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En 2002 Uruguay se salvó "del abismo" porque supo "cumplir"

Jorge Batlle admitió en una entrevista con Efe que Uruguay estuvo "al borde del abismo", que se libró de él porque supo "cumplir" con sus acreedores.

 

El próximo lunes se cumple el décimo aniversario de la promulgación del decreto con el que Batlle cerró los bancos de Uruguay durante una semana, en el momento culminante de aquella crisis. 

Para el ex presidente, que además es abogado y periodista, hubo varios factores detrás de aquel fatídico 30 de julio, conocido como el "martes negro" y que derivó en un corralito.  

El principal fue la suspensión de pagos de Argentina de 2001 y sus efectos en los 8.000 millones de dólares argentinos depositados en Uruguay, recalca el mandatario, que se hizo famoso por llamar "ladrones" a los argentinos y disculparse después con lágrimas en los ojos.  

También jugaron en contra, la declaración, aquel mismo año, de un foco de aftosa que hundió la exportación de la carne y previamente la devaluación del real brasileño en 1999.  

Batlle recuerda que cuando se cerraron los bancos en la otra orilla del Río de la Plata, aquellos argentinos que habían apostado por la banca uruguaya debido a su fiabilidad y al secreto bancario causaron "una corrida muy profunda que duró cuatro meses", todo un "récord" en la materia.  

"Al caer la tarde, recibía las noticias del Banco Central del Uruguay diciéndome 'hoy perdimos 70 millones, al día siguiente 90 millones", relata.  

En enero de 2002 el Banco Central del Uruguay intervenía el Banco Comercial, el segundo mayor del país, por denuncias de estafa y blanqueo de dinero contra sus accionistas, los hermanos Carlos y José Rohm, causantes también de la caída del Banco General de Negocios (BGN), del vecino país.  

Aquel capítulo derivó en lo que para Batlle fue "el peor momento" de la crisis: el día en que David Mulford, el representante del Credit Suisse, uno de los bancos extranjeros asociados con los Rohm, le comunicó que "no podían enfrentar la situación del Banco Comercial". 

"Yo le dije que le había puesto al Uruguay una pistola en la nuca" y luego "le dije que iba a hacer todo lo posible por ponerlo preso", narra el exgobernante.  

En febrero fue intervenido el Banco Galicia Uruguay, filial del Galicia Argentina, tras perder unos 500 millones de dólares en dos meses. En julio renunciaba el ministro de Economía, Alberto Bensión, paso previo al "Martes negro", que provocó los primeros saqueos de comercios, aunque con menor fuerza que en Argentina.

"La sociedad uruguaya reaccionó con mucha comprensión porque para empezar no hubo indignados, no hubo millares y millares de personas sentadas en la plaza", se vanaglorió Batlle, pese a admitir también que su país estaba en aquellos momentos "al borde del abismo".  

La crisis dejó en la pobreza al 38% de la población, en la indigencia al 4% y en el desempleo al 20%.  

Para superar aquel mal trago fue determinante la relación de Batlle con su homólogo estadounidense, George W. Bush, de quien consiguió el anticipo de los 1.500 millones de dólares del crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) que permitiría al país comenzar a ver la luz al final del túnel.  

"Yo recibí una presión muy fuerte del Fondo Monetario para declarar default (suspensión de pagos)" pero "me negué absolutamente a hacerlo" porque "nuestra situación era de liquidez, no era de solvencia", asegura el exmandatario, que en ese aspecto ve analogías entre la crisis uruguaya y la española actual.  

Batlle está convencido que la imagen de seguridad jurídica uruguaya fue a la postre su tabla de salvación."En el himno uruguayo repetimos 16 veces, sabremos cumplir. La única fuerza que tiene Uruguay es que siempre ha cumplido y siempre ha tratado de vivir dentro de las normas y respetarlas", recalcó.  

Asegura que su Gobierno "no fue contra los depositantes, sino a favor de ellos", porque "los depósitos a la vista" fueron devueltos "absolutamente todos" y "lo que no estaba a la vista se fue devolviendo con plazos y con intereses". 

Menos suerte corrieron los tenedores de bonos en el Banco de Montevideo, intervenido por el BCU el 21 de junio tras descubrirse que sus dueños, los hermanos uruguayos Peirano, habían cometido un millonario fraude valiéndose del desvío de fondos a paraísos fiscales.

EFE

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