Es 17 de marzo de 2017 y las tropas antiyihadistas avanzan en la ciudad iraquí de Mosul. Los militares se felicitan, pero el mundo se entera horrorizado de los "daños colaterales": más de 100 civiles han muerto en un ataque de un avión de la coalición. Sus allegados siguen esperando explicaciones y compensaciones.
La coalición antiyihadista reconoce haber matado civiles en Mosul. ¿Y ahora qué?
En siete años de guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Irak y en Siria, la coalición internacional liderada por Estados Unidos ha admitido haber matado a más de 1.000 civiles en esos dos países y por primera vez ha revelado, a la AFP, a cuántos iraquíes ha indemnizado: catorce.
Hasta ahora, las víctimas de los bombardeos de la coalición anti-EI y sus familias se han topado con un sistema que puede reconocer sus errores pero que muestra una opacidad que parece pensada para impedirles acceder a la etapa siguiente: las indemnizaciones financieras.
Así, cuatro años después de la matanza del 17 de marzo de la que salió milagrosamente vivo con su hijo -aunque con una pierna amputada a la altura de la rodilla y la espalda llena de quemaduras-, Abdalá Jalil sigue esperando que le expliquen cómo y dónde reclamar una compensación.
"A pesar de toda nuestra experiencia, apenas entendemos qué hay que hacer", admite a la AFP Sarah Holewinski, de la oenegé Human Rights Watch (HRW). "No puedo ni imaginar lo que debe ser para una iraquí que haya perdido a su madre o a su esposo...".
Holewinski subraya que es imposible "encontrar a un responsable estadounidense al que hacerle admitir que fue una de sus bombas la causante" de la tragedia. Pues, en esa guerra -que sobre todo se llevó a cabo desde el aire- no hubo, como en otras operaciones occidentales, comandantes en el terreno a los que dirigirse para pedir una compensación por la pérdida de vidas humanas.
Fue precisamente una de esas bombas estadounidenses la que cambió completamente la vida de Abdalá Jalil, un extransportista, el viernes 17 de marzo de 2017 "a las 08H10 exactamente", en Mosul al Yadida, el "nuevo Mosul" en árabe, en el norte del país.
"Bombardearon y estuve entre los escombros" hasta "eso de las 11H00, cuando oí a los rescatistas", contó a la AFP el iraquí de 51 años.
El desplome del edificio en el que se había refugiado junto a decenas de mujeres, hombres y niños, se saldó con el balance civil más alto de la guerra contra el grupo EI.
"Como mínimo 105 y como máximo 141 no combatientes", según la oenegé Airwars, que cuenta a los civiles muertos en bombardeos en todo el mundo.
Para los iraquíes, el suceso supuso una fuerte conmoción. Pero quedó rápidamente enterrado en el olvido debido al caos.
En 72 horas, antes, durante y después del bombardeo, centenares de otros civiles perdieron la vida en Mosul.
En esos casos, fue difícil determinar de dónde procedían los tiros, en una ciudad de más de dos millones de habitantes en la que cientos de miles de civiles continuaban siendo usados como escudos humanos por los yihadistas; con las tropas iraquíes disparando indiscriminadamente, los yihadistas respondiendo con fuerza y los aviones de la coalición bombardeando sin descanso.
El médico Hassan Wathiq, jefe de medicina forense de Mosul, recuerda la tragedia. "Sacamos 152 cuerpos de entre los escombros" del inmueble en el que se encontraba Jalil y de otros de los alrededores, dijo a la AFP.
Pero los bombardeos continuaron sin descanso y "en los diez o 15 días que siguieron, sacamos un centenar de cadáveres al día", contó.
Tanto para los iraquíes como para el resto del mundo, Mosul era un bastión que había que retomar a toda costa. El grupo EI hizo de esa ciudad su "capital" y fue allí mismo donde había proclamado su "califato".
La tormenta de fuego de la coalición desde el aire era incesante. En tierra, los soldados iraquíes avanzaban y retrocedían conforme iban explotando vehículos y viviendas.
Ese 17 de marzo de 2017, exactamente cinco meses después del lanzamiento de la última gran batalla en Irak, las tropas iraquíes trataban de avanzar por las callejuelas de la ciudad vieja.
Frente a ellas, al oeste, se erigía Mosul al Yadida, con su estación de tren y sus yacimientos de petróleo. Desde allí llegaban los tiros, al parecer, de dos francotiradores.
