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Triple homicidio de El Pinar: "Es un monstruo", dijo la suegra

Antes de morir, la tercera víctima calificó así a quien mató a su hija y a su nieto de 14 meses. La codicia y la falta de amor por el niño como móviles del hecho.

 

El juez penal de la Costa, Juvenal Javier, procesó con prisión al hombre que en la noche de este domingo asesinó a su esposa, a su hijo de 14 meses y a su suegra.

Por la muerte de su esposa y su hijo el magistrado le tipificó homicidio especialmente agravado, y por la muerte de su suegra, homicidio muy especialmente agravado. En este último caso la especial gravedad se da porque con el homicidio de su suegra intentó cubrir los otros dos asesinatos. El auto de procesamiento con los detalles de la confesión del triple asesino JLDCP, de 44 años, se conocerá este martes. 

En lo que va de 2012 ya hubo 19 muertes por casos de violencia doméstica. Mirá la nota aquí.

El matrimonio que conformaba con A.P., una cirujana de 39 años, estaba en problemas desde hace tiempo. Según él estaban separados desde hace cuatro meses. Según denunció la víctima a la Policía antes del crimen, vivían en la misma casa pero sin estar juntos desde hacía un año y medio.

La familia de ella estaba radicada en El Pinar desde hacía mucho tiempo, y posee varias propiedades en la zona.

La víctima pensaba que, al estar cerca de sus padres, estaba protegida. Y luchaba por salir adelante ya sin su esposo. Además de trabajar como médica en varias instituciones, recientemente había inaugurado un SPA en la misma zona donde vivía.

El domingo, la tensión en el matrimonio llegó a su clímax. El marido solicitó dinero que había puesto en la construcción de la casa como una condición para irse. La discusión subió de tono. Reclamaba 50.000 dólares. La casa estaba tasada en medio millón de dólares y él -según la familia- no había invertido nada.

Como en casi todos los casos de violencia doméstica, había denuncias anteriores ante la seccional 27° de Canelones. Los problemas de pareja habían comenzado cuando ella quedó embarazada. Él no quería tener hijos, según cuenta una crónica de Últimas Noticias.

En la última denuncia, que ocurrió el domingo a mediodía después de la discusión, la mujer le dijo a los agentes que ella confiaba en resolver los problemas sin intervención policial. Sin embargo, contó que temía que su marido se suicidara. No explicó por qué. 

El hombre, que era propietario de taxis, vivía en la parte de abajo de la casa de dos pisos que habían construido años atrás. Ella y su hijo vivían arriba. Durante todo ese tiempo, nunca se ocupo del menor, según testimonios de familiares.

Sobre las 20,30 horas, la pareja tuvo una segunda pelea. La mujer estaba decidida a mudarse con sus padres y fue a buscar ropa. 

Allí se encontró con su marido. En medio de la discusión llamó a su madre. Según el diario El Observador, la suegra se dio cuenta que las cosas se habían pasado de la raya y decidió ir a la casa. Su marido, que estaba mirando la TV, preguntó que estaba pasando, pero su esposa decidió dejarlo afuera del tema.

El victimario estaba más molesto todavía por la nueva denuncia policial. Tomó un cuchillo y le dio trece puñaladas a quien era su esposa. Al bebé le dio tres cuchilladas.

Para entonces, su suegra estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado. El agresor se lanzó sobre ella y le asestó seis puñaladas.

Eran las 22.30 horas. Un familiar de las víctimas llamó al 911 pero era demasiado tarde. El triple homicidio se había consumado.

El asesino apareció en la mañana del lunes aterido de frío en unos médanos cercanos.

El juez Javier quedó sorprendido por la falta de arrepentimiento del hombre. Dijo abiertamente que nunca quiso al niño.

El abuelo del menor no tenía consuelo. Su esposa murió sin que él se enterara de la que sería su última misión. En la tragedia había perdido a tres seres queridos. 

En nota con El Observador, se mostró devastado. Él le había presentado a su hija a quien terminó siendo su asesino.

Era su cliente en el estudio contable de su propiedad.

"Al principio era todo bandejas servidas porque nosotros poníamos la plata", recuerda el abuelo sobre los primeros tiempos de noviazgo de su hija y el homicida. "Él es de guita también pero no larga ni un mango".

El hombre no escuchó los gritos de su esposa, que ya estaba en el suelo desangrándose. 

Uno de sus hijos, que también vive en la cuadra, sí escuchó y acudió al llamado.

Se encontró con el dantesco escenario. Su madre sentada en una silla, todavía consciente. Un poco más allá su hermana muerta y su sobrino en el suelo.

"Salvá a tu hermana, yo estoy bien", le dijo la madre, ya agonizante. "Es un monstruo", repitió varias veces. La última vez lo dijo cuando la camioneta corría por avenida Italia rumbo a la Asociación Española. 

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