ENCUESTA DE EQUIPOS CONSULTORES

Lacalle Pou y Mujica son los dos líderes que más simpatías reciben de la población uruguaya

Yamandú Orsi, Carolina Cosse, Danilo Astori, Daniel Salinas, Álvaro Delgado, Azucena Arbeleche, Beatriz Argimón y Julio María Sanguinetti completan el "top ten"

15 de septiembre de 2022, 19:52hs

El “top ten” de líderes políticos más conocidos en Uruguay está compuesto fundamentalmente por figuras que han tenido una trayectoria política relevante y, en casi todos los casos, han sido candidatos o precandidatos presidenciales (o presidentes) en al menos una oportunidad.

El expresidente José Mujica y el presidente Luis Lacalle Pou tienen un conocimiento casi universal en la población uruguaya: cuando se menciona el nombre, prácticamente todos (100% en el caso de Mujica y 99% en el caso de Lacalle Pou), sabe de quién se está hablando. Apenas un poco por debajo de ellos se ubican el dos veces expresidente Julio María Sanguinetti, el senador de Cabildo Abierto Guido Manini Ríos, y el exsenador colorado Pedro Bordaberry, que se ubican en un eje cercano al 95%. Todos ellos han tenido al menos una campaña presidencial encima.

Solo un poco más abajo aparecen el senador Juan Sartori, la intendenta de Montevideo Carolina Cosse y el senador Danilo Astori, con niveles algo superiores al 90%. Esta tercera línea no tuvo campañas presidenciales a su cargo, pero sí en los tres casos campañas prepresidenciales en las internas de sus partidos, en distintos momentos de tiempo.

Cierran la lista de los más reconocidos dos figuras con características distintas: la actual vicepresidenta Beatriz Argimón, que es la única de la lista que no ha sido candidata ni precandidata presidencial, y el excanciller Ernesto Talvi, que a pesar de haber estado alejado de la política por ya hace más de dos años, es reconocido por casi nueve de cada diez uruguayos, según la encuesta de Equipos Consultores presenta por Ignacio Zuasnabar este jueves en Subrayado.

En la lista de los más reconocidos no aparecen varios de los nombres más mencionados como posibles precandidatos de distintos partidos en la próxima elección, lo que muestra que estos tienen aún trabajo por hacer.

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SIMPATÍAS

Lacalle Pou y Mujica encabezan también el ranking de “simpatías”, con 47% y 45% respectivamente. En este caso, ambos líderes tienen una considerable ventaja sobre el resto, de aproximadamente 10 puntos. En ese segundo escalón se ubican tres líderes frenteamplistas: el intendente de Canelones Yamandú Orsi, la intendenta de Montevideo Carolina Cosse, y el senador Danilo Astori se ubican en el eje del 35%. Orsi no aparecía entre los líderes más reconocidos, pero sin embargo tiene un nivel importante de simpatías. Por debajo de ellos aparecen cinco líderes de la coalición de gobierno, con características muy distintas: el ministro de Salud Pública Daniel Salinas, el secretario de Presidencia Álvaro Delgado, la ministra de Economía Azucena Arbeleche, la vicepresidenta Beatriz Argimón, y el senador Julio María Sanguinetti. Todos ellos, en un eje cercano al 30%, completan las diez primeras posiciones de los líderes de mayor aprecio en términos de las “simpatías” que reciben del público. Salinas, Delgado y Arbeleche no aparecían entre los diez más reconocidos, pero al igual que Orsi reciben un caudal de simpatías importante.

Hay otros líderes que quedaron fuera del “top ten” por pocos puntos. Los dos casos más notorios son la excandidata nacionalista a la Intendencia de Montevideo Laura Raffo, y el senador Óscar Andrade, que quedaron apenas 1 punto debajo de Sanguinetti.

¿”Simpatías” significa intención de voto? No. Son elementos distintos. Hay personas y figuras políticas por las que la ciudadanía puede sentir aprecio y respeto, pero no necesariamente considerarlas como figuras electorales. Los casos más claros pueden ser los de los ministros Salinas y Arbeleche, que no están en la carrera electoral y por lo tanto sus “simpatías” no significan adhesiones en términos de votos sino simplemente niveles de aprecio a su figura. En el resto de los líderes puede ocurrir lo mismo. La “traslación” de niveles de aprecio a intenciones de voto efectivas es uno de los desafíos habituales que tienen los líderes políticos en las campañas electorales. En las últimas décadas de la política uruguaya hay varios ejemplos de líderes que no tuvieron éxito en transformar “simpatías” a votos.

