En Uruguay hay 17 mil personas presas. Hay un 70% de los reclusos que reincide: que sale, que vuelve a delinquir, y regresa a la cárcel. Y así, una y otra vez.
Estuvo siete años presa, hoy trabaja en el Palacio Legislativo y cuenta su historia: "Los barrotes eran lápices"
"Aprendés mucho si querés aprender. Lo malo y lo bueno", dijo Shyrley sobre el tiempo que pasó en la cárcel.
Shyrley no forma parte de ese porcentaje. Tiene 51 años y pasó casi 7 de su vida en distintos centros penitenciarios de nuestro país.
"Soy Shyrley Barboza, exprivada de libertad. Hoy soy una persona reinsertada en la sociedad, derribando estigmas, derribando barreras", dijo a Subrayado.
Contó que una situación de sometimiento la llevó a cometer un delito en 2017. Estuvo privada de libertad.
"Fue horrible", dijo sobre la primera vez que entró a la cárcel. "No sabía cómo reaccionar. Muchos miedos. Siempre tuve miedo en la cárcel. Todo el tiempo, todos los años", expresó y aseguró que es parecido "al infierno".
"Como dice una canción, la cárcel es un cementerio de personas vivas", añadió. "Ves mucha violencia, represión, agresión, falta de asistencia. No te podés imaginar. Solo la persona que lo vive o lo vivió, sabe lo que es. Muchas veces no podemos ni contener a las compañeras, porque muchas vidas se pierden en este encierro bajo la tutela del Estado", sostuvo.
"Aprendés mucho si querés aprender. Lo malo y lo bueno, porque también es una escuela del delito si así lo quieren ver", dijo. También hay lugar para las amistades, contó.
En reclusión, terminó el liceo, estudió varias carreras y se está por recibir de enfermera y nurse. "Para mí los barrotes eran lápices y los lápices me llevaron a transitar hacia mi lugar acá", confesó
Shyrley trabajó mucho en su encierro pensando en el día después, en su libertad. "Cuando salí estaba en la vereda de enfrente, sabiendo que no iba a volver", dijo. Miró para atrás porque sus compañeras le gritaban.
Salió de la cárcel en marzo del 2025 y hoy trabaja en el Parlamento Nacional en el área de servicios médicos. Junto a otros tres ex privados de libertad, accedió a un programa que busca fomentar la reinserción, un acuerdo del Poder Legislativo con la Dirección Nacional de Apoyo al Liberado (Dinali).
"Si bien había tenido un pequeño encuentro, cuando Dinali fue a una visita a la cárcel. Yo les decía que hablaban mucho y hacían poco, que los tiempos de ellos no son los tiempos de nosotros. Porque los tiempos de nosotros son una cosa de urgencia. Yo le dije, necesito que me des una mano, una soga, que yo me sostenga, y cuando me pueda soltar, me largo", contó. Pero pasó el tiempo, no encontró nada y se desvinculó.
Hasta que un día la llamaron. "Tenés un trabajo en el Palacio Legislativo", indicó, y contó que al principio no podía creer.
Cuando entró, sintió un silencio en el momento que contó de dónde venía, pero entonces les dijo a sus compañeros que hicieran todas las preguntas que tuvieran.
"Sí se puede. Si tenés las ganas, si te dan la oportunidad, porque somos muchas Shyrley privadas de libertad", consideró.
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