Condenan al español que asesinó a sus hijos por "venganza"

El caso conmovió a España. La historia del victimario, su servicio militar en Bosnia, un intento de suicidio y las "manías" que ahora cierran con su perfil sicopático

El jurado popular que juzgó a José Bretón por el asesinato de sus dos hijos, Ruth y José, el 8 de octubre de 2011 en Córdoba, le declaró culpable del asesinato de sus hijos -Ruth y José- de forma violenta y con venganza.

El jurado considera probado por unanimidad que el acusado compró gasoil en grandes cantidades para incinerar los cuerpos de sus hijos.

Tanto la Fiscalía como la acusación particular piden 40 años de cárcel, pena máxima establecida, por doble asesinato en grado de parentesco y agravante de alevosía, además de simulación de delito. La pena se conocerá en los próximos días.

Bretón ha sido calificado como el "monstruo" de Las Quemadas. El mote se debe a Ruth Ortiz, expareja del criminal.

El perfil psicológico de Bretón dibuja a un hombre "meticuloso" con rasgos "acentuados" de personalidad, que puede llegar a "controlar sus emociones" y se muestra "frío, controlador y manipulador" cuando las circunstancias lo requieren.

Los testimonios de Ruth Ortiz, amigos y compañeros han mostrado a un José Bretón era muy "estricto" con sus hijos a quienes daba una educación "casi castrense".

Quizás su paso por el ejército y su destino en Bosnia durante un año motivaron que su carácter un tanto especial se acentuara aún más.

Bretón ingresó en el ejército en 1994, con tan solo 18 años, como voluntario especial, y fue destinado a la Brigada Mecanizada X, con base en Cerro Muriano (Córdoba).

En unos pocos meses viajó a Bosnia-Herzegovina como miembro de la Agrupación Táctica española (SPAGT) "Córdoba", que fue la encargada de vigilar el cumplimiento del alto el fuego entre la población, además de colaborar en la reconstrucción de infraestructuras dañadas por la guerra.

Allí estuvo en contacto permanente con la muerte. Su condición de conductor de vehículos le hacía apoyar a las unidades médicas que recogían a los heridos o levantaban los cadáveres que la guerra iba dejando.

Bretón comprobó de primera mano el horror de la guerra y las consecuencias de la sinrazón del ser humano, lo que pudo influir en su carácter y personalidad, aún en formación.

En el ejército ya daba muestras de ese carácter especial. De hecho según cuenta un compañero de destino, era incluso capaz de levantar a un sargento de la mesa porque "no le gustaban los ruidos con la boca al comer". Sus manías salían a la luz y su escrupulosidad eran más que evidente.

Al regresar a Córdoba hizo vida normal con sus padres y sus dos hermanos y conoció a una chica con la que entabló una relación que acabó poco después. El fracaso sentimental, después de que la chica le dejara, trastocó la personalidad de Bretón, que intentó suicidarse con la ingesta de potentes somníferos.

Un episodio traumático que ocultó a Ruth Ortiz cuando la conoció años después y durante todo el tiempo que duró su matrimonio tras casarse en 2002.

Los primeros años de convivencia fueron "normales", según Ruth Ortiz. José Bretón tenía sus "manías" que no le parecían extrañas. Poco a poco esas manías se iban acentuando. No tocaba los pomos de las puertas, era imposible que se sentara en los asientos de los autobuses y hacía a los amigos lavarse las manos cuando llegaban a sus casa.

Una personalidad que terminó de configurarse con el nacimiento de sus hijos. Ruth Ortiz reconoce que fue ella la que dio el paso para tener los niños y que Bretón era reacio a ello hasta el punto de decirle que sería ella la que se encargaría de su cuidado.

La escrupulosidad y meticulosidad de sus actos los trasladó de inmediato a sus hijos. Pulcro en la limpieza, una extrema preocupación por las comidas de sus hijos y pocos gestos de cariño hacia ellos es lo que más destacan los encargados de la guardería a la que iban los pequeños en Huelva.

Poco antes, la familia Ortiz-Bretón dejó Córdoba ya que Ruth prefería estar con su familia en Huelva. Al poco de llegar a tierras onubenses, José Bretón perdió su empleo y su única dedicación era las labores de su casa.

Quizás poca cosa para un hombre que tenía "rasgos" machistas, según su exmujer, y que veía como su día a día se centraba en el cuidado de su familia, ya que no tenía amigos en Huelva.

Él quería regresar a Córdoba, pero el trabajo de Ruth en Huelva impedía el traslado de la familia.

La relación era ya "plana", según Bretón, y las "constantes humillaciones" hicieron que Ruth no aguantase más y propusiera a su entonces marido la separación.

Desde entonces, Bretón, que ya había pasado por un fracaso sentimental, intentó recuperar sin éxito la relación, lo que, según el jurado, motivó que ideara el macabro plan de asesinar a su hijos que culminó el 8 de octubre de 2011 en la finca de "Las Quemadillas". Mirá el informe de TV Española.

 

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