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Fin de año, tiempo de evaluación

Todos nosotros, cuando llega fin de año, inevitablemente hacemos un repaso de lo que hicimos, de lo que podríamos haber hecho, de lo que podríamos haber hecho mejor, de lo que hicimos bien...

 

Todos nosotros, cuando llega fin de año, inevitablemente hacemos un repaso de lo que hicimos, de lo que podríamos haber hecho, de lo que podríamos haber hecho mejor, de lo que hicimos bien... En fin, repasamos en general, de forma no sistematizada pues la evaluación resulta de un fluir de sensaciones y pensamiento más o menos desordenados.

En esta secuencia de sensaciones también asoman nuestras relaciones humanas con los familiares más próximos, con los vecinos, con compañeros de trabajo y también con aquellas personas con las que nos relacionamos más esporádicamente. De todas estas relaciones recogemos también sensaciones que nos hacen bien o no, según como haya sido ese vinculo, esa relación. En definitiva, si esas relaciones satisficieron nuestras necesidades o por el contrario las frustraron.

En esta evaluación, o recorrido por sensaciones, podemos situarnos para ver si fuimos promotores de buena convivencia, de armonía en los vínculos o si por el contrario nos mantuvimos más o menos aislados. Si fuimos generadores de nuevas y mejores relaciones humanas y si fuimos respetuosos de los derechos de mi vecino o vecina. ¿Siento que se respetaron mis derechos?

Estas preguntas surgen a la luz de la experiencia de la Defensoría del Vecino y del compartir con nuestros vecinos reclamantes las vivencias que nos traen de distintos signos. Están aquellas que da placer escuchar porque se refieren a cosas muy enriquecedoras de vecinos y vecinas que resuelven situaciones cotidianas. Lo hacen sumando esfuerzos, generando mecanismos de confianza y de mutua colaboración, haciendo que la vivencia barrial sea más placentera y que los problemas que surgen se solucionen en base al diálogo, al respeto de unos por los otros.

Estas experiencias positivas favorecen la creación de redes vinculares que aportan mucho a la calidad de vida de cada persona, son fundamentales en la construcción de comunidad y por lo tanto son imprescindibles para la vida en sociedad, para la creación de ciudad y de ciudadanía.

Los seres humanos necesitamos del vínculo, del compartir tiempo y espacio. Si no tenemos eso nuestro desarrollo se empobrece.

En este análisis de las relaciones vecinales quiero incorporar un tema que nos preocupa a todos los montevideanos y es el relacionado a la basura. Por un lado, por las dificultades aún presentes de la administración, pero en proceso visible de mejora. Y por otro lado por la actitud que tienen algunos ciudadanos de todos los barrios de falta de cuidado y de responsabilidad a la hora de desprenderse de sus desechos, fundamentalmente de aquellos que no se deben depositar en el contenedor ni en los alrededores.

Tal vez ninguno de los ciudadanos que esté leyendo este artículo comete la irresponsabilidad de tirar basura en lugares que no corresponde, pero seguro que sufre los actos irresponsables de otros que sí lo hacen. Es en este sentido que comparto con ustedes la experiencia de los vecinos del CCZ 10, de la esquina de Capitán Tula y Antonio Caravia, quienes tienen un gran basural frente a sus casas con consecuencias terribles en cuanto presencia de olores, roedores, y sensación de estar viviendo adentro mismo del basural.

Hemos implementado un accionar en conjunto con limpieza de IM, el Municipio D, vecinos afectados y la Defensoría, para evitar que se produzca el basural. El levante que hace la IM cada dos semanas produce efectos solo por muy pocos días y de inmediato vecinos de la zona y fundamentalmente de otras barrios, incluyendo vehículos de empresas, vienen a tirar basura a ese lugar, además de carritos, motos, etc.

Por momentos el basural tiene más de 100 metros de extensión, una verdadera agresión a la vida de esos vecinos y vecinas. Ahí es donde decimos que se requieren buenas políticas públicas, eficientes, responsables de cuidar a los ciudadanos y también ciudadanos responsables que no agredan a otros.

Los vecinos cuentan con el apoyo de las instituciones para una limpieza radical, una guardia permanente durante un tiempo y una campaña de sensibilización y recordatorio de las normas y las sanciones. Este programa localizado se implementará a partir de mediados de enero 2013.

Como síntesis, el Defensor del Vecino alienta a vecinos y vecinas de Montevideo a revisar nuestras prácticas vecinales y a hacer el esfuerzo en el 2013, para que juntos podamos mejorar Montevideo, exigiendo y exigiéndonos construir una ciudad más amigable en la cual cada uno sienta que es cuidado y que cuida al otro/a, para culminar el 2012 evaluando que somos mejores ciudadanos y que tendremos por lo tanto una ciudad mejor.

Fernando Rodríguez Herrera

Defensor del Vecino de Montevideo

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