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Ahymara Espinoza, una "guerrera" del atletismo que luchó contra todo por Tokio-2020

"Eres digna, una guerrera, una campeona. Venezuela está orgullosa de tenerte", le escribió Yulimar Rojas en Twitter.

"Eres digna, una guerrera, una campeona. Venezuela está orgullosa de tenerte", le escribió Yulimar Rojas en Twitter.

La venezolana Aymara Espinoza estaba feliz cuando el viernes dejó el Estadio Olímpico de Tokio tras haber competido en el lanzamiento de bala femenino de los Juegos Olímpicos, una meta que alcanzó sin dinero para financiar una preparación adecuada e incluso sin entrenador, alistándose sola en un viejo estadio de béisbol en Barlovento, el empobrecido pueblo costero donde nació, entre maleza.

"Estoy feliz, contenta, emocionada por el hecho de estar aquí a pesar de las dificultades. Trabajé 100%, dejé el alma aquí, lamentablemente no pudimos llegar a la final, pero me siento ganadora por el hecho de estar aquí y representar a mi país", dijo Espinoza, con una voz llena de alegría, en zona mixta.

Muchos atletas como ella fueron víctimas de la durísima crisis económica de Venezuela en un ciclo olímpico en el que boxeadores y equipos nacionales de voleibol, sóftbol y esgrima dieron forfait en competencias internacionales. La aglomeración de los pocos recursos disponibles en arcas del gobierno central, provocando un embudo, ha complicado la situación, dejando a numerosas federaciones con los bolsillos vacíos.

Hasta un excampeón olímpico como el esgrimista Rubén Limardo debió trabajar como repartidor de comida en bicicleta por unos meses en Polonia, donde vive y entrena desde hace años, en el camino hacia Tokio-2020.

El mejor lanzamiento de Espinoza, 17,77 metros, fue insuficiente para que se metiera entre las finalistas.

"Sentí una emoción que me llenó, me animó y me dio ganas. No se pudo, pero me siento contenta y satisfecha con mi actuación", expresó, a pesar de ello, esta corpulenta deportista de 36 años.

Espinoza compitió a la vez que lo hacía la gran esperanza olímpica de Venezuela, Yulimar Rojas, gran favorita a la medalla de oro en el salto triple femenino.

Rojas avanzó a la final de la especialidad sin mayores problemas, con una marca de 14,77 metros en su primer intento.

"Me tocó compartir con Yuli. Nos dimos ánimo, nos desamos los mejores éxitos (...). Me dio su palabra de aliento, de motivación y yo la recibí con todo cariño", contó la lanzadora de bala, quien incluso llegó a pensar en dejar el atletismo al sentirse abandonada.

"Me toca ser entrenadora, ser gestora, ser planificadora, ser utilera, ser psicóloga(...), pero aquí estoy", decía a la AFP en una entrevista antes de conseguir su cupo olímpico.

Sin embargo, siguió adelante... y valió la pena.

Espinoza vive en Barlovento en la casa de su madre de 72 años, Victoria, en un patio en el que crecen matas de frutas tropicales como mangos, papayas o guanábanas. Allí, sin ayuda de nadie, levanta más de 200 kilos haciendo sentadillas para mantenerse en forma.

No es por nada que alguien como Yulimar Rojas terminó rindiéndose ante sus deseos de ser olímpica.

Y aunque la situación económica no promete mejorar a corto plazo, Espinoza aún no se rinde. "El año que viene hay un Mundial y ese es mi objetivo: trabajar para el Mundial", adelantó nada más terminar su participación en Tokio-2020.

erc/dr

FUENTE: AFP

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