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IDENTIDAD URUGUAYA

Homenaje a Alfredo Zitarrosa a 90 años de su nacimiento: la voz que marcó para siempre el ADN cultural de Uruguay

Alfredo Zitarrosa murió en 1989, con apenas 52 años, pero su voz nunca se fue porque más que un cantor, Zitarrosa fue —y sigue siendo— una manera de decir el Uruguay.

Alfredo Zitarrosa nació en Montevideo el 10 de marzo de 1936. Su infancia estuvo atravesada por distancias, cambios y dificultades familiares.

Antes de convertirse en cantor popular, Zitarrosa fue hombre de radio. En los años cincuenta trabajó como locutor y periodista, escribió en prensa y desarrolló una relación muy particular con la palabra: con su peso, su cadencia y su silencio.

Esa formación sería clave para lo que vendría después.

Porque cuando a comienzos de los años sesenta comenzó a cantar, el público descubrió una voz distinta: grave, pausada, casi ceremonial, capaz de transformar milongas y canciones criollas en relatos cargados de emoción.

Con obras como Milonga de Pelo Largo, Adagio en mi país, Doña Soledad, El violín de Becho, Crece desde el pie, Pa’l que se va…Zitarrosa ayudó a construir una idea de canción popular profundamente ligada a la identidad uruguaya.

Durante la dictadura debió exiliarse y su música fue prohibida, pero sus canciones siguieron circulando y se transformaron en un símbolo cultural para miles de uruguayos.

Regreso

Su regreso en 1984 y los recordados conciertos en el Estadio Centenario marcaron uno de los momentos más emotivos del final de la dictadura.

Alfredo Zitarrosa murió en 1989, con apenas 52 años, pero su voz nunca se fue porque más que un cantor, Zitarrosa fue —y sigue siendo— una manera de decir el Uruguay.

Una voz nacida en la radio, forjada en la milonga y en la poesía popular, que con el paso del tiempo terminó convirtiéndose en algo todavía más profundo y duradero: la voz que marcó para siempre el ADN cultural del país.

En 1984, cuando Uruguay transitaba los últimos meses de la dictadura militar, el regreso del cantor Alfredo Zitarrosa se transformó en uno de los momentos culturales y emocionales más fuertes de la época.

Zitarrosa se había exiliado en 1976. Durante esos años vivió en Argentina, España y México, mientras en Uruguay su música estaba prohibida y sus discos habían desaparecido de las radios.

Pero el clima político comenzaba a cambiar y, tras ocho años fuera del país, el cantor pudo finalmente volver.

Su llegada a Montevideo fue recibida por miles de personas en el aeropuerto, en una escena que muchos recuerdan como un anticipo del regreso de la democracia.

Pocas semanas después llegó otro momento histórico: sus conciertos de regreso en el Estadio Centenario, realizados en mayo de 1984.

Durante varias noches, decenas de miles de personas colmaron el estadio para reencontrarse con una voz que había acompañado la memoria cultural del país incluso en los años más duros.

Canciones como Adagio en mi país, Doña Soledad y fragmentos de Guitarra negra fueron coreadas por un público que transformó esos recitales en algo más que un espectáculo musical.

Porque el regreso de Alfredo Zitarrosa no fue solamente el retorno de un artista.

Para muchos uruguayos, aquellas noches en el Centenario simbolizaron también el regreso de una voz colectiva que había sobrevivido al silencio del exilio y la censura.

ZITARROSA VUELTA A URUGUAY

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