Hablamos de automedicación, como la práctica de tomar medicamentos que no han sido prescriptos por el médico.
El problema de la automedicación
Hablamos de automedicación, como la práctica de tomar medicamentos que no han sido prescriptos por el médico.
Se trata de un fenómeno de creciente incidencia social, que se manifiesta en cualquier época del año, pero cuando llega el invierno, y junto a él gripes, enfriamientos y catarros, su incidencia es aún mayor.
En esta época, los antibióticos lideran el uso inadecuado así como los analgésicos y los antigripales.
Vivimos sin lugar a dudas en una sociedad que fomenta la automedicación y muchos son los factores que inciden.
Sociales: como la presión de amigos ó familiares que nos ofrecen una alternativa para la solución de nuestros problemas de salud basados en su propia experiencia.
También influye el bajo nivel de instrucción en personas que pueden ignorar por completo el riesgo que implica la automedicación.
Otro factor es el económico, ya que ir al consultorio significa un gasto en dinero, locomoción y espera, sobre todo si no se dispone de tiempo.
Y también la publicidad, que influye no solo en el consumidor sino a veces en el médico y con información sesgada que incita al consumo.
Es importante en este tema tomar conciencia de los peligros que puede acarrear esta costumbre.
Se abusa de los antibióticos para enfermedades que son de causa viral y esto como se sabe ayuda a la resistencia bacteriana.
Se dice habitualmente que "un resfrío con medicamentos dura siete días y sin medicamentos una semana" y no es broma.
La reacción inflamatoria y de defensa del organismo es el que ocasiona la mayor parte de los síntomas y es inevitable, luego hay que asumirlo y procurar que los medicamentos no ocasionen más problemas que los propios síntomas, aunque la propaganda diga lo contrario.
En cuanto a analgésicos el uso indiscriminado por ejemplo de paracetamol puede ocasionar daños importantes en el hígado.
El ácido acetil salicílico mal empleado puede causar hasta hemorragias digestivas.
Y cuidado con el uso indiscriminado de antigripales que son un combo de analgésicos, antialérgicos, cafeína etc. que pueden subir la presión, dar taquicardia y somnolencia entre otras cosas.
Debemos insistir en que siempre los más vulnerables son los más pequeños y los adultos mayores.
¿Qué se puede hacer para revertir esta situación?
Para empezar, limpiar el botiquín de casa.
Seguro que muchos medicamentos que se guardan ya no son necesarios, están vencidos ó no se sabe para qué sirven.
La educación y la información son fundamentales.
No se debe suplantar al médico, y hay que prestarle atención en lo que refiere a dosis, duración de los remedios y acostumbrase a leer los folletos de las cajas.
Por último no existe ningún medicamento inofensivo, cada persona se trata de manera diferente y responde de manera diferente a un mismo remedio por lo tanto cualquier negligencia puede derivar en graves enfermedades.
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