Suárez hubiera querido estudiar para poder ser ejemplo para sus hijos

El crack uruguayo contó a la prensa española cómo su carácter se forjó desde que tuvo que salir a pedir limosna a la calle.

El delantero uruguayo del Barcelona, Luis Suárez, dijo que en su casa es "bizcochón", pese a la fama que tiene como futbolista rebelde que grita y protesta por todo.

"Soy el típico que en la cancha grito y protesto todo pero luego en casa soy bizcochón. Soy consciente de que muchas cosas me han pasado por guardarme todo", señaló.

En una de las pocas notas que concede para hablar de su vida, Suárez contó estando en Groningen, Holanda, visitó a su entonces novia Sofia Balbi, quien residía en Barcelona con sus padres.

Ese día, dijo Suárez, visitaron el Camp Nou y se colaron en el museo del equipo culé.

Sofía Balbi partió con sus padres a Barcelona cuando Suárez era un juvenil en Nacional.

A los 19 años fue contratado por Groningen, y luego por Ajax, equipo con el que salió campeón y fue capitán, antes de desembarcar en Liverpool.

Barcelona fue para el goleador uruguayo un sueño y una obsesión.

"La ciudad que nos separó en su momento fue Barcelona y es la ciudad en la que deseamos estar juntos y en la que estamos más felices, que nos está dando muchas alegrías. Mi primera hija nació acá en 2010. Así que imagina las ganas que tenía uno de estar acá después de viajes, idas y vueltas y todo lo que tuvimos desde chicos, haciendo muchos esfuerzos, yéndonos a vivir con 19 años yo y ella con 16 a una ciudad como Groningen".

Suárez ahora conduce un auto de alta gama y es uno de los jugadores más caros del mundo.

Sin embargo, durante su infancia fue ciudacoches.

Tenía 9 años cuando su padre -soldado en Salto- los abandonó a él y a sus cinco hermanos.

Cuando deja su coche en un estacionamiento se acuerda de aquella niñez.

"Siempre recuerdo y valoro. Yo era un niño cuando hacía eso y sé lo que se valora que alguien te deje 3, 4, 5 euros porque sé que lo necesitan. Mientras sea como me pasaba a mí, que era para comer y para sacar la familia adelante lo valoran mucho".

También estos hechos forjaron su carácter. "Dentro de la cancha el mérito siempre fue el mismo, el de no bajar los brazos. No dar ninguna pelota por perdida. Calentarme cuando perdía, porque cada partido lo vivía de una forma diferente. Cuando era chico no era para nada técnico, sí hacía goles como cualquier delantero pero no era nada técnico, no le pegaba bien de pierna izquierda, luego vas aprendiendo y mejorando. La gente que dice que de chico ya era bueno, miente".

 

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