Arrestos, torturas y asesinatos. Mientras los libios celebran el 11º aniversario de la revuelta contra Gadafi, la ciudad de Tarhuna sigue esperando que una milicia sanguinaria que sembró el terror durante años rinda cuentas ante la justicia.
En Libia, un pueblo destrozado por el terror sigue esperando justicia
Arrestos, torturas y asesinatos. Mientras los libios celebran el 11º aniversario de la revuelta contra Gadafi, la ciudad de Tarhuna sigue esperando que una milicia sanguinaria que sembró el terror durante años rinda cuentas ante la justicia.
Los abusos empezaron en 2015, en plena guerra civil, cuando la ciudad, 80 km al sur de Trípoli, cayó en manos de la milicia Kaniyat.
Formada por los seis hermanos Al Kani y sus secuaces, el grupo acalló sistemáticamente las voces críticas, incluso las de sus familiares, y echó mano hasta de leones para aterrorizar a la población.
En un país presa de las luchas de poder entre regiones rivales, la milicia era en un primer momento afín a Trípoli, pero luego cambió de parecer y se asoció con el hombre fuerte del este libio, Jalifa Haftar, que hizo de ella una base en su intento, vano, de apoderarse de la capital.
"A los que mataron a mis hermanos y a mis hijos, los quiero vivos", declara Ghazla Ali Unis, una vecina de Tarhuna envuelta en una toga de lana azul y negra.
"Los sorprendieron mientras dormían, se los llevaron por la fuerza y no los he vuelto a ver", recuerda esta viuda de 60 años, rodeada de una decena de sus nietos, dados por huérfanos.
En diciembre de 2019, varios hombres armados, vestidos con un uniforme caqui, se llevaron a cuatro de sus hijos y a siete de sus hermanos, todos ellos "asesinados bajo tortura", según la mujer.
Después de que las fuerzas pro-Haftar fueran derrotadas, la localidad, eminentemente agrícola y conocida por sus olivares, fue liberada. Fue entonces cuando salieron a la luz decenas de fosas comunes, lo cual despertó una fuerte indignación.
Fue en una de esas fosas comunes en las que Ghazla Ali Unis identificó a sus familiares.
Su sobrino, Walid Arromani, recuerda esa noche, cuando unos "criminales con pelo largo" secuestraron a su padre. "Rodearon nuestra casa, lo molieron a golpes y se lo llevaron. Oí que uno de ellos decía: 'misión completa' y se fueron".
"¿Dónde está la justicia, el Estado, el castigo?", señala, enfadado, el adolescente de 15 años. Tras él yacen unos viejos motores de automóvil que pertenecían a su padre, mecánico, entre un montón de chatarra.
Hasta ahora se han descubierto 260 cuerpos en fosas comunes. Algunos viernes, los vecinos se juntan para maldecir a los Kani y sus cómplices y también para rezar juntos, a medida que se van exhumando cadáveres.
Tres de los hermanos que formaban la milicia, entre ellos el jefe, Mohamed al Kani, han sido abatidos pero todavía quedan tres que huyeron "a Bengasi", "a Egipto" o "a Jordania", suponen los vecinos.
"No ha habido arrestos, los asesinos huyeron", dice irritada Ghazla Ali Unis, que afirma que ha ido a ver "tres veces" al primer ministro Abdelhamid Dbeibah, pero que este "no ha querido recibirme".
"Si no se hace justicia", su sobrino, Walid Arromani, "querrá vengar con la sangre a su padre y a sus tíos", señala, preocupada.
A Ashraf Jaballah, de 35 años, también le exaspera la lentitud de la justicia. En diciembre de 2019 se encontraba con unos familiares en un entierro cuando los hombres de Al Kani los atacaron.
A diez de sus parientes, incluido su hermano, el "mártir Jalil", se los llevaron por la fuerza a un lugar desconocido. Todos fueron identificados en las fosas comunes tiempo después.
"Quemaron nuestras casas, nos robaron nuestros bienes, nos convirtieron en desplazados. Pero el Estado no hace nada", masculla el hombre, que tuvo que ser "hospitalizado por la conmoción" que sufrió cuando se descubrieron las fosas comunes.
"Se ha infligido multitud de horrores a los civiles en el periodo que va de 2014 a 2019, por ejemplo. Y los autores de esos abusos muy a menudo siguen en libertad a día de hoy, a veces incluso participan en política, como si fueran inocentes", señala Jalel Harshaui, un investigador especializado en Libia.
En la salida de Tarhuna, bajo una carretera pedregosa, varios hombres armados con palas siguen buscando cuerpos, en medio de un paisaje mórbido de tierras cuarteadas color ocre. Muchas familias de Tarhuna continúan aguardando a que, en cualquier momento, les den la macabra noticia. Preparadas para iniciar el duelo. A la espera de que se haga justicia.
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FUENTE: AFP
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