El hallazgo de una fosa con dos cadáveres en el barrio El Tobogán abre un caso policial con derivaciones donde todos los involucrados tienen entre 17 y 22 años, y el trasfondo es el narcotráfico y el sicariato.
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Sicarios de pareja paraguaya estarían detrás de cuerpos hallados en basural
Continuaban hoy en el segundo día de trabajo bomberos y policía extrayendo de los basurales del fondo del barrio El Tobogán restos humanos, seguramente pertenecientes a dos jóvenes de 18 y 19 años, desaparecidos hace 9 meses. De ser ellos, los cuerpos prueban que fueron secuestrados, torturados y asesinados. Los investigadores creen que los autores formarían parte de una banda rival y que los hechos habrían ocurrido en una casa de la Cachimba del Piojo.
La clave en esta historia es la obtención de pruebas que sustenten los testimonios de los testigos que han ido apareciendo y deponen ante la jueza Odriozola, y así poder inculpar a los autores materiales e intelectuales de estos dos crímenes.
La investigación abarca a cuatro personas más que se han reportado como desaparecidas y la policía cree que podrían haber sido victimas de estos sujetos.
Testigos en distintos momentos de estos hechos señalaron a “el Oreja Donato”, “el Gárgola”, “el Manolo “ y “el Tulita” como responsables de estos hechos.
Todos ellos están presos por distintos delitos de gravedad.
Entre otros, están vinculados a los crímenes del joven que estaba con su sobrino en brazos cuando su casa fue baleada muriendo el joven y el bebe, y el asesinato de la pareja de paraguayos en la avenida Giannattasio. Estos casos se vincularon por el uso de la misma arma.
Un joven arrepentido aportó información a un periodista policial de El País, que fue clave en el desarrollo del caso.
Este periodista confirmó sus dichos y publicó una nota que dio elementos a la policía y a la jueza para ingresar de lleno al caso, y buscar y encontrar los cuerpos de quienes casi seguro son Jorge Cotelo de 18 años y Emiliano González, de 19, asesinados 9 meses atrás.
Según lo que se ha podido saber, fueron secuestrados y torturados para después ser asesinados y sus cuerpos quemados.
Una tercera muerte fue la del entregador de estos dos a los asesinos. Un día después apareció acribillado a balazos y su cuerpo prendido fuego, según suponen, para encubrir el crimen.
No llegó siquiera a probar lo que le dieron por entregar a los dos jóvenes a sus matadores: 1 kilo de pasta base.
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