El ejército iraquí, embarcado en la peor guerrilla urbana de la historia moderna, reclamaba que la coalición llevase a cabo un bombardeo para poder arrebatar a los yihadistas su "capital" iraquí.
Los aviones estadounidenses llegaron y lanzaron una bomba guiada. Pero les faltaba una información crucial: en el sótano del edificio había decenas de civiles apiñados, rezando para que que la proximidad del hospital Al Rahma y de una concurrida avenida los protegiera.
Frente al terrible balance, por primera y única vez, los estadounidenses desplegaron investigadores sobre el terreno. En mayo de 2017, concluyeron que 105 civiles murieron y 36 fueron declarados desaparecidos.
Pero, basándose en cálculos hipotéticos, dedujeron que el edificio se había hundido por unos explosivos que el grupo EI habría colocado en su interior, descartando cualquier responsabilidad directa de la coalición.
Una teoría firmemente desmentida por testigos y supervivientes de Mosul, que aseguran que el inmueble no albergaba semejante arsenal.
"Para dos francotiradores en un techo, lanzaron una bomba de más de 220 kilos, fue un error", denunció Chris Woods, director de Airwars. "No se pueden utilizar explosivos así en una zona urbana sin que comporte un riesgo considerable para los civiles. Eso es lo que representa Mosul al Yadida".
En aquel entonces, Donald Trump, que llevaba dos meses en la Casa Blanca, acababa de prometer que "bombardearía a muerte" al grupo EI. Para muchos, dio carta blanca a sus militares, que afirmaban estar llevando a cabo "la guerra más precisa de la historia".
Pero en Mosul al Yadida está claro que la precisión tuvo sus límites. El Pentágono terminó por reconocer su responsabilidad, pero indirecta: una bomba estadounidense impactó en el edificio pero los explosivos del EI causaron "una explosión secundaria".
En el otoño de 2017, Abdalá Jalil recibió una llamada que le puso contento. "Un traductor me dijo que estaba en línea con el comandante militar de la coalición para el norte de Irak", explicó a la AFP. "Se disculpó en nombre de la coalición y prometió venir a verme, pero nunca lo hizo".
Walid Jaled perdió a su hermano y a su cuñada en Mosul al Yadida. A él, padre de dos hijos, de 31 años, le visitaron los investigadores de la coalición. "Tomaron fotos y nuestras declaraciones y no se ha hecho nada para pagarnos indemnizaciones", afirmó a la AFP. Un dinero muy necesario en la ciudad, todavía en ruinas porque no hay fondos para reconstruirla.
Según Daniel Mahanty, de la oenegé Center for Civilians in Conflicto (CIVIC), "aunque el ejército estadounidense reconozca públicamente que causó daños [...], nunca ha creado un sistema para que una familia pueda presentar una solicitud formal de compensación".
Washington "no quiere poner en marcha una política que abriría la puerta a un número enorme de quejas imposible de gestionar", declaró a la AFP el activista, radicado en Estados Unidos.
Para que su hermano y su cuñada no caigan en el olvido, Walid Jaled ha llamado todas las puertas que ha podido: se ha quejado ante la coalición, ante la comisión del gobierno iraquí encargada de derechos humanos y ante la comisión provincial de Mosul encargada de las indemnizaciones.
Pero antes incluso de lanzar su campaña contra los yihadistas, que se habían apoderado de un tercio de Irak y de extensos pedazos de territorio en Siria y que también estaban llevando ataques en Europa, los 75 Estados de la coalición internacional habían tomado varias decisiones.
Al contrario que en la invasión de Irak de 2003 o de la guerra en Afganistán, la coalición anti-EI "fue forjada para que no hubiera ninguna estructura compensatoria", explicó a la AFP Belkis Wille, encargada de Irak en HRW.
Así, "si alguien quiere indemnizaciones, debe lograr averiguar qué país llevó a cabo el bombardeo en cuestión y cómo puede ser solicitado para reclamar una compensación".
Desde 2014 hasta el 15 de febrero de 2017, la coalición anunciaba cada día que países habían llevado a cabo bombardeos. Después de esa fecha, y con un balance de víctimas civiles cada día más alto, dejó de hacerlo.
En Mosul al Yadida, los estadounidenses admitieron haber atacado en solitario. No obstante, a juicio del portavoz de la coalición, el coronel estadounidense Wayne Marotto, "la ley estadounidense y el derecho de la guerra no obligan a Estados Unidos a asumir compensaciones por heridas o daños causados por operaciones de combate legales".
