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La lucha sin fin contra el tráfico ilegal de oro en Guyana francesa

"Aléjense, vamos a proceder a la destrucción". En medio de la selva, en el norte de Guyana francesa, los militares queman material abandonado por los buscadores de oro.

"Aléjense, vamos a proceder a la destrucción". En medio de la selva, en el norte de Guyana francesa, los militares queman material abandonado por los buscadores de oro.

Militares, magistrados y gendarmes mantienen una lucha sin fin contra los traficantes de oro, que arrasan la selva amazónica con trozos deforestados cubiertos por pozos de agua profundos, pútridos e impregnados de mercurio.

Al remontar el río Sparouine, los soldados del 9º Regimiento de Infantería de Marina (RIMA) ven huir a los buscadores de oro, advertidos por colegas ubicados en la desembocadura del río en el Maroni.

Sólo dos serán capturados. Pero, por no haber sido sorprendidos en flagrante delito, los brasileños, sin dinero y sin documentación, serán liberados.

- Definir la importancia del sitio -

"Esta manera de proceder da buenos resultados", explica el sargento jefe Olivier (cuyo apellido no puede ser difundido), que dirige la operación. "Si se destruye el material y los hombres regresan, es porque le dan importancia al sitio", añade.

Él y cuatro de sus soldados se hunden en el agua para recuperar el material escondido. Es mejor no preguntar sobre el riesgo para la salud. Sin sumergir el rostro, buscan y encuentran dos bombas mecánicas y un motor, que luego serán destruidos.

Una mujer observa desde la orilla una escena ya vivida. Cocina al mediodía, sin duda mantiene relaciones sexuales con los mineros artesanales por la noche y recibe oro a cambio.

"He visto una cama con dosel, un mosquitero y condones por todas partes", explica Laura, oficial de la policía judicial de la gendarmería. "A veces nos topamos con un campamento con cocina, heladera y hasta generador eléctrico", añade.

A unos cientos de metros de allí, en la selva, los militares se instalan en el excampamento de los buscadores de oro. Juguetes de niños, un pequeño zapato, una muñeca: una comunidad vivía allí y huyó. Pero regresarán cuando los militares partan.

- Salario miserable -

Otros dos hombres y dos mujeres permanecieron y conversan con los gendarmes. "No son personas agresivas", afirma el sargento Olivier. Algunos mineros artesanales no son conscientes de que están haciendo un trabajo ilegal. Trabajan duro para recuperar oro y a cambio reciben un salario miserable, explica.

Es muy diferente de la realidad que viven las personas que transportan el oro y el material necesario para extraerlo. "Los hombres que llevan el oro del lugar de extracción al punto de embarque" no tienen mayor peso, explica el sargento Olivier. En cambio, los depositarios de un cargamento que puede alcanzar un valor de 5 o 6 dígitos "ellos sí son susceptibles de oponer resistencia", precisa.

La lucha parece desigual entre los 8.000 a 9.000 mineros ilegales, en su mayoría brasileños, y los militares y gendarmes franceses.

El fiscal de Guyana, Samuel Finielz, reivindica una acción incansable pero limitada. "Es muy difícil arrestar al que dirige el sitio. En general se detiene a hombres que realizan el trabajo", admite.

Las estimaciones, imprecisas, dan cuenta de 10 toneladas de oro extraídas cada año. Pero Francia incautó solamente tres kilos desde enero de 2021.

- Mantener el esfuerzo -

Del otro lado del río Maroni, en Surinam, comerciantes de origen chino proponen las herramientas para la busqueda del metal: lanzaaguas, motobombas, sedazos para clasificar las pepitas. Todo aquí también se paga en oro.

"Se privilegia la detención y destrucción de los medios más que el arresto de los individuos", explica el fiscal.

Solamente 54 mineros artesanales han sido encarcelados desde el 1 de enero. "El tráfico de oro es una actividad que continúa sin fin", admite el fiscal, que describe a un adversario que se siente muy cómodo en las condiciones extremas de la selva amazónica, que los soldados llaman "la profunda", en una mezcla de miedo, respeto y fascinación.

En los últimos dos años, el precio oficial del metal amarillo subió y esto da lugar a un aumento de la búsqueda ilegal de oro.

Dejar de luchar sería condenar la selva amazónica, a sus ribereños, sus especies vegetales y sus animales. "Francia está obligada a mantener este esfuerzo para evitar que aumente el número de mineros artesanales, y a hacer un esfuerzo aún mayor si quiere que disminuya", explica el fiscal.

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FUENTE: AFP

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