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ANTIPATÍAS

Hay dos líderes políticos que reciben juicios negativos (“antipatías”) de más de la mitad de la población. Estos son los senadores Juan Sartori (59%) y Guido Manini Ríos (52%). Y hay algunos otros cuyo rechazo también es alto, pero inferior a la mitad. El exsenador Pedro Bordaberry, el senador Sanguinetti y el ministro del Interior Luis Alberto Heber están en la franja de entre 45% y 49% de rechazo. Un poco por debajo de ellos, pero todos recibiendo rechazos de cerca del 40% de la población, se encuentran figuras muy distintas: el senador Óscar Andrade, el excanciller Ernesto Talvi, el ministro de Trabajo Pablo Mieres, la intendenta de Montevideo Carolina Cosse y la excandidata departamental Laura Raffo.

¿Un alto nivel de rechazo es un buen indicador de un fracaso en la competencia política? No necesariamente. Por la fragmentación del sistema de partidos, es natural que la mayoría de los líderes, solo por pertenecer a un partido, tengan una “hinchada” en contra bastante amplia (los votantes del resto). Si, además, en la interna de su partido hay fracciones que compiten, suele también haber “hinchada negativa” en círculos cercanos, por lo que es frecuente encontrar niveles altos de rechazo en el total del electorado. Para objetivos políticos de segundo nivel como una competencia por una senaduría o una diputación, es más que suficiente con tener aprecio (si se transforman en votos) de un nicho relativamente pequeño del electorado para alcanzar la meta. Un diputado es electo con el 1% de los votos totales, y un senador con el 3,3%. E incluso para la carrera presidencial, dado que es una carrera en etapas (interna, primera vuelta y luego balotaje) donde muchos quedan por el camino, es posible llegar incluso a las instancias finales teniendo niveles de rechazo elevados. Ese fue el caso, por ejemplo, del actual presidente Lacalle Pou, que llegó al final de la última elección en 2019 con un rechazo cercano al 50%, e igualmente ganó.

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SALDO NETO

El saldo neto se construye con la resta simple de las simpatías y las antipatías. Quienes tienen más simpatías adquieren “saldo positivo” y en el caso inverso “saldo negativo”. Por las razones expuestas anteriormente, el “saldo negativo” es bastante habitual en política, mucho más frecuente que el “saldo positivo”.

Los dos líderes de mejor saldo neto en Uruguay actualmente son el presidente Lacalle Pou (que recibe un +13) y Yamandú Orsi (+10). Esto es producto de que Lacalle recibe, como se mencionó anteriormente, 47% de simpatías y 34% de antipatías. Orsi recibe menos simpatías (36%) pero también menos antipatías (26%), por lo que el saldo neto de ambos es similar, a pesar de que el conocimiento de Lacalle Pou es significativamente mayor que el de Orsi. Por debajo de ellos aparece el expresidente Mujica, y el ministro Salinas, que tienen saldos positivos de +7 y +3 (también con niveles de conocimiento muy distintos). El quinto lugar lo ocupa Álvaro Delgado, que tiene un balance neutro (exactamente 0), producto de 31% de simpatías e idénticas antipatías. Los otros cinco líderes que completan la lista de los más destacados en el balance tienen saldos negativos moderados: Danilo Astori, Carolina Cosse, Azucena Arbeleche, Beatriz Argimón, y Robert Silva. Este último caso es curioso. Silva no es de los líderes más conocidos, por lo que tampoco acumula un nivel de simpatías elevado. Pero recibe pocas antipatías, por lo cual a pesar de no estar en ninguno de los rankings anteriores aparece dentro de los destacados en saldo neto.

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¿MIRANDO A 2024?

Aunque es inevitable que estos datos se analicen con una mirada electoral, la importancia de la popularidad o imagen de los líderes políticos trasciende las coyunturas electorales. Los sistemas políticos, los partidos, las democracias, son sólidas si tienen líderes respetados y apreciados. O sea, la función social y política de la construcción de liderazgos va mucho más allá de las elecciones que son acontecimientos puntuales. Uruguay ha tenido en las últimas décadas muchos liderazgos sólidos de amplia imagen popular y de larga trayectoria. Algunos de ellos ya no están por desapariciones físicas, otros están asumiendo lugares menos protagónicos en el plano político y no serán candidatos, y otros no pueden serlo por impedimento constitucional (como el presidente Lacalle Pou). Todo esto marca que la elección de 2024 tendrá un componente de fuerte renovación en términos de la oferta política. Los resultados actuales muestran, para varios de los que quieren competir, una primera “foto” de oportunidades y desafíos por delante.