El 8 de diciembre de 2012, las palabras de Hugo Chávez, sonaron contundentes, muy suyas: “Mi opinión firme, plena, como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario, que obligaría a convocar a elecciones presidenciales ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente. Se trata de «uno de los lideres jóvenes de mayor capacidad para continuar (...) con su mano firme, con su mirada, con su corazón de hombre del pueblo, seguir dirigiendo, junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo, los destinos de esta patria”.
Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, dos caras del poder chavista
Serán las caras del oficialismo en las elecciones que se realizaràn en 30 días. Uno es un militar e ingeniero. El otro un chofer maoísta.
Ya agonizante en La Habana, el presidente convocó a Maduro y al presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello. Bajo la tutela de los hermanos Fidel y Raúl Castro, garantes de la revolución bolivariana, se selló el acuerdo político de la sucesión.
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Chávez tenía que hacer algo antes de morir para que los dos hombres fuertes del régimen no terminaran enfrentados por el poder.
Se trata de dos hombres muy distintos entre sí, con perfiles y procedencia social muy diferente.
Cabello es militar e ingeniero. Fue el primer número dos del régimen y el hombre en el que se apoyó Chávez en los primeros años de gobierno.
Lejos del socialismo, es un político de corte nacionalista. Perdió pie en la piñata chavista al perder las elecciones de diciembre de 2008 por la gobernación de Miranda ante Henrique Capriles Radonski, entonces un político opositor emergente y exalcade de Baruta.
Esa señal le dio a Chávez la intuición de que debería buscar alguien más afín con sus ideas. Desde al menos dos años antes, el presidente querìa profundizar su revolución bolivariana, aplicando los preceptos del “socialismo del siglo XXI”.
En una entrevista con el periodista Jon Lee Anderson contó que esa visión le surgió a partir de la novela de Víctor Hugo “Los miserables”.
Ese hombre que buscaba ya estaba cerca de él. Se llama Nicolás Maduro y es un exchofer de metro, caraqueño, exadherente al maoísmo y un claro prototipo del revolucionario chavista.
Conoció al comandante en su peor momento, en febrero de 1992, a instancias de su esposa, la abogada Cilia Flores. Chávez se encontraba preso tras fracasar en un intento de golpe de Estado y Flores fue la encargada de liberar al militar rebelde.
Junto a Chávez y Cabello formaron el Movimiento Quinta República, la aceitada maquinaria electoral que gana elección tras elección desde 1999.
Sin formación universitaria, en enero de 2006 fue designado presidente del Parlamento, pero en agosto se mudó al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se convirtió en el ministro más duradero de la era Chávez.
En los próximos 30 días será la cara visible del “chavismo sin Chávez” que querrá seguir manejando el país.
En un lapsus linguae Cabello lo presentó ante el parlamento como “presidente ejecutivo” de Venezuela, poco después de que el 10 de enero se confirmara que Chávez no regresaría a Miraflores. El cargo no existe pero de algún modo fue el sello del acuerdo entre ambos hombres fuertes.
De todos modos no estarán solos. También estarán en primera fila el ministro de Interior, Tareck El Aissami y sobre todo Adán Chávez, gobernador de Barinas y hermano mayor del presidente.
El sistema político tiene varios desafíos que deja pendiente el líder fallecido.
Venezuela atraviesa un grave problema de inseguridad: hubo 14.092 asesinatos en 2011. Se trata de uno de los países más violentos de América Latina
El otro desafío es el macroeconómico. La inflación alcanzó al 18% en 2012.Está entre los países con mayor aumento del costo de vida.

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