ver más
DÍA MUJER RURAL

El mandato de la tradición: mujeres rurales y el mundo del trabajo

Se ocupan del 94% de las tareas del hogar y se definen como "el peón" de sus maridos. Dicen que "no hacen nada", aunque dedican su vida a ello. Por María Fernanda Souza.
Por María Fernanda Souza @

¿En qué trabajan las mujeres rurales? El primer reflejo nos llevaría a pensar en mujeres que abandonan la casa paterna para formar un nuevo núcleo familiar.

Si además lo forman en un establecimiento rural familiar, también diríamos que "no trabajan", a menos que salgan de la explotación para hacerlo.

Al igual que sus madres, y sus abuelas antes que ellas, el medio esperará de estas mujeres -y ellas de sí mismas- que se ocupen de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos.

Una mujer rural entrevistada por la socióloga Fiorella Campanella dijo: "Yo casi que seguí la misma regla de mi madre, del campo, de cocinar, todo eso (…) creo que mi madre dejó la vida en esto. Entonces yo digo, tanta esclavitud ¿para qué?”* Reconoce su sino, y es incapaz de escapar de él.

Los roles son complementarios y es evidente que para que alguien pueda encargarse del trabajo productivo en la explotación, alguien tiene que encargarse de la reproducción de la fuerza de trabajo, de las decisiones del hogar vinculadas a la alimentación, la vestimenta, la limpieza y el cuidado de los niños.

El reparto de estos roles, que determina que sean mayoritariamente las mujeres las que se encargan de las tareas reproductivas y los hombres los encargados de las productivas, parece "natural" porque históricamente ha sucedido así, pero eso no lo vuelve menos arbitrario.

"SOS EL PEÓN DE TU MARIDO". Desde temprana edad y siguiendo el ejemplo de sus semejantes, las personas incorporan pautas y códigos que estructuran el papel que desempeñarán según su sexo. A este reparto de las tareas por sexo, de apariencia natural por lo tradicional, se le llama "división sexual del trabajo".

Como muestran sistemáticamente los estudios sociológicos aplicados a esta población, la mujer será la encargada del hogar, y su pareja el encargado de las tareas productivas propias de la explotación.

Particularmente en los establecimiento familiares, las decisiones productivas vinculadas al predio y el mundo del hogar se yuxtaponen.

Así, sin apoyo de empleados o con contratación muy puntual de terceros, el hombre estará abocado a la realización del grueso de las tareas productivas y prácticamente ninguna de las tareas del hogar, y es probable que la esposa y madre se integre a las tareas productivas en carácter de "colaboradora".

El pastoreo, crianza y cuidado de animales de granja, el riego y limpieza de establecimientos serán su responsabilidad.

Este trabajo que genera valor y que de realizarlo un tercero obligaría a la paga de un salario, suele verse como un aporte marginal. Sin embargo, probablemente nadie pensaría en contratar a un tercero para que "colabore" con la mujer en las tareas domésticas en el medio rural.

Cuando los cuidados recaen en las mujeres de la familia, se habla de "feminización de los cuidados", y esto es lo más habitual en los establecimientos familiares.

"No tenés un oficio, alguien te pregunta en qué trabajás y no sos más que ama de casa. Y desempeñás una cantidad de tareas en tu casa y te preguntan, ¿y vos qué hacés en tu casa? Y… ayudo a mi marido. Pero vos no sos nada en definitiva".*

La superposición de las esferas doméstica y laboral colabora en la invisibilización del trabajo de las mujeres. Su participación se simplifica como "ayuda" y su contribución económica es subvalorada, mientras como contraparte, el trabajo no remunerado de la esfera privada será exclusivamente su responsabilidad.

Los ingresos de la explotación llegan a través de la gestión del hombre, que se desempeña en el ámbito de lo público, de los negocios y del mercado de trabajo, y que será además el encargado de definir cómo se invertirán o gastarán.

Investigando el reparto de tareas en establecimientos ganaderos en 2009, la socióloga Irene Pelusso encontró que las mujeres participaban activamente en la labor productiva llegando en muchos casos a cumplir con el 50% de las tareas, pero esto no derivaba en un reparto de la carga de las tareas domésticas.