Por ello, explicó Marotto a la AFP, desde marzo de 2015 "la coalición ha realizado cinco pagos por 'pérdida civil' y un sexto está en curso, así como ocho pagos por 'condolencias'" en Irak. Washington se niega a revelar la fecha, el lugar y la naturaleza de esos incidentes, pero los 14 pagos son indemnizaciones por daños que pueden ser tanto humanos como materiales.
Es muy poco en comparación con Afganistán, por ejemplo, donde las tropas estadounidenses fueron desplegadas en tierra. Por ejemplo en 2019, los estadounidenses efectuaron seis retribuciones en Irak por un total de 24.000 dólares, mientras que en Afganistán realizaron 605 pagos, por valor de 1.520.116 dólares.
No obstante, el Congreso aprobó un presupuesto de tres millones de dólares anuales hasta 2022 para esas indemnizaciones, bajo la etiqueta "operación y mantenimiento-ejército".
Para el senador estadounidense Patrick Leahy (demócrata), es necesario que ese dinero llegue a las víctimas en Irak, en Afganistán y en otras partes. "Ahí está el problema", le escribió hace poco al jefe del Pentágono, Lloyd Austin.
"Hay que hacer mucho más para ayudar a las familias a presentar sus solicitudes [...] y luego, tratarlas", afirmó Leahy a la AFP, que dirige el Comité de Créditos.
"Y si el ejército estadounidense no logra investigar, encontremos a otros que lo hagan", estima.
Desde 2014, según Airwars, entre 8.311 y 13.188 civiles, 2.000 de ellos niños, habrían muerto en Irak y en Siria por los ataques de la coalición.
Sin embargo, para la coalición, el saldo es diez veces menor. "Estados Unidos reconoció más de 1.300 civiles muertos en sus operaciones", destacó Woods. En cuanto al Reino Unido y Francia, segundo contingente de la coalición por detrás de Estados Unidos, en nueve meses de bombardeos en Mosul, "no han reconocido ni un solo civil muerto", añadió.
Holanda, por su parte, indemnizó a un ciudadano de Mosul que había perdido a su esposa, su hija, su hermano y su sobrino en un bombardeo en 2015. Según la prensa holandesa, se le habría pagado un millón de euros, pero la víctima no se ha pronunciado al respecto.
En junio de 2015, Holanda bombardeó una línea de producción de explosivos del EI en Hawija, en el centro de Irak. Las detonaciones en cascada mataron a más de 70 civiles y destrozaron sectores enteros de la ciudad.
El gobierno no ha indemnizado a ninguna familia, pero "ha desbloqueado cinco millones de euros para ayudar a la reconstrucción de Hawija", indicó Woods.
En Mosul, cuya reconstrucción se calcula que costaría miles de millones de dólares, una iniciativa de ese tipo sería más que bienvenida. Pero incluso las autoridades iraquíes se han tomado su tiempo antes de hablar de muertos y de ruinas, pese a que todavía hoy se siguen extrayendo cuerpos de entre los escombros.
En marzo de 2019, el entonces primer ministro iraquí, Haider al Abadi, llegó a asegurar que solo "ocho mujeres y niños" habían perdido la vida en Mosul.
El jefe de la comisión de derechos humanos de Mosul, Yaser Dhiaa, sostiene que ha interrogado sobre la cuestión al ministerio de Relaciones Exteriores. Hasta ahora, en vano.
Y sin embargo, en otras partes, el ejército estadounidense ha acabado siendo accesible. En Somalia, donde Airwars afirma que un centenar de civiles habrían sido abatidos en 14 años, el mando militar estadounidense para África (Africom) propone, en su página de inicio, un formulario en línea y una dirección postal para registrar las víctimas civiles.
Pero, en la página web de la Centcom, el centro de mando estadounidense en Oriente Medio, no hay ni formulario ni dirección ni correo electrónico ni número de teléfono.
En cambio, sí que se puede consultar el comunicado del 17 de marzo de 2017, donde se mencionan "cuatro bombardeos" en Mosul que destruyeron una serie de vehículos, armas y... "un edificio controlado por el EI".
Ese día, la AFP informó de que las tropas iraquíes habían retomado el control de una mezquita y de un mercado del Viejo Mosul. Cuatro meses después, la ciudad fue liberada y el Estado Islámico, derrotado.
Abdalá Jalil estaba por aquel entonces aprendiendo a ajustarse la prótesis. Pero aún hoy, años después, le cuesta vivir con ella.
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FUENTE: AFP
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