"Harvard" versus "La Camporita", los bandos que debe domar Tabaré

Pese a la condena a los perfilismos entre astoristas y mujiquistas, las discrepancias macroeconómicas reafirman una puja ante un eventual tercer gobierno de izquierda

22 de febrero de 2013, 10:27hs

 

El expresidente de la República Tabaré Vázquez lo advirtió el 5 de febrero en el acto de los 42 años del Frente Amplio: “quien quiera hacer un showmediático que vea a Tinelli o escuche a Dolina”. Conocedor de las tensiones internas, Vázquez tenía claro que pronto las mismas se harían evidentes. Los tiempos preelectorales ya comienzan a pasarle factura al gobierno.

Astori y Mujica, los dos hombres que fueron el yin y el yang de la Administración Vázquez, se aseguraron la continuidad armando un pacto de delicados equilibrios que se fue desgastando con el paso del tiempo. Al triunfar en la interna, Mujica se comprometió a otorgar al derrotado Astori el manejo de la política económica. Incluso prometió que Astori no sería “un vicepresidente más”, sino que iba a encargarse de las giras por el mundo, mientras que él se iba a reservar los viajes por la región.La revocación del Impuesto a la Concentración de Inmuebles Rurales (ICIR) fue el detonante de tensiones que se venían acallando. Algunas de ellas provocaron reuniones de cúpula en las que Astori y los suyos pusieron cargos a disposición.

Los temas fueron varios, entre ellos el apoyo de Mujica al ingreso de Venezuela al Mercosur, la destitución inconsulta del ministro Héctor Lescano y otros jerarcas (Astori estaba en Estados Unidos), y la creación de una unidad de contralor de inversiones dentro de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Vázquez tiene sobradas razones para mediar en el conflicto: sabe que su redentora aparición en escena es un buen principio para su precandidatura presidencial, al mismo tiempo que es una evidencia de que sin él el Frente Amplio carece de “un discurso unificado”, según sus propias palabras.En su aparición pública, el exmandatario instó a la dirigencia a “seguir los caminos orgánicos” para marcar diferencias.Precisamente no han esos los caminos que vienen siguiendo ambos bandos enfrentados a los que en la interna han bautizado con sendos nombres marcados por la ironía: por un lado “Harvard” -integrado por el ministro Lorenzo y todo el Frente Líber Seregni y sus aliados-, y por otro “La Camporita”, integrada por los economistas mujiquistas -Gabriel Frugoni, entre otros-, cuya denominación alude al influyente grupo de jóvenes que manejan ciertos sectores de la macroeconomía argentina al margen de la ingeniería política oficial.

El líder de este grupo de Axel Kiciloff, viceministro de Economía. Su otro cargo Secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo es el equivalente al que Frugoni tiene en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Mujica no sólo puso al frente de esta repartición con status de ministerio a un grupo de economistas de distinto perfil a los del astorismo, entre ellos Pedro Buonomo, quien se trasladó de la subsecretaría a la Torre Ejecutiva como asesor de Mujica, cansado de las discrepancias con su excompañero de estudios, Fernando Lorenzo.El “grupo Harvard” es otro sarcasmo que surge de una frase proferida por Mujica en 2006, en plena prevalencia del astorismo al frente de la macroeconomía. Un frustrado proyecto de refinanciación por las deudas del agro generado por el Movimiento de Participación Popular (MPP) provocó una típica reflexión del exjefe tupamaro: “Me ganó Harvard”.

Obviamente se refería a la otra concepción que coexistía e hizo más atractiva la oferta electoral del Frente Amplio.Después de muchos meses de negar las diferencias, Mujica admitió en 2012 que algunos dirigentes como él quieren “cambiar el capitalismo”, mientras hombres como Astori sólo “quieren mejorarlo”.En pleno enfrentamiento en el Consejo de Ministros, el ahora presidente lejos de amilanarse abrió las puertas a los dirigentes astoristas.

En la conferencia de prensa posterior, criticó los “perfilismos”, en obvia alusión al pase de facturas de los astoristas por el fracaso del ICIR.Para Mujica lo que antes significaba equilibrio político ahora comienza a ser un obstáculo, en especial desde que decidió él mismo que era hora de perfilar al gobierno más hacia la izquierda, en función de la alianza de hecho que se fue generando con el tiempo entre el MPP y el Partido Comunista.Mujica sabe que en el momento en que se plasmen las internas para 2014, tiene que haber una respuesta al astorismo. Esa respuesta es el grupo que se ha ido formando en su gobierno que mucho más allá de “la barra” tupamara y del MPP, en el que están el prosecretario de la Presidencia Diego Cánepa, Raúl Sendic y otras figuras de recambio promovidas por Mujica.

Entre esas personalidades que de a poco se van arrimando a su fogón político están los ministros Roberto Kreimerman (Industria, Energía y Minería) y Daniel Olesker (Desarrollo Social), dos figuras de segunda línea del Partido Socialista que llegaron a gabinete en su calidad de técnicos.

En ambos casos, Mujica les ha dado recursos y apoyo político, y ambos han manifestado públicamente lo cómodos que se encuentran dentro del gobierno.Dentro de Presidencia, se cree que Roberto Kreimerman podría ser un buen recambio para Fernando Lorenzo, en caso que éste decida dar un paso al costado, algo que está seriamente en duda.De hecho, en la reunión de anoche en el Frente Líber Seregni se decidió seguir en la Administración Mujica.Los problemas no terminarán allí. Los dirigentes astoristas saben que deberán atravesar otras turbulencias como el agitado cierre de Pluna, una factura política que -al igual que el ICIR- tendrá un correlato judicial.Claro, en este caso actuará la justicia penal y las consecuencias políticas podrían ser devastadoras si se constatan algunas de las irregularidades que están sobre la mesa.Astori ya sabe de estas situaciones. El “Caso Bengoa” tuvo durísimos efectos en la imagen pública del sector más prestigioso de la izquierda uruguaya.

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