La difícil reconciliación en un pueblo mártir de Malí

¿Cómo seguir adelante cuando todo recuerda a la muerte? En Ogosagu, un pueblo del centro de Malí donde más de 200 de sus 850 habitantes fueron asesinados en dos ataques en dos años, la vida es ahora una pesada carga que hay que soportar.

¿Cómo seguir adelante cuando todo recuerda a la muerte? En Ogosagu, un pueblo del centro de Malí donde más de 200 de sus 850 habitantes fueron asesinados en dos ataques en dos años, la vida es ahora una pesada carga que hay que soportar.

En el barrio fulani del pueblo, que fue atacado por hombres que dicen defender a la etnia dogon, las huellas de la doble masacre están por todas partes.

Las ruinas de las casas destruidas se alzan entre la hierba alta y un mortero de madera carbonizado es testigo de la violencia de marzo de 2019 y febrero de 2020.

Grupos de hombres armados llegaron y volvieron a sembrar la muerte en uno de los últimos pueblos de la región donde aún viven los fulani.

Los demás habían huido de estos conflictos relacionados con las tierras entre pastores y agricultores, etnias fulani, bambara y dogon, dejando atrás aldeas fantasmales.

El centro de Malí es uno de los principales focos de violencia del Sahel, con la presencia de yihadistas, grupos de autodefensa, bandoleros e incluso las fuerzas regulares.

Las fuerzas malienses y de la ONU han sido señaladas por su incapacidad para evitar que se repitan horrores como el de Ogosagu.

Ahora hay soldados malienses y fuerzas de paz de la ONU apostadas entre los barrios de Ogosagu-dogon y Ogosagu-fulani, separados por unas decenas de metros.

Los fulani, que viven junto a fosas comunes excavadas a toda prisa, son constantemente acosados por sus vecinos dogones, que los acusan de ser cómplices del grupo yihadista afiliado a Al Qaeda en la zona.

- Perro perdido -

Los fulanis quisieron irse después de la segunda masacre. Pero en los meses posteriores al 14 de febrero de 2020, "el ejército impidió que la gente huyera, habría sido un fracaso para el Estado que no hubiera ni un solo fulani", dice un cooperante que trabaja en el pueblo, hablando bajo condición de anonimato para no comprometer su trabajo.

Los soldados malienses también han sido acusados por la ONU de violar a las mujeres fulani supervivientes.

El año 2020 fue largo para los fulanis. Ninguno de ellos podía salir del pueblo para cultivar sus campos o ir al mercado.

Tenían demasiado miedo a que les mataran en la carretera, a pesar de la apariencia pacífica del monte que rodea el pueblo hasta el horizonte.

"Era una prisión al aire libre", dice Jens Christensen, director regional danés de la Minusma, la misión de la ONU en Malí.

La tensión era tal que en marzo, los soldados tuvieron que intervenir para separar a los dogones y a los fulanis cuando un perro dogon cruzó de un barrio al otro.

En septiembre de 2020, Jens Christensen y su equipo iniciaron un proceso de mediación, que culminó el 8 de octubre con la firma de un acuerdo.

El pacto compromete a los habitantes de Ogosagu y de diez pueblos de los alrededores a sentar las bases de la reconciliación: los fulani y los dogon deben visitarse mutuamente, aceptar la libre circulación y no atacarse.

Este acuerdo ha permitido "una tregua, pero es relativa, puede descarrilar en cualquier momento", dice el capitán senegalés André Sébastien Ndione, que dirige la base de la ONU.

Las sonrisas de los niños que alegran el ambiente no son suficientes para desmentir las profundas fracturas que todavía subsisten.

La justicia por las masacres, que no ha avanzado desde hace dos años, sigue siendo la gran ausente.

"Si la situación no está todavía completamente estabilizada, es evidente que ha cambiado mucho", declaró el jefe de la Minusma, El-Ghassim Wane, que decidió "mantener por el momento" la presencia de una base temporal de la ONU.

ah/lal/jg/mas/pc

FUENTE: AFP

Temas de la nota

Dejá tu comentario