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Nieto de jefe de guerra afgano Hekmatyar busca reconciliación con enemigo de la familia

Nieto de uno de los más temibles 'señores de la guerra' afganos, e hijo de un político encarcelado y torturado por las fuerzas estadounidenses, Obaidulá Baheer se apresta a enseñar el arte de la reconciliación al enemigo de su familia.

Nieto de uno de los más temibles 'señores de la guerra' afganos, e hijo de un político encarcelado y torturado por las fuerzas estadounidenses, Obaidulá Baheer se apresta a enseñar el arte de la reconciliación al enemigo de su familia.

En vísperas de comenzar a impartir su curso de Justicia Transicional en la American University of Afghanistan (AUAF), no oculta para nada su cariño hacia su abuelo Gulbuddin Hekmatyar, apodado "el carnicero de Kabul".

"La gente me pregunta cómo puedo seguir queriendo a mi abuelo (...) ¿Pero, acaso podemos dejar de amar a nuestra familia? Solamente intento que nuestro mañana sea mejor", destaca.

Con 31 años, alto y esbelto, gafas de fina montura metálica y un mechón rebelde, se ha mudado por primera a Kabul, en momentos en que las fuerzas estadounidenses se retiran tras veinte años.

Nacido poco antes de la guerra civil, se crió en el vecino Pakistán.

Fue en esa época en que su abuelo Gulbuddin Hekmatyar, fundador de Hezb-i-slami, primer ministro y rival de su ministro de Defensa, Ahmad Shah Massud, recibió su poco glorioso apodo.

- Excusas -

Obaid --nombre de pila que utiliza-- Baheer no esquiva, pero no tiene la intención de asumir la responsabilidad de esos actos, y aún menos la culpa. Pero, no duda en disculparse por un pasado que no es el suyo.

"En una conferencia en Kabul, hablaba sobre mi infancia en el exilio, cuando una mujer del público se levantó llorando: '¿cómo te atreves a quejarte? Tu familia mató a mi padre'".

"Qué podía decirle (...) que lo siento mucho. Que no soy el responsable de su dolor, pero que es la nación quien le debe una disculpa", explica.

"Es la parte más triste de la idea de la reconciliación, tienes que dejar detrás tu pasado para comenzar nuevamente", señala, en tanto los occidentales completan su retirada.

Éste será el meollo de su curso, trabajar en la transición entre conflicto y paz en un país que ha estado en guerra más de 40 años.

También se propone hacerlo en su relación con los estadounidenses, a los que su abuelo decidió enfrentar inmediatamente, en cuanto llegaron en 2001, y detuvieron a su padre en medio de una noche, cuando tenía 11 años. Se lo llevaron en pijama y lo mantuvieron completamente incomunicado durante más de seis años, y de ese tiempo seis meses en la oscuridad absoluta.

Embajador, después jefe político de Hezb-i-Islami, Ghairat Baheer se casó con la hija mayor de Hekmatyar. Obaid es su segundo hijo.

"Mi padre nunca portó armas", aclara este último.

"Cuando lo liberaron pesaba menos de 50 kg para 1,80 m de estatura", recuerda.

Hoy, el hijo contribuye en la instrucción del juicio a dos psicólogos estadounidenses contratados por la CIA para concebir las torturas aplicadas a los detenidos afganos.

"Admiraba a los yihadistas y odiaba con todas mis fuerzas a los estadounidenses: mi padre decía que eran como 'una fábrica para producir enemigos' (...) Pero entendí que no se trataba de su pueblo", asegura.

"Los que nos odiaban no nos conocían. Todo hubiera sido distinto si hubieran demostrado sensibilidad respecto a nuestra cultura". "Lo mismo vale para nuestros combatientes", añade.

- Estudios en Sídney -

Por este motivo, este buen estudiante eligió Sídney para continuar su formación, pese de la decepción de su padre.

En su Master en Relaciones Internacionales, dedicado a Afganistán, siempre aclaró quién era a sus profesores. Inclusive uno de ellos había servido en Afganistán en filas del ejército australiano. "Soy el nieto de Hekmatyar", decía.

"Mi director de investigación era especialista en Afganistán y temía que yo fuera parcial. Lo tranquilicé: sus posiciones no son las mías y sólo cuentan mis estudios", aclaró.

"Prométeme que volverás", le pidió su abuelo cuando visitó Kabul a fines de 2017, meses después de que Hekmatyar regresara. Y así fue...

"Hekmatyar está muy orgulloso de su nieto", afirma Victoria Fontan, directora de educación de la AUAF, quien lo contrató.

"Sí, está orgulloso (...) Creo que sí. A veces bromea: 'Espero que no digas muchas cosas malas sobre nosotros'. Pero soy honesto con él: no puedes pensar que siempre tienes razón".

Su padre es más reacio, pero el joven argumenta: "déjame elegir quién quiero ser".

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KARDAN

FUENTE: AFP

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