IVA: Un impuesto con historia
El gobierno se apresta a reducir el IVA para las transacciones que se realicen con medios de pago electrónicos (particularmente tarjetas de crédito y débito). Un proyecto de ley –al que se le están ajustando los últimos detalles jurídicos- otorga esta potestad al Poder Ejecutivo, que se plantea con esto varios objetivos.
El primero es seguir combatiendo la informalidad. Reducir el IVA implica, por lógica, reducir el estímulo a evadirlo: cuanto más alto es un impuesto, mayor es la tentación de no pagarlo o evadirlo. Por el contrario, al reducirse, la evasión tiende a ser menor. Por suerte, la evasión del IVA ha tenido una reducción importante en los últimos años, por el fortalecimiento de las capacidades de la DGI y el propio crecimiento de la economía (en todos lados la evasión se reduce cuando la economía anda mejor). Impositiva estima que la evasión de IVA bajó de 40% en el 2000 a casi 13% en 2012.
Por otra parte, al establecerse la reducción del IVA exclusivamente en transacciones electrónicas (tarjetas, billeteras electrónicas y, a mediano plazo, en los débitos automáticos), se estimula una mayor expansión de los servicios financieros que ofrecen los bancos, mejorando la denominada “inclusión financiera”: la expansión de los servicios bancarios y financieros formales a toda la población. Para esto, el gobierno ha estado trabajando con el sector bancario (en una intensa negociación, que ha llevado meses) para convenir compromisos mutuos. Por ejemplo, los bancos redujeron los aranceles de las tarjetas (que se cobran a los comercios) y el gobierno ha estimulado y subsidiado la adopción de POS en los comercios (los aparatos que permiten registrar los pagos con tarjeta). Así, se expanden las posibilidades de las transacciones electrónicas.
Hoy existen en Uruguay unas 2.530.000 tarjetas de crédito, pero las personas con tarjeta de crédito no son más de 1 millón (hay muchos con 2, 3 o 4 tarjetas). A su vez, hay circulando unas 1.790.000 tarjetas de débito. Estas son las que el gobierno quiere promover (no tanto las primeras, para no estimular el consumo en base a crédito). Por eso el proyecto dispone a que las transacciones con tarjetas de débito podrán tener un IVA de 18% en el primer año, para luego subir a 20% al tercer año. En el caso de las de crédito, será de 20% el primer año, para subir a 22% en el mismo plazo.
La rebaja del IVA en tarjetas apunta a cumplir el compromiso electoral del Frente Amplio, que era –sencillamente- reducir el IVA de 22 a 20%. Lo que dispone el proyecto de ley no es tanto como esto, aunque se le acerca. Si se hubiera establecido una baja del IVA general, sin condicionamientos, habría habido un costo fiscal que hoy el gobierno no puede enfrentar, y no se avanzaría tanto en los otros objetivos.
Para algunos consumidores, una rebaja de dos puntos de IVA puede tener gusto a poco.
Es lo mismo que pensaban quienes, años atrás y por diversas circunstancias, fueron subiendo el IVA de 14% a 16 a 18…
La baja del IVA (aunque no tiene el alcance general que se había prometido) es buena noticia y esperemos que, a mediano plazo, alcance todas las transacciones. El IVA es un impuesto muy práctico para recaudar, pero pega más en las personas de menos ingresos. Es bueno que baje.
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