La victoria de Donald Trump, un golpe a la globalización de la economía

Clases media y baja, obreros blancos de escasa instrucción, aislados durante la Era Obama, le dieron una bofetada al sistema . Paralelismo con Brexit.


El cierre en Filadelfia -con los Obama y la mejor selección de artistas que un candidato pueda tener- marcaron el ánimo demócrata.

Las encuestas daban un triunfo por escaso margen de Hillary Clinton

Pero al cabo de promediar el recuento de votos un mensaje de "Gracias a todos" del comando de Hillary Clinton dio la pauta que las cosas ya no venían bien.

Es que los encuestadores no pudieron tener una fotografía precisa de la opinión pública ya que muchos consultados negaban su apoyo a Trump o sencillamente señalaban que no irían a votar.

Sobre la medianoche uruguaya, los datos que llegaban favorecían claramente Donald Trump.

En el último mes, la candidata del establishment había perdido 12 puntos por errores graves de campaña.

E indudablemente hubo aciertos en la comunicación de Trump más allá de sus deslices racistas y políticamente incorrectos.

La diferencia electoral estuvo en la "América profunda", en la ira de los trabajadores industriales blancos de los estados de medio oeste y este, las personas de baja educación, los grandes perdedores del proceso de globalización de la economia.

Ganó además Florida, al estado clave, donde los cubanos que se oponen al proceso de apertura hacia la isla -un legado de Obama- tienen la llave electoral.

EL CINTURÓN DE ÓXIDO

El discurso de Trump caló hondo en los más desposeidos en un planteo similar al que ganó cuerpo en el Reino Unido con el Brexit. Allí también fueron los obreros del norte de inglaterra los que dijeron "no" a la apertura de fronteras.

En Estados Unidos este conjunto de estados se les llama el "cinturón de óxido" o Rust Belt. También s le donomina como el Manufacturing Belt, es decir una región que engloba principalmente estados del Medio Este y que no se recuperó de la crisis que golpeó a la industria pesada, su principal actividad económica, a finales de los 70 y principios de los 80.

En ese sentido, el nuevo presidente de los Estados Unidos quiere enfrentar a los países emergentes, en especial la onda expansiva de China. A los chinos, y a sus vecinos canadienses y mexicanos, Trump atribuye la alta desocupación en esta zona del país.

Por eso quiere calentar la economía atrayendo nuevamente las inversiones estadounidenses. Sin estos ingresos será imposible reparar el tejido social que intentó reparar sin éxito proyectos como el Obamacar, el clariscouro plan de salud que quiso imponer Barack Obama.

Lo que quiere Trump es volver a los gloriosos años 50 de los Estados Unidos. Para ello prepara un plan puertas adentro.

Sus asesores cuentan que al ofrecerle el cargo a su vice, Pence, Trump le adelantó que su rol será salir al mundo, entrevistarse con mandatarios, cumplir con las tareas que hasta hoy cumplieron los mandatarios estadounidenses.

Cuando Pence le preguntó qué haría él entonces, Trump le contestó: "me voy a dedicar a hacer maravillosa a América otra vez".

Este reconcentrarse en el ámbito local es un llamado de atención para el sistema político de Washington, que en pleno -tanto demócratas como republicanos- le dio la espalda al nuevo presidente electo.

Donald Trump ganó con el único apoyo de unos pocos dirigentes (el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, entre otros), mientras que Clinton tuvo el apoyo del mundo intelectual, de los grandes ídolos de Hollywood, de cineastas y pensadores, pero sobre todo de todo Washington DC. y a los grandes medios de comunicación

Trump, nacido en Queens hace 70 años, perdió en su distrito, pero le ganó a todos.

Construyó su fama a lo largo de las últimas cuatro décadas por sus extravagancias, sus lujos y mujeres, y especialmente por sus once años al frente del reality show empresarial "El aprendiz", en el que Donald decidía qué postulante a millonario seguía o no en el show.

Anoche en Nueva York los partidarios de Trump salieron a las calles con remeras con la frase "Estás despedido" en relación a las castas políticas de Washington que quedaron silenciadas por el resultado de las urnas.

BOFETADA A OBAMA

La increíble victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos representa una cruel bofetada para Barack Obama, que llegó a la Casa Blanca enarbolando un mensaje de esperanza y la promesa de un país reconciliado.

Obama había puesto todo el peso de su carisma -y también el de su esposa, Michelle- para impulsar la candidatura de su ex secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Más allá del choque clásico entre demócratas y republicanos, el éxito del polémico millonario de 70 años es un hecho doloroso para Obama.

Porque el resultado sugiere que este gobernante intelectual, sereno y lógico, que esgrime sin descanso un optimismo contagioso y llamaba a no ceder al cinismo, no supo leer a una parte enorme de la población estadounidense, sus miedos, sus angustias.

Se trata de la población fundamentalmente blanca que quedó a un costado de la ruta, abandonada por el torbellino de la globalización y por una sociedad que evoluciona demasiado rápido para ella.-

En este escenario, Obama terminará su presidencia con la popularidad por todo lo alto, pero la derrota de Clinton abre la puerta a interrogantes concretas sobre el balance de su gobierno.

Durante la campaña, Obama había clasificado a Trump como un peligro para la democracia, y a partir del 20 de enero tendrá que dejarle las llaves de la Casa Blanca.

"Es la democracia misma que está en juego (...) La tolerancia está en juego. La cortesía está en juego, así como la honestidad y la igualdad", dijo el mandatario en la contienda electoral.

A su vez, Trump ya adelantó que pretende eliminar de un plumazo los logros más emblemáticos del gobierno de Obama: el nuevo sistema público de salud (Obamacare), los acuerdos contra el cambio climático y la asociación con países del Pacífico.

Más allá de las diferencias políticas, es difícil imaginar dos personas públicas más diferentes que Obama y Trump.

Obama es hijo de un keniano y una estadounidense, y se abrió camino hasta las prestigiosas universidades de Harvard y Yale. Trump heredó los millones de su padre y creó un imperio apoyado en hoteles, casinos y beneficios fiscales.

Obama tiene la oratoria ejercitada como profesor universitario de derecho constitucional y se inclina por los razonamientos largos. Trump es impulsivo y tiene la retórica del empresario, con frases cortas, contundentes, muchas veces agresivas y vulgares.

- Diferencias en el terreno personal -
En 2011, Trump no era candidato a la Casa Blanca pero ya era conocido por disfrutar de las atenciones, las polémicas y las teorías de complot.

Durante meses Trump alimentó una campaña que cuestionaba la nacionalidad de Obama, sugiriendo que el primer presidente negro en la historia del país pudo haber nacido fuera de las fronteras.

Harto de esa campaña Obama dijo: "No tenemos tiempo para ese tipo de estupideces" y terminó por convocar una conferencia de prensa para mostrar su certificado de nacimiento.

Pocos días más tarde, durante una cena de la Asociación de los Corresponsales ante la Casa Blanca, Obama percibió la presencia de Trump entre los comensales y no dejó pasar la ocasión.

"Donald podría interesarse en problemas reales. Por ejemplo, ¿Hemos fingido la llegada del hombre a la luna?", dijo el presidente, en medio a una carcajada generalizada.

Cinco años más tarde, Obama se apresta a la ceremonia en que cederá el famoso Salón Oval a un empresario que durante años movió una campaña de rumores de corte racista en su contra.

 

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