2014: los desafíos de la economía
Uruguay acumulará en 2014 doce años consecutivos de crecimiento. El gobierno prevé un aumento del PBI del 4%, los analistas privados lo ubican más cerca del 3%. Lo que al comienzo fue un proceso de recuperación para salir de la dura crisis 1999-2002, se transformó luego en un ciclo de avance contundente. Para muestra, digamos que el salario real está en su máximo nivel en casi 40 años.
Las razones del avance siempre son sujeto de legítimas polémicas políticas, pero hay transformaciones innegables. Una es que –hoy- lo que producimos vale. Después de décadas en las que los precios de los productos del agro estaban deprimidos, y sus mercados eran bastardeados permanentemente por subsidios y barreras proteccionistas, ahora estos productos tienen una fuerte y sostenida demanda, mientras los subsidios y barreras comerciales han ido cayendo (en algunos casos, por el propio esfuerzo del país). Así, se expandieron la agricultura, la forestación y la ganadería.
Por otra parte, hoy los uruguayos pagamos impuestos de una manera muy distinta a la de 10 o 15 años atrás. La reforma tributaria y el propio crecimiento de la economía han hecho que los impuestos a la renta (personal y empresarial) tengan un peso mucho mayor que antes (pasaron de 15 a más de 30% de la recaudación total). Los que más ganan por su trabajo, pagan más y en mayor proporción.
A su vez, baja la evasión, todo lo cual resulta más justo y equitativo. Combinado esto con el aumento del ingreso nacional y políticas sociales que han enfatizado en mejorar los ingresos de los más pobres, el mercado interno ha tenido una expansión histórica, en paralelo a la exportación. Se acumulan shoppings y plantas de celulosa.
En este contexto, hay una preocupación por seguir avanzando en términos de equidad social, de forma que la distancia entre los que más ganan y los que menos, no sea tan grande. Uruguay avanzó mucho en este plano y puede seguir haciéndolo. Pero hay otra equidad, que es necesario tener en cuenta: la que debe haber en el esfuerzo de todos los sectores de la economía, y todos sus trabajadores, para que no haya algunos que tiran del carro mientras otros son más lastre que empuje.
Hoy, como dijimos, los que ganan más pagan más, y reclaman con más vigor que el dinero que aportan se gaste en forma efectiva. Y la productividad del gasto público aún no es buena en muchas áreas (salud, educación, etc.). No son asuntos que cambien de un año para otro: un sector económico (software, industria, etc.), puede tener un cambio fuerte en pocos años, pero la educación o la salud, se transforman con procesos largos. Aún así, los avances han sido más lentos y frustrantes de lo esperado y deseable.
¿Cómo sigue la historia en 2014? En los últimos meses -en una curiosa combinación de pronóstico económico y meteorológico- se han dado fuertes discusiones acerca de dónde viene el viento externo: si de frente o de cola. A no engañarse: desde el exterior, casi todo lo que ha sucedido nos ha beneficiado. Porque la crisis financiera de 2008 derivó en un ciclo de varios años con tasas de interés casi nulas en el mundo, lo que generó una gran afluencia de capitales al Uruguay; aquí el país tiene mérito propio, pero captando una oportunidad que llega desde fuera.
Hoy los vientos cambian: Argentina devalúa y nos tranca los puertos, Brasil crece poco y las tasas de interés comienzan a subir. Estos cambios en el escenario externo encuentran al Uruguay mucho mejor, aunque aún con flancos débiles (baja productividad en ciertos sectores, déficit fiscal y de cuenta corriente, baja competitividad-precio), lo que genera incertidumbre.
Por ser año electoral el 2014 da poco espacio para decisiones de fondo, más allá de que el gobierno de José Mujica pretende dejar encaminados varios proyectos relevantes (Aratirí, regasificadora, etc.). Inevitablemente, las decisiones de fondo quedarán para el gobierno que asuma en 2015. Porque eso sí en Uruguay es predecible: elecciones y democracia.
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