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Tercer anillo del infierno
Peñarol e Independiente hicieron un primer tiempo indigno de la historia que acarrean. Las hinchadas vivieron con ansiedad el retorno de los dos equipos con más Copas Libertadores de los que participan en esta edición 52, pero el marco superó ampliamente el espectáculo que se vio en cancha.
El conjunto argentino paró un 4-3-2-1 con mucha rotación en ofensiva y apostando a la velocidad de sus diminutos y endemoniados enganches. Tanto Patricio Rodríguez como Matías Defederico buscaron las espaldas de Nicolás Domingo y Nicolás Freitas, y encontraron espacio para encarar a la defensa por el medio pero no estuvieron finos en la culminación.
Leandro Gracián se tiró por el sector izquierdo para combinarse con Defederico y lo complicaron a Matías Corujo, más aun cuando Maximiliano Velázquez trepó por su sector en posición de lateral izquierdo sin que Luis Aguiar bajara con él. Tampoco lo hizo Jonathan Urretaviscaya cuando Diego Aguirre los cambió de punta.
El local tenía la pelota pero no lastimaba. Peñarol empezó a hacer pie en el mediocampo pero se limitaba a eso, ya que no tuvo salida y los atacantes no retuvieron la pelota. El aurinegro cerró los caminos al rojo con un gran trabajo de Freitas en la recuperación, raspando mucho pero esta vez, dentro del reglamento.
Quien trasgredió el reglamento fue Leonel Galeano, el central de la sub 20 argentina que le pegó un codazo a Jonathan Urretaviscaya a más de 40 metros de su arco y contra la línea lateral. La infracción era merecedora de tarjeta roja, pero el árbitro brasileño Salvio Fagundes le mostró la amarilla al igual que a Carlos Valdez, quien fue a copar la parada.
Minutos después fue el Hormiga quien se salvó de la expulsión. El zaguero bajó a Patito Rodríguez y el juez llevó su mano al bolsillo como para amonestarlo, pero se arrepintió y dejó al carbonero con 11 jugadores en el cierre de un primer tiempo que, de haber tenido un buen arbitraje, hubiera terminado con 10 de cada lado.
Ni lerdo ni perezoso, Aguirre sacó a Valdez de cara a la segunda mitad y mandó a la cancha a Alejandro González. El equipo sintió la salida de Valdez y fue un tembladeral de allí en más.
Segundo tiempo: alerta roja
En el complemento, el local pasó a línea de tres en el fondo, adelantó a Eduardo Tuzzio al mediocampo y soltó a Gracián. Justamente el Tano fue artífice de la jugada del primer gol, que arrancó en Cristian Pellerano, pasó por él, fue a Facundo Parra y luego a Rodríguez. Todo a un toque. Demasiado rápido para un Peñarol que miró la jugada y una buena definición de Parra anticipando a todos para el 1-0.
En esos primeros 10 minutos el rojo arrolló al carbonero y lo metió contra su arco. La respuesta mirasol fue tímida, con apenas una jugada de gol en toda la segunda mitad cuando Urretaviscaya desbordó por derecha y el disparo de Aguiar lo tapó Hilario Navarro.
Juan Manuel Olivera miraba el partido a kilómetros de donde se daba la acción, Pacheco perdía infinidad de balones y Aguiar tampoco aportaba. Aguirre probó con Alejandro Martinuccio en lugar de Olivera, pero al argentino tampoco le llegó la pelota. A ninguno de los dos se los puede juzgar, ya que estuvieron aislados en un equipo que se partió en el complemento.
Peñarol siguió encasillado en el rol defensivo que se autoimpuso en el primer tiempo y nunca más ofendió. A su frente, un Independiente inspirado que con el correr de los minutos se fue sintiendo cada vez más cómodo, movió la pelota para que el "ole, ole" bajara de la tribuna, y sentenció el pleito a 20 minutos del final con un zapatazo de afuera del área de Pellerano.
Luego hubo tiempo para el tercero, de Andrés Silvera, quien ya había quedado con el grito atragantado minutos antes cuando Corujo sacó una pelota que iba a entrar. Fue el tercer tanto del diablo, cuya actuación en el complemento coincidió con el título del tercer anillo del infierno de Dante: soberbio.
El aurinegro deberá mejorar mucho, muchísimo, de cara al choque del próximo martes ante Godoy Cruz en Mendoza
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