Los cadáveres de los 43 estudiantes de magisterio (normalistas) asesinados en Iguala por asociación de narcos, policías y autoridades locales fueron quemados en fosas comunes.
¿Cómo fue el asesinato de los 43 estudiantes en México?
Al día siguiente, los sicarios encargados del operativo volvieron al lugar para juntar las cenizas, embolsarlas y tirarlas al mar. Para matarlos se apoyaron en su impunidad a prueba de balas, pero sobre todo jaciendo pasar a los rebeldes muchachos como miembros de un incipiente cartel rival llamado “Los Rojos”.
A medida que pasan las horas, los testimonios son cada más terribles. Ahora salió a luz una grabación de los asesinos comentando los pormenores de la ejecución.
¿Por qué los asesinaron? En junio del año anterior, tras el asesinato y tortura del líder campesino Arturo Hernández Cardona, los estudiantes habían culpado del crimen al alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez. En aquella ocasión atacaron el ayuntamiento.
Esta vez se suponía que harían campaña de finanzas por el centro de la ciudad, además de señalar con el dedo a las autoridades.
En conocimiento de que volverían a protestar, Abarca y sobre todo su esposa María de los Ángeles Pineda decidieron ponerse manos a la obra contra los revoltosos.
Pineda no es cualquier esposa: ese 26 de setiembre, el día de las ejecuciones, ella planeaba iniciar su campaña como regidora en el Zócalo de Iguala.
Ella era la responsable del ascenso político y social de su esposo. Su vínculo como administradora de la mafia narco local conocida como Guerreros Unidos. Su madre había sido parte de la creación del cartel y sus hermanos, los responsables de la estructura militar del grupo, creado para enfrentarse con los Zetas y la Familia Michoacana. Los Pineda fueron íntimos de Arturo Beltrán Leyva, el jefe de jefes.
Aquella noche los estudiantes -provenientes de la Escuela Normal de Ayotzinapa- fueron interceptados por la policía municipal, con apoyo de agentes de la localidad vecina de Cocula.
El operativo comenzó con mano dura. La mayoría de los jóvenes fueron subidos a vehículos y llevados a la comandancia policial.
Según El País de Madrid, el jefe de los sicarios, Gildardo López Astudillo, avisó al líder supremo de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias Salgado. En sus mensajes le informó de que los responsables de los desórdenes de Iguala pertenecían a Los Rojos, la organización criminal contra la que libraban una salvaje guerra. Sidronio dio orden de "defender el territorio".
Los estudiantes fueron recogidos por agentes de Cocula, quienes, cambiando las placas de sus matrículas, les entregaron a los liquidadores del cartel en la brecha de Loma de Coyote.
Hasta entonces había una quincena de heridos y dos o tres muertos por el fuego abierto durante el primer arresto. Algunas de las victimas ni siquieran eran del grupo de normalistas: eran simples personas que estaban en el momento y lugar equivocados.
¿Quién los mandó? ¿Qué están haciendo aquí, preguntaban.
Acabado el interrogatorio, recibían un tiro en la cabeza. El comando de sicarios estaba integrado por Patricio Reyes Landa, El Pato; Jonathan Osorio Gómez, El Jona, y Agustín García Reyes, El Chereje.
Luego prepararon una inmensa pira en aquel basurero. Sobre una cama de piedras circular, apiñaron primero una capa de neumáticos y luego otra de leña. Ahí encima colocaron los cadáveres. Los rociaron de gasolina y diésel.
Pasadas las cinco de la tarde, tras arrojar tierra encima, se acercaron a los restos. Los desmenuzaron y los metieron en ocho grandes bolsas de basura negras. Al atardecer, los asesinos abandonaron el paraje. En su viaje de vuelta, arrojaron las bolsas a la corriente del río San Juan.
La situación ha generado protestas en todo el país.
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