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Curas colombianos habían contratado a sus propios asesinos

Según la Justicia pagaron para que los mataran pues no querían que la comunidad supiera que se habían contagiado de VIH. El caso que conmovió a Bogotá.

 

El secreto que pretendían llevarse a la tumba, terminó saliendo a la luz cuando se cumplió un año de la trágica muerte de los dos curas colombianos, asesinados a balazos dentro de un auto en enero del año pasado.

La investigación judicial que se difundió ayer, permitió determinar que los sacerdotes habían contratado a sus propios asesinos y para terminar con sus vidas les pagaron 9.000 dólares.Rafael Reátiga de 36 años y Richard Piffano de 37 eran los párrocos de las iglesias Jesucristo Nuestra Paz y San Juan de la Cruz, ubicadas en una zona muy humilde al sur de Bogotá.

Si bien en un primer momento se creyó que fueron asesinados con el motivo del robo, ayer la fiscalía reveló los detalles del caso que nada tienen que ver con la hipótesis inicial.

Ambos habían contratado a sus sicarios y minutos antes de la ejecución terminaron de cumplir con el pago. Los mismos asesinos revelaron que les habían encomendado este trabajo pues ellos habían intentado suicidarse pero no lo habían logrado.

Según la prensa internacional, pretendían evitar que la comunidad advirtiera que se habían contagiado de VIH.La familia rechaza la versión judicial del asesinato por pedido.

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