Ashton Kutcher hospitalizado por seguir la dieta de Steve Jobs
Ser un actor de método no es para todo el mundo. Robert de Niro subió 30 kilos para interpretar a Jake La Motta en “El Toro Salvaje” y Christian Bale bajó 20 kilos hasta quedar casi exhausto para interpretar “El maquinista”.
En busca de que lo tomen en serio como actor, el comediante Ashton Kutcher no quiso perder la oportunidad de ir un poco más lejos de lo recomendable para interpretar el genio loco de Steve Jobs, el amo de Apple.
No sólo estudió por horas sus gestos y personalidad, sino que además quiso reproducir durante el rodaje el estilo de vida para “sentir” el personaje. Casi 100 horas de video fueron vistas por el actor para “sacar” al problemático Steve, famoso por sus desplantes y crueldad a la hora de conseguir sus objetivos.
Dos días antes de comenzar el rodaje, Kutcher debió ser hospitalizado con dolores terribles en el abdomen. ¿La razón? Intentar seguir la dieta de Jobs basada exclusivamente en frutas y granos puede resultar peligrosa, dice el actor y pide al público que no siga el sistema alimenticio del gurú informático fallecido a causa de un cáncer de páncreas.
El hecho toma estado público en la presentación de "Jobs" en el Festival de Cine independiente Sundance, al que concurrió el artista, de 34 años, para participar del lanzamiento oficial.
La película ha recibido críticas y elogios exagerados, en especial para Kutcher, quien cubre con su humanidad 30 años de la histoira de uno de los hombres que realmente ha cambiado la vida de millones de personas, y todo a partir de un negocio: la creación de objetos de tecnología que calzan como un guante y exhiben una hermosura inusual.
La película está basada en la biografía del periodista Walter Isaacson, el profesional al que Jobs le abrió toda su intimidad en los últimos años de su vida. Le facilitó contacto con amigos y enemigos, y hasta le dejó estar en primera fila durante su agonía, que concluyó en octubre de 2011.
La vida de Jobs no resultó fácil. Fue abandonado por sus padres siendo bebé y ya siendo una celebridad pudo conocer a su hermana biológica, la escritora Mona Simpson. Isaacson pudo comprobar las increíbles simetrías con su padre biológico, un administrador de restoranes, estadounidense pero de origen iraní, a quien no quiso conocer personalmente pero del que estuvo muy ceca sin saberlo.
No sólo le dio absoluta libertad de acceso a la información a su biógrafo. Jobs lo alentó a mostrar sus facetas más oscuras como ser humano, sus fracasos empresarios, la dura relación con su primera hija (a la que primero abandonó, tal como hicieran sus padres con él), sus relaciones afectivas (Joan Báez incluida), las miserias de su relación con el tro totem informático Bill Gates, así como los locos años de drogas y meditación trascendental.
Esta fiebre por la “applemanía” en el cine hará que pronto haya otra película sobre el gran Steve, un perfeccionista del diseño, un empresario con una visión extraordinaria, pero también un ser humano con grandes defectos.
Alguien que lo conoció muy bien, Steve Wozniak, criticó la película “Jobs” y señaló que la obra está plagada de inexactitudes, tanto en el enfoque, como en diálogos, y en particular en cómo se lo presenta a él.
Wozniak fue el primer socio de Jobs. Era la otra cara de él. Mientras Woz -así era conocido en los garages de San Francisco en los 70 y 80- era un partidario del software libre, Jobs quería sistemas operativos cerrados.
Parte de esa discusión los separó dentro de Apple. Sin embargo, fueron una dupla imbatible, los Lennon-McCartney de la informática. Wozniak era el genio que hizo portables las computadoras, mientras que Jobs fue el creador de los hermosos objetos de la “manzana”, la mente que hizo de la marca un estilo de vida.
Las discrepancias de Woz respecto a la historia oficial sobre Apple y en particular sobre su relación con Jobs -con quien estuvo distanciado durante años, lo acercó al segundo proyecto cinematográfico.
De hecho, en 2006, escribió su propia historia de los hechos en un libro al que tituló iWoz, en obvia alusión al nombre de los productos Appe, y también -por qué no- al apelativo que había recibido Jobs en el mundo tecnológico: iGod.
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