En el medio rural las mujeres realizan en 94% de las tareas domésticas y los hombres solamente el 6% (Batthyány, 2007).

MUJERES CAPATACES. Pero la división sexual del trabajo en el área rural no opera solamente en el hogar. Dentro de la esfera productiva e incluso cuando las mujeres trabajan en carácter de asalariadas, sus tareas están vinculadas a lo "manual", "delicado" y "artesanal", entendiendo que es natural al género lo que tiene que ver con el detalle y la paciencia.

Este argumento es utilizado por muchas empresas a la hora de destinar a las mujeres a cumplir tareas "femeninas", por lo general poco valoradas y mal remuneradas, porque están en los primeros escalones de la escala jerárquica.

Las mujeres muchas veces requieren de horarios flexibles o de condiciones especiales a la hora de cuidar a los niños o ancianos de la familia. Esto también las lleva a optar por trabajos precarios, a destajo o zafrales.

Por su parte, la mano de obra masculina es colocada en posiciones de liderazgo, como supervisores o capataces, y perciben mejores salarios.

El promedio del salario por hora para las mujeres asalariadas rurales representa el 87% del valor del salario masculino (ECH 2013).

En un agro cada vez más industrializado, que ha incorporado tecnología sofisticada, que ha digitalizado y computarizado procesos, y que prescinde de la fuerza física para utilización de maquinaria, las mujeres siguen relegadas a posiciones de menor calificación so pretexto de una "predisposición natural" al cumplimiento de esas tareas.

Y esto ocurre así aunque en el medio rural ellas tengan mejores índices de formación que los hombres. En 2013 el 14% de las mujeres rurales había completado secundaria, y 10% de éstas había comenzado estudios terciarios. Solamente el 10% de los hombres había completado secundaria, y el 5% de éstos había llegado a cursar estudios terciarios. (Vitelli y Borrás, 2013).

Si bien los individuos nacen con diferencias biológicas, las diferencias sociales se construyen y existen mecanismos sociales que las perpetúan. Estos mecanismos tienen que ver con costumbres y cuestiones tradicionales incorporadas especialmente en la infancia y la adolescencia, y por otro lado intereses económicos de empresas que encuentran en las mujeres una fuerza de trabajo calificada, eficiente y barata.

Entonces ¿en qué trabajan las mujeres rurales? Si vive en una explotación familiar seguramente dirá que "ayuda" a su marido. Es probable que ocupe su tiempo en las tareas de la casa, en el cuidado de los hijos si los hay, y también que destine unas horas al trabajo productivo.

Seguramente ni ella misma sea consciente del valor que agrega a la explotación y por cierto que la independencia económica en este contexto es inexistente.

Si es asalariada, probablemente tenga un empleo de poca calificación que le reporte una remuneración baja.

"Y siempre la figura es mi padre, y no se valora tanto el trabajo de la mujer. Todos los méritos van a ser para mi padre y el reconocimiento es de mi padre, pero lo que está atrás es la familia entera, sobre todo mi madre" (Hija de una tambera)*

Este es el destino mayoritario de las mujeres rurales, que cada vez más optan por irse a estudiar a las ciudades y por aumentar su nivel de calificación en profesiones liberales, que frecuentemente las alejan del campo.

*Todas las citas son textuales de mujeres rurales de San José entrevistadas por la socióloga Campanella, F. (2015) y están recopiladas en "División Sexual del Trabajo y Tecnología. Un estudio sobre la producción familiar en San José" (Tesis de grado. FCS-UDELAR).
Vitelli, R. y Borrás, V. (2013) “Desigualdades en el medio rural uruguayo: algunas consideraciones desde una perspectiva de género”. Global Journals, EE.UU.
Peluso, I. (2009) “Producción y reproducción en los establecimientos ganaderos familiares” (Tesis de grado. FCS-UDELAR).
Batthyany, K. (2007) “Articulación entre vida laboral y vida familiar. Las practicas de cuidado infantil de trabajadoras asalariadas de Montevideo” en: Gutiérrez, María Alicia (comp): Género, familias y trabajo: rupturas y continuidades. Desafíos para la investigación política. Argentina. CLACSO Libros.

Dejá tu comentario

Comentarios
ver más