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El Comcar, el lugar donde todo dura casi nada

El centro penitenciario donde hoy se produjo el motín fue creado a fines de los 70 para ser un centro modelo. ¿Quiénes están en los módulos 4 y 5?

 

Los módulos 4 y 5 del Comcar son los más problemáticos del establecimiento, junto con el número 3. Desde este miércoles, ambos módulos quedaron inhabilitados, reconoció Gabriela Fulco, psicóloga y principal asesora del ministro Eduardo Bonomi en materia carcelaria.

En la precaria categorización que se puede llevar a cabo en un centro que tiene 300% de sobrepoblación, allí se alojan los rapiñeros más jóvenes y violentos. El nivel de adicciones a las drogas -sobre todo pasta base- alcanza prácticamente al 100%. Sus respectivas superficies son tierra de nadie, aún para los guardias penitenciarios.

Cada módulo tiene unos 600 presos y la disparidad de fuerzas respecto a la guardia es escandalosa: dos policías por turno para controlarlo todo.

Las autoridades del establecimiento reconocen que lo único que evita un estado de motín permanente es la posibilidad de convocatoria del grupo de choque GEO. Se estima que en 15 minutos la policía militarizada está en condiciones de reprimir cualquier revuelta.

Las dos edificios involucrados en el motín están seriamente comprometidos desde hace años. La mayoría de sus paredes están ahuecadas o derrumbadas. Allí se guardan armas, cortes carcelarios, teléfonos celulares y drogas. Las horas de la madrugada son las de más actividad de los presos. Completamente a oscuras, los policías no pueden entrar a esa zona sin correr serio riesgo de ser apuñalados.

Pero durante el día también tienen amplias posibilidades de circulación. Se les puede ver con asiduidad en los techos más allá de la hora del recreo oficial.

De hecho, cotidianamente los presos de estos módulos -los de mayor "jerarquía" en la sociedad carcelaria- salen a robar a otros módulos.

En general, van hacia los sectores de presos "menos peligrosos". Eligen los módulos 1 y 2, que están enfrente, a unos 400 metros a campo traviesa. En el 1 hay delincuentes sexuales y policías procesados. En el 2, presos con protección especial a pedido de la justicia.

Lo cierto es que Comcar no da más. Construido e inaugurado a fines de los años 70, en plena dictadura, el centro nació para ser una prisión modelo. Su capacidad original era para 1.200 presos, pero a fines de 2011 el número de reclusos superaba los 3.200.

En los últimos años se inauguraron nuevos pabellones, destinados a presos menos peligrosos. En el módulo 7 están los presos mayores de 40 años, una verdadera rareza en un sistema penitenciario en el que más de 90% de la población reclusa tiene menos de 30 años.

Recientemente, se inauguró el módulo 9, destinado al flamante Instituto Nacional de Rehabilitación.

Otra posibilidad de (difícil) reubicación es el módulo 6, considerada la puerta de salida, el lugar donde los presos se preparan para salir a la calle. Allí están los presos primarios, los que tienen salidas transitorias y no constituyen un problema de seguridad. Allí están las oficinas principal del establecimiento.

Hasta hace poco, allí estaban las oficinas del comando de la cárcel. Pero desde hace unos meses, la dirección se mudó a la antigua escuela de policía penitenciaria.

En las cárceles todo cambia rápido o cuando menos se lo espera. Por eso, cada decisión es revisada con la misma velocidad en que se producen los hechos.

CAMBIOS. No es fácil buscar soluciones en un lugar así. La Administración de Servicios de Salud del Estado se hizo cargo del tema sanitario, pero su primera directora Noris Menotti -una colaboradora cercana al presidente Mujica y al ministro Bonomi- recibió amenazas de muerte desde teléfonos del Ministerio del Interior.

Nada dura demasiado en el Comcar. En el módulo 5, uno de los lugares de la crisis, hubo una iglesia evangélica llamada "Jesús me hizo libre". Allí, el pastor Marcelo Bagnatto impartía sus enseñanzas a algunos presos. Las jerarquías autorizaron la instalación del templo, a cambio de que la iglesia colaborara en la limpieza y pintura.

La historia fue recogida por Historias de Cárcel, el programa de Canal 10 que condujo el periodista Aureliano Folle en 2010.

Un mes después de la grabación del programa, la capilla fue cerrada y en su lugar establecieron un nuevo celdario. Bagnatto está acostumbrado a estos cambios. Hace un mes que no le permiten entran a Comcar por distintos problemas.

Por suerte, la mayoría de "sus presos" fueron trasladados a Punta de Rieles por buena conducta.

Es que la religión es uno de los pocos anclas que tienen los presos para buscar la redención.

Las autoridades saben que el trabajo y la fe son las únicas fuentes de rehabilitación posible a falta de otros recursos. Pero la superpoblación carcelaria es más rápida que las creencias.

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