EN SANTA EUGENIA

El cura Verde fue a cortarse el pelo y se encontró con una historia que lo conmovió: la barbería de Ángel

Verde lo escuchó, admiró su trabajo y decidió regalarle una silla de peluquero para cambiar la que estaba rota, además de difundir su historia.

Ángel, un joven barbero del barrio Santa Eugenia, en Punta de Rieles, recibió un inesperado regalo del cura Juan Andrés Verde, quien trabaja y vive en este asentamiento.

Todo empezó cuando hace un tiempo el cura fue a cortarse el pelo y afeitarse con Ángel. En ese momento, se percató de que la silla estaba vieja, reparada con mucha cinta y se fue pensando en eso.

El mismo día, se juntó con amigos a jugar a las cartas y les propuso que el que perdiera debía comprarle una silla nueva al peluquero. Le tocó a él y a los días volvió con la silla a la barbería.

“La silla estaba para el cambiazo y yo estuve buscando, pero me parecían muy caras. El regalo que me hizo el ‘Gordo’ me re ayudó la verdad”, cuenta Ángel a Subrayado.

Dice que antes de tener su barbería, solían cortarse el pelo con amigos, de forma amateur. “Pero nunca se nos dio por hacer un curso. Mi hermano hizo el curso. Yendo de modelo muchas veces, las técnicas esas yo más o menos las aprendía. Miraba muchos videos en Instagram, en Youtube y en Tiktok. Practicando. Iba cortando y mirando un poquito el video y seguía, cortando y aprendiendo”, narra.

Fue su novia la que le dio la idea de acondicionar el galpón de la casa para empezar a trabajar de eso.

“Junto a mi madre y a mis abuelas empezamos a ordenar, a limpiar, todo y con ayuda de mi padre empezamos a comprar el cielorraso y lo dejamos bien acondicionado”, añade.

Además de la barbería, se dedica a hacer changas en la construcción, con lo que se fue comprando las herramientas para su negocio.

Sobre los clientes, cuenta: “Tengo de todo tipo, de otros barrios que vienen a cortarse y gracias a las personas que apoyaron al barrio pude seguir sumando clientes, por la tranquilidad que hay en el barrio, las luces, las calles. Hay más clientes que se animan a venir. Así como te vienen diez clientes en un día, al otro no te puede venir nadie o te puede venir nadie o te puede venir uno. Tener paciencia, viste, no decaer en eso”.

“Nunca pensé llegar a tener esto, pero cuando cortás pelo, que satisface a los clientes, es como que te alegra. A los niños que no tienen plata, a veces yo les corto de onda. No les voy a andar cobrando sabiendo que ellos no pueden pagarlo. Y te satisface”, afirma.

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