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Enfermeros eran amigos; uno era el padrino de la hija del otro

La abogada de uno de los procesados afirmó que no solo se conocían, sino que eran amigos y compadres. De todos modos, asegura que no actuaban coordinados.

 

Inés Massiotti, abogada de Ariel Acevedo, uno de los enfermeros procesados este domingo, dijo que los dos hombres eran amigos. “A tal punto que mi cliente era el padrino de la niña del otro implicado”, afirmó la profesional. Pero, de todos modos, aclaró que no estaban coordinados para matar a sus víctimas.

En declaraciones a Radio Mitre de Argentina, la abogada dijo que este caso no es “una organización, ni una asociación criminal" y recalcó que ambos utilizaban métodos diferentes para cometer los crímenes.

Además, descartó que haya "un provecho económico" detrás de los casos.

En una nota publicada este lunes por el diario El País de Madrid, la abogada señala que su cliente “comenzó a creerse Dios”.

Estas son las declaraciones de Massiotti: “Hace un año Ariel empezó a ver que la gente sufría. Y motu proprio, erradamente, decidió cargar una jeringa de 20 centímetros cúbicos de aire y se las inyectaba en una vena a los pacientes. A los pocos minutos les causaba una embolia pulmonar que podía terminar en un paro cardiaco. A veces llegaba el médico de guardia y lograba devolverlos a la vida. Otras veces fallecían. El sábado le pusieron decenas de fotos de pacientes. Y fue diciendo a quiénes había matado. Esta sí, esta no, esta no… así hasta 11. Yo le dije: 'Vos te creíste Dios”. Él confesó todos los hechos y pidió perdón. Dijo: 'Sí, me creí Dios'. Contó que no sabe qué le pasó de un año para acá. Y entendió cuando lo detuvieron que él no era el dueño de las vidas de esas personas”.

Por su parte, algunos colegas de los enfermeros dijeron a la agencia de noticias AFP que uno de los procesados "era malo con los pacientes” y aseguró que varios desconfiaban de él. "Sin dudas su conducta dejaba mucho que desear, era malo con los pacientes y la verdad es que no sólo yo, varios desconfiábamos de él", confesó entre sollozos la mujer que agregó: "No merece llamarse humano alguien capaz de algo así".

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