En este sentido, hay una serie de factores que fueron claves para el triunfo de Macron y que a la vez, perfilan un nuevo escenario político, en donde el centro vuelve a ser protagonista de la democracia en Francia.

El primero es la permanencia en la cultura política francesa de los valores heredados de la revolución, el famoso “liberté, egalité, fraternité” que sigue no sólo permeando a la clase política sino a gran parte de la sociedad. No es un mero slogan, sino la creencia profunda de que esos valores son intrínsecos a la República Francesa y que, como tales, deben ser defendidos independientemente de la trinchera política en la que uno se sitúe.

En segundo lugar, y derivado justamente de estos valores, es necesario resaltar la movilización de la sociedad civil francesa como un elemento central en el triunfo de Macron. Intelectuales, periodistas, cineastas, universitarios, jóvenes y ancianos se lanzaron a las calles llamando a hacer frente a la ultraderecha.

Las imágenes de los liceales franceses con pancartas que postulaban: “No al racismo, No a Le Pen” fueron un mensaje esperanzador no sólo en Francia, sino también en una Europa desencantada y apática en donde parecía que los únicos que lograban la movilización popular eran los sectores de la extrema derecha y la extrema izquierda.

En tercer lugar, es imposible entender esta movilización espontánea de la sociedad sin tomar en cuenta la propia naturaleza de la candidatura de Macron, que se plantó en el espectro político francés como una auténtica opción de centro, logrando convocar, ya desde la primera vuelta, el apoyo de socialistas y liberales.

Macron, quien había tenido una exitosa gestión como Ministro de Economía durante el gobierno de François Hollande, renunció a su cargo en el 2016 para fundar su propio partido “En Marche” y postularse como candidato presidencial. En un país en donde los partidos tradicionales han sido siempre el eje de la vida política, muchos vieron como muy improbable que el ex - socialista pudiera construir su liderazgo por fuera de ellos. Pero Macron fue más allá todavía y señaló que su objetivo era “tomar lo mejor de la derecha, lo mejor de la izquierda y lo mejor del centro”, defendiendo el pragmatismo de sus propuestas.

Claro ejemplo de ello fue su afirmación de que era necesario profundizar y mejorar el modelo social francés pero a la vez apoyar la empresa como motor indispensable de la economía. El fuerte defensor de la globalización y de Europa fue, sin embargo, el único candidato que se atrevió a condenar la colonización señalando que había sido “un crimen contra la humanidad”, tema que prefieren esquivar tanto desde la derecha como desde la izquierda.

Liberado de las ataduras partidarias, Macron se movió con una libertad que lo volvió inclasificable según el usual clivaje izquierda – derecha. Para la izquierda era un “banquero” liberal, para la derecha un socialista. Con este discurso y a pesar de las críticas y el escepticismo de un lado y de otro, el liderazgo de Macron creció de manera sostenida, generando un espacio político, “En Marche”, que resultó atractivo para quienes no se sentían identificados ni por los extremos ni por los partidos políticos tradicionales.

Aprovechando el malestar de ciertos sectores con el gobierno socialista de Hollande y la crisis de los partidos tradicionales, algo que usualmente suele ser capitalizado por la extrema derecha y la extrema izquierda, Macron logró no sólo apoyos centrales de socialistas y moderados en la primera vuelta sino que consolidó su triunfo en la segunda al lograr que los electores que habían apoyado a otras fuerzas políticas en el primer turno no se sintieran del todo incómodos llamando a votar por él en el ballotage. Fue justamente la capacidad inclusiva y democrática del proyecto político impulsado por Macron la que hizo posible la movilización de sectores tan heterogéneos de la sociedad.

Por último, el debate final entre ambos candidatos fue decisivo sobre todo para los electores que aún se mantenían indecisos. El debate no sólo mostró a un Macron extremadamente sólido y con un gran dominio de los temas, en contraposición con la pobreza argumental de Le Pen, sino que además reveló en toda su crudeza el verdadero rostro del proyecto de la candidata del FN que tan bien había sido maquillado durante la campaña electoral.

Durante las dos horas del debate Le Pen se dedicó a repetir slogans y frases vacías del tipo “soy la defensora de la capacidad de compra de los franceses” alternándolos con ataques e insultos a su adversario. Con una efectividad que no hubiera logrado ni el adversario más hábil, la Marine del debate dinamitó su propia campaña, mostrándose más Le Pen, más Front National y más ultraderecha que nunca. En los días posteriores al debate los trackings de las principales encuestadoras francesas mostraron el crecimiento sostenido de Macron y la caída de Le Pen. La suerte ya estaba echada.

Estos factores que influyeron en los resultados de este domingo, llevaron a algunos a preguntarse si, más que una elección en la que había ganado Macron, no era ésta una elección que había perdido Le Pen. Es probable que sea más lo segundo que lo primero, pero aún así, esto no le quita legitimidad alguna al proyecto de Macron, sino todo lo contrario.

En un escenario de descalabro de los partidos políticos tradicionales, la capacidad de Macron de construir un proyecto auténticamente de centro, que aglutinó a izquierdistas, centro izquierdistas, moderados y republicanos, fue lo que evitó que Francia se inclinara hacia la extrema derecha representada por Le Pen o hacia la izquierda radical de Mélenchon. Cualquiera de estas dos opciones hubiera llegado al poder además, con un escaso porcentaje de votos, lo cual hubiera sido una amenaza para la estabilidad del gobierno.

Por otra parte, este triunfo es aún más relevante en un contexto en donde muchos pronosticaban que Europa terminaría naufragando en las aguas de la extrema derecha. Macron y su proyecto “En Marche” le abrieron las puertas nuevamente al centro, como proyecto político legítimo para resolver los problemas que aquejan a las democracias europeas, siendo además un incentivo para el resto de las fuerzas políticas moderadas que intentan abrirse paso en Europa.

Cuando a fines del año pasado Macron publicaba su libro “Revolución”, que era en líneas generales una versión extendida de su programa de gobierno y en el que se calificaba así mismo como un liberal de izquierda, algunos criticaron la osadía del título para un proyecto que no se postulaba desde la izquierda tradicional. Hoy apenas unas horas después de haber sido electo Presidente de Francia, con 39 años, un partido recién formado y una escasa trayectoria política, no parece haber un concepto más ajustado para describir su irrupción en la vida política francesa.

La Revolución del centro ha comenzado.

 

Foto: AFP

*La Licenciada María Bocchi es Politóloga y Directora de Proyectos de LCB - Marketing Político.